Diego bajó a la calle. Llamó rápidamente a Fran y Pedro por el móvil. Necesitaba saber que sucedía. Gineon no estaba y había olvidado todo temporalmente. Pensó en Sakura. Incluso la había a ella. Pensó que ella estaría triste, porque no la recordaba.
Pedro y Fran llegaron lo más rápido posible.
-¿Pasa algo? - preguntó Fran.
-¿Dónde esta Gineon?
-¿Qué? - preguntó Pedro.
-He dicho que donde está Gineon.
-Así que has recuperado la memoria - dijo Fran - Entonces lo mejor será que te pongamos al día de los acontecimientos.
Salieron hacia el Centro. Durante el camino, Pedro y Fran le relataron lo que ocurrió desde que Gineon se fue.
-Gineon se fue para protegerte Diego. Los ángeles hubieran venido a buscaros a los dos. No hubiera soportado que te hubieran dañado - dijo Sakura, apareciendo de repente.
-Pero nos habríamos defendido. Gineon no me puede abandonar de esta manera. No sin habermelo dicho antes. Se hubiera parado a hablar conmigo y hubieramos buscado una solución entre los dos.
-No sé si hubieráis podido hacer gran cosa - especuló Pedro - Los de arriba son fuertes, más fuertes que yo, y te tumbarían en cuestión de segundos.
-¿Tan fuertes son? - preguntó Sakura.
-No os lo podríais imaginar.
-Da igual. No puedo permitir que se lleven a Gineon por las buenas.
-¿Serías capaz de hacer algo en tu estado? - preguntó Pedro - Te recuerdo que Gineon ha abandonado tu cuerpo. Ya no tienes sus poderes y habilidades.
-Entonces... ¿pretendes queme quede quieto mientras juzgan a Gineon de manera injusta?
-Diego, te lo ruego. No hagas ninguna locura - dijo Sakura.
-Pero no puedo. Es que simplemente no soy capaz de quedarme parado mientras condenan a un amigo por algo que no hizo. Fui yo el que accedió a que unieramos fuerzas. Es a mi a quien tienen que juzgar.
-No digas eso. Si te pasara algo, no sería capaz de aguantar - añadió Sakura.
-¡¡¡MALDITA SEA!!! ¡Todo es por mi culpa! ¡Tendría que haberlo sabido!
-Basta por favor - dijo Sakura.
Diego salió corriendo hacia su casa. Las lágrimas atravesaban su cara. Sería el momento más triste de su vida. A lo lejos, Fran y Pedro miraban hacia la dirección en que salió Diego con expresión melancólica. Sakura se echó a llorar. Pensaba que era una insensible por no apoyar a Diego en este momento tan duro para él. Pero no era capaz de animarlo para que actuara; no quería que Diego saliese herido de gravedad o peor aún, muerto. Si eso ocurriera, entraría en una profenuda depresión.
Diego llegó a su casa agotado. Ya no lo quedaban fuerzas para continuar.
Se recostó en su cama, abatido. No era capaz de hacer nada por su amigo. Se durmió pensando en todo esto.
Un sueño vino a su cabeza en medio de todo este tormento. Veía el centro de Sevilla. Un brillo blanco se asomaba por la calle Sierpes. Ese brillo provenía de una especie de puerta. Allí se encontraba Gineon junto a dos ángeles más. A uno parecía haberlo visto en alguna estatua de alguna iglesia. Gineon se encontraba encadenado por las manos. Iba con una expresión de vacío en su cara.
Diego se levantó sobresaltado. Cuando observó el reloj, era bien entrada la noche, eran las 2 de la madrugada. Se vistio con el chandal y botines negros. Estaba decidido. No iba a dejar que se lo llevaran. Al ver en su sueño la expresión del ángel vio que no quería irse en absoluto. Habían entablado una gran relación de amistad. Durante las últimas semanas habían compartido sus pensamientos más profundos. Todas las batallas ganadas, las risas, los entrenamientos, el no sentirse solo... todo se iba a perder. Él no iba a permitir que eso ocurriera. Todavía no sabía como pero ayudaría a Gineon.
Se levantó y salió cuidadosamente de casa. Echó una rápida mirada a la habitación de sus padres y luego a la de sus hermanos. Se quedó unos segundos pensando en el umbral de su casa, hasta que se decidió a salir.
Al bajar a la calle comenzó a correr hacia el centro. No estaba cansando en absoluto debido a la influencia de Gineon en su resistencia en las últimas semanas.
Diego llegó a la calle Sierpes a las 3 de la madrugada y comenzó a ver un extraño brillo. Suponía que se acercaba a la puerta que vio en su sueño. La calle estaba desierta, solo estaba una brisa fría, que no le incomodaba.
Al llegar al final de la calle, el brillo era mucho más intenso pero vio unas gotas de sangre en el suelo. Diego empalideció en ese instante aunque mantenía la esperanza de encontrar a su amigo vivo.
Llegó a Plaza Nueva. Ahí estaba la puerta, y Gineon encadenado por las manos. A su lado había otro ángel. Y al lado de la puerta, con expresión seria, otro ángel más, cuya imagen había visto Diego en alguna iglesia. Todavía no sabía de que le sonaba.
Se internó en el lugar, pero antes encontró a Nerayoury tirado en el suelo, con una herida en el costado.
-Diego...
-Cuidado. Espera un momento - dijo Diego, que cogió un trapo grande y se lo puso al chico-lobo a modo de venda - Con eso pararemos la hemorragia. Menos mal que lo traje conmigo.
-¿Quién eres tú? - preguntó el ángel que se encontraba al lado de Gineon.
-Me llamo Diego. He venido para que no juzguéis a Gineon sin que yo hable.
-Con que eres tú el débil humano con que se había aliado este. No eres gran cosa.
Duego se quiso lanzar contra él pero recordó que estaba incapacitado sin sus poderes.
-Elimínale, Gamel - ordenó el ángel que se encontraba serio.
Gamel sacó su espada y se lanzó contra Diego. Saltó y esquivó el ataque. Se sorprendó por el salto, debido a que no tenía poderes.
Dieg esquivó otro ataque más.
-¡Es imposible! ¡Ya no puedes tener poderes!
-"Os dije que él tenía potencial" - pensó Gineon.
-¡Juro que te liberaré amigo! ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas provenientes del suelo se dirigieron hacia Gamel. Tanto Diego como su rival no daban crédito a lo que ocurría. Diego atacó con normalidad, como si Gineon estuviera todavía dentro de él.
-¡No creas que me vencerás! ¡CORTE SAGRADO!
El ángel extendió su espada. Una onda de choque salió de ella y pulverizó las rocas.
-Aguantaré ese ataque. ¡RUPTURA DE TIERRA!
Diego paró el ataque pero su mano resultó gravemente herida. Ya no la podría usar más en este combate.
-¡Ja! ¿Has visto que no tienes nada que hacer?
-Gineon... No te abandonaré amigo. ¡La esencia sagrada que reside en todas las cosas está conmigo!
La energía sagrada se reunió alrededor de Diego como nunca antes lo había hecho. Ondas expansivas desequilibraron a Gamel, a quien Diego miraba con una mirada llena de odio.
-¡LA TIERRA V2!
Diego golpeó al suelo con la mano derecha dejando salir la energía sagrada reunida. El ataque avanzaba con una violencia inimaginable.
-¡CORTE SAGRADO!
Ambos ataques colisionaron. Gamel consiguió apartarse antes de la colisión. Diego ya estaba al límite de sus fuerzas.
-¿Cómo tienes ese poder?
-Esto está durando demasiado. Gamel, retírate. Yo someteré a este humano.
-¿Quién lo dice? - preguntó Diego, gritando.
-¿Cómo osas dirigirte así a nuestro capitán, el poderoso arcangel Miguel?
-Arcangel Miguel... - dijo Diego - Por eso le sonaba tanto su imagen. ¡Era aquel que envió al Diablo al Infierno! - Aunque seas el legendario Arcángel Miguel, no puedo permitir que te lleves a Gineon de esa forma.
Fue entonces cuando Miguel estaba justo detrás suya, envainando su espada. Diego cayó desplomado con una gran herida en su costado.
-Maldito...
-¡Estúpido humano! Déjame ir. No le hables de esa manera a nuestro capitán - dijo Gineon.
-Gineon... pero...
-Pero nada. Y no me trates de esa menra tan familiar.
Comezó a llover. La sangre emanaba en gran cantidad de la herida. Y además Gineon le hablaba de esa forma.
-Lárgate ahora que puedes imbécil. ¡Fuera de aquí! - gritó Gineon casi llorando - "Diego por favor, no quiero que mueras"
-Es obvio. El chicó morirá en unos minutos. Tiene suerte de seguir vivo - señaló Miguel - Vámonos, Gamel.
Entonces los tres comenzaron a avanzar hacia la puerta de luz. Diego los siguió con la vista, hasta que se le nubló, perdió el conocimiento y finalmente cayó.
Seguía lloviendo, ahora de manera torrencial.
*HE DECIDIDO QUE ESTA SAGA CONTENGA 3 CAPÍTULOS MÁS. UN GIRO DE LOS ACONTECIMIENTOS DARÁ A DIEGO UNA OPORTUNIDAD...*
martes, 14 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
CAPÍTULO 13: UNA DOLOROSA SEPARACIÓN
Era un Sábado a las 4 de la madrugada. Diego estaba durmiendo después de ese maravilloso día que no olvidaría fácilmente.
A Gineon le pasaba todo lo contrario.
Gineon se sentó en una silla. Miaraba hacia la Luna y las estrellas. Se sentía intranquilo, algo le preocupaba. Pensó en despertar a Diego para hablar con él y así se le iría la inquietud.
-"Mi tiempo aquí acaba. Pero no quiero marcharme".
Gineon seguía contemplando la oscuridad de la noche. De pronto, se quedó quieto. Escuchó una voz en su interior que le estaba hablando. Esa voz se escuchaba severa y rígida, pero transmitía cierta sensación de armonía.
-"Tu tiempo en la Tierra acaba. Mañana por la noche te presentarás en la Puerta Espiritual, en el centro de la ciudad donde te encuentras."
-"¿Ya tengo que irme?"
-"¿Qué pasa? ¿Has amigos en la Tierra o qué?"
-"Esto..."
-"Ya lo veo. Estás unido a un cuerpo humano. Has quebrantado nuestras normas y mereces un castigo."
-"Pero, ¿por qué?"
-"Porque no puede ser. No puedes poner en peligro nuestra existencia y además involucrar a un humano, y tan joven, en tu tarea."
-¡Él aceptó voluntariamente! ¡Y tiene potencial!"
-"Eso no lo aceptaré. Serás castigado por tu rebeldía. Mañana debes presentarte ante mí en la Puerta."
-"¡No! ¿Iré solo para ser juzgado? ¿Y qué pasará con el chico?"
-"El humano... no recordará nada."
Una luz emergió del interior de Gineon y se posó sobre Diego. El ángel fue sacado a la fuerza del chico mientras este seguía durmiendo. Diego comenzó a olvidarlo todo: los combates, sus poderes, sus nuevos amigos... También iba a olvidarla a ella, a Sakura. Y Diego no se daba cuenta de eso. Todos los recuerdos que tenía Diego de las últimas semanas referentes a Gineon quedarían en el olvido, sin que nadie lo pudiera remediar.
Gineon salió volando por la ventana de la habitación de Diego.
-"Adiós, amigo mío. Estos recuerdos nunca morirán para mí... aunque por desgracia pata ti sí. Con todo lo que hemos pasado: los duros combates, tu amor por Sakura... todo eso lo olvidarás. Siempre te recordaré."
El ángel salió llorando de la Barriada San Diego en dirección al parque Miraflores. Nunca más volverá a ver a Diego, y además lo iban a castigar de manera injusta. Aunque los recuerdos de su estancia en la Tierra no se los quita nadie. Sabía que si se quedaba pondría en peligro a Diego y no quería que eso ocurriera. Solo ese pensamiento le empujaba a irse.
Habrá sido quizás la noche más triste de su vida.
Diego se levantó ese día cerca del mediodía. Se sentía un poco fuera de lugar. Sentía que le faltaba algo, algo muy importante, aunque no sabía el que.
Se vistió y desayunó. Cuando llegó, sus amigos lo esperaban.
-Vengaaaa. ¿Estas que horas son de llegar? - preguntó Fran.
-Fallo mío. Me retrasé un poco - respondió Diego con cierta indiferencia.
-¿Te pasa algo? - preguntó Pedro.
-Siento como si me faltara algo.
-Suele pasar - añadió Fran.
¿Empezamos? - preguntó Pedro.
Los tres se fueron hacia la otra punta del parque. Comenzaron a correr. Llegaron a una zona del parque donde apenas había nadie, cerca de una gasolinera. Allí se dedicaron a entrenar Muay Thai. Después de dos horas y media practicando, cuando ya habían agotado suficiente energía, volvieron a sus casas.
En el momento en que se iban, Diego se giró hacia atrás y una imagen se le vino a la cabeza. Se vio a si mismo luchando contra una criatura un tanto extraña. Diego estaba golpeando a la bestia. Luego la imagen se hizo borrosa.
-¿Estás bien? - preguntó Pedro.
-Si. Será el cansancio. Vámonos ya.
Pasaron cerca de la casa perteneciente a finca de la Albarrana. A Diego se le vino otra imagen: se vio a si mismo junto con alguien, que tenía alas. Enfrente suya había otra criatura extraña. La imagen se volvió borrosa.
-¿Diego? - preguntó Fran.
-Sí. Vámonos.
Al llegar a la entrada principal, Diego se fue a su bloque. Todavía tenía esa extraña sensación y esas imágenes, ¿que podrían significar?
Pedro y Fran se pararon una vez que Diego se había ido.
-¿Y de verdad no recuerda nada? - preguntó Fran.
-Es cierto. Cuando se lo contemos a Sakura se quedará destrozada. Y ha pasado justo el día después de la declaración. Aunque esas paradas repentinas que hacía Diego... no sé.
-Quizás todavía recuerde algo. Gineon le habrá influido tanto que incluso ahora lo está tratando de recordar.
-Sea lo que sea es triste. M ehe enterado de que a Gineon se lo llevan hoy, y lo juzgarán. Y lo que es peor, el capitán de los ángeles no atiende a razones. Está convencido de que Gineon ha roto las reglas del Reino Espiritual al aliarse con un humano. Y nosotros no podemos hacer nada para remediarlo. No tenemos la fuerza suficiente para enfrentarnos a él.
-La que se nos viene encima. Los necesitábamos para aguantar los ataques de los demonios.
-Ya veremos lo que pasa.
Diego puso la lista de reproducción nada más llegar a su habitación. Se tumbó en la cama y se durmió.
Entonces tuvo un sueño extraño. Se vio a si mismo en chandal negro, con su mano derecha brillando. Enfrente habían más criaturas, como las que se les habían venido a la cabeza en aquellas imágenes que vio en el parque Miraflores con sus amigos. Junto a él vio a Pedro con unas extrañas vestiduras y un bastón de oro. Vio a Fran convertirse en una chica rubia con alas, que portaba una espada de doble filo. Vio a un chico que tenía un cierto aspecto salvaje, como un lobo o algo parecido. Vio un hechicero, con una túnica y capa negras. Justo a su lado había una chica, de pelo negro y que lanzaba rayos contra las criaturas. La chica y él mismo se lanzaban envueltos en una bola de energía contra esos seres.
Además escuchó una voz. Y vio a un ángel a su lado. Era como si estuvieran unidos en un solo ser. Diego no sabía que pasaba. Era como si estuviera viendo una película en su cabeza. Se veía a si mismo viendo toda esa pelea. Entonces fue directamente al Diego del sueño.
-¿Tú... eres yo? - preguntó Diego.
-Soy tú pero a la vez no.
-¿De verdad no nos recuerdas? - preguntó la chica.
-Siento una sensación extraña. Como si esto fuera real de verdad.
-Di que sí - dijo Fran.
-¿Qué es lo que te dice tu corazón? - preguntó Pedro.
-Que sí. Que esto ha pasado. Pero, ¿cuándo y por qué?
-Luchamos juntos. La nieve estuvo bastante bien. ¿No te acuerdas? - preguntó el chico-lobo.
-Te esperaré hasta que me reucerdes - dijo la chica.
Y se despertó. Diego no sabía muy bien lo que había pasado. ¿Qué significaban aquellas imágenes que vio en el parque? ¿Qué significaba ese sueño? ¿Por qué todos lo trataban de maera tan familiar? ¿Quién era esa chica? Y sobre todo... ¿de quién provenía esa voz?
Diego se levantó de la cama. Había dormido cerca de una hora. Fue a comer. Entonces se preguntó si aquellos sería real y lo que vivía ahora mismo fuera un sueño. Regresó a su habitación y encendió el ordenador. Al lado del ordenador encontró una pluma. Diego pensó que era de una paloma que había pasado cerca de su ventana y había soltado una pluma. Pero la pluma era de blanco puro. Cuando la tocó, se le vino a la cabeza la imagen del ángel que vio en su sueño. Y le habló.
-"¿Te unirías a mí para proteger a tus amigos?"
Diego apartó la pluma rápidamente y se quedó pensativo. Entonces de repente respondió.
-Me uniré a ti, Gineon.
Fue en ese momento cuando lo comprendió todo. Gineon no estaba, eso era lo que le faltaba. ¿Por qué no estaba? ¿Habría sucedido algo?
Diego salió a la calle y llamó a Pedro y Fran por el móvil para que le aclararan las ideas.
PRÓXIMO CAPÍTULO: ADIÓS GINEON.
*CON ESTOS DOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS ACABA LA PRIMERA TEMPORADA. TIEMPOS OSCUROS Y TRSITES ACECHARÁN A NUESTROS PROTAGONISTAS.*
A Gineon le pasaba todo lo contrario.
Gineon se sentó en una silla. Miaraba hacia la Luna y las estrellas. Se sentía intranquilo, algo le preocupaba. Pensó en despertar a Diego para hablar con él y así se le iría la inquietud.
-"Mi tiempo aquí acaba. Pero no quiero marcharme".
Gineon seguía contemplando la oscuridad de la noche. De pronto, se quedó quieto. Escuchó una voz en su interior que le estaba hablando. Esa voz se escuchaba severa y rígida, pero transmitía cierta sensación de armonía.
-"Tu tiempo en la Tierra acaba. Mañana por la noche te presentarás en la Puerta Espiritual, en el centro de la ciudad donde te encuentras."
-"¿Ya tengo que irme?"
-"¿Qué pasa? ¿Has amigos en la Tierra o qué?"
-"Esto..."
-"Ya lo veo. Estás unido a un cuerpo humano. Has quebrantado nuestras normas y mereces un castigo."
-"Pero, ¿por qué?"
-"Porque no puede ser. No puedes poner en peligro nuestra existencia y además involucrar a un humano, y tan joven, en tu tarea."
-¡Él aceptó voluntariamente! ¡Y tiene potencial!"
-"Eso no lo aceptaré. Serás castigado por tu rebeldía. Mañana debes presentarte ante mí en la Puerta."
-"¡No! ¿Iré solo para ser juzgado? ¿Y qué pasará con el chico?"
-"El humano... no recordará nada."
Una luz emergió del interior de Gineon y se posó sobre Diego. El ángel fue sacado a la fuerza del chico mientras este seguía durmiendo. Diego comenzó a olvidarlo todo: los combates, sus poderes, sus nuevos amigos... También iba a olvidarla a ella, a Sakura. Y Diego no se daba cuenta de eso. Todos los recuerdos que tenía Diego de las últimas semanas referentes a Gineon quedarían en el olvido, sin que nadie lo pudiera remediar.
Gineon salió volando por la ventana de la habitación de Diego.
-"Adiós, amigo mío. Estos recuerdos nunca morirán para mí... aunque por desgracia pata ti sí. Con todo lo que hemos pasado: los duros combates, tu amor por Sakura... todo eso lo olvidarás. Siempre te recordaré."
El ángel salió llorando de la Barriada San Diego en dirección al parque Miraflores. Nunca más volverá a ver a Diego, y además lo iban a castigar de manera injusta. Aunque los recuerdos de su estancia en la Tierra no se los quita nadie. Sabía que si se quedaba pondría en peligro a Diego y no quería que eso ocurriera. Solo ese pensamiento le empujaba a irse.
Habrá sido quizás la noche más triste de su vida.
Diego se levantó ese día cerca del mediodía. Se sentía un poco fuera de lugar. Sentía que le faltaba algo, algo muy importante, aunque no sabía el que.
Se vistió y desayunó. Cuando llegó, sus amigos lo esperaban.
-Vengaaaa. ¿Estas que horas son de llegar? - preguntó Fran.
-Fallo mío. Me retrasé un poco - respondió Diego con cierta indiferencia.
-¿Te pasa algo? - preguntó Pedro.
-Siento como si me faltara algo.
-Suele pasar - añadió Fran.
¿Empezamos? - preguntó Pedro.
Los tres se fueron hacia la otra punta del parque. Comenzaron a correr. Llegaron a una zona del parque donde apenas había nadie, cerca de una gasolinera. Allí se dedicaron a entrenar Muay Thai. Después de dos horas y media practicando, cuando ya habían agotado suficiente energía, volvieron a sus casas.
En el momento en que se iban, Diego se giró hacia atrás y una imagen se le vino a la cabeza. Se vio a si mismo luchando contra una criatura un tanto extraña. Diego estaba golpeando a la bestia. Luego la imagen se hizo borrosa.
-¿Estás bien? - preguntó Pedro.
-Si. Será el cansancio. Vámonos ya.
Pasaron cerca de la casa perteneciente a finca de la Albarrana. A Diego se le vino otra imagen: se vio a si mismo junto con alguien, que tenía alas. Enfrente suya había otra criatura extraña. La imagen se volvió borrosa.
-¿Diego? - preguntó Fran.
-Sí. Vámonos.
Al llegar a la entrada principal, Diego se fue a su bloque. Todavía tenía esa extraña sensación y esas imágenes, ¿que podrían significar?
Pedro y Fran se pararon una vez que Diego se había ido.
-¿Y de verdad no recuerda nada? - preguntó Fran.
-Es cierto. Cuando se lo contemos a Sakura se quedará destrozada. Y ha pasado justo el día después de la declaración. Aunque esas paradas repentinas que hacía Diego... no sé.
-Quizás todavía recuerde algo. Gineon le habrá influido tanto que incluso ahora lo está tratando de recordar.
-Sea lo que sea es triste. M ehe enterado de que a Gineon se lo llevan hoy, y lo juzgarán. Y lo que es peor, el capitán de los ángeles no atiende a razones. Está convencido de que Gineon ha roto las reglas del Reino Espiritual al aliarse con un humano. Y nosotros no podemos hacer nada para remediarlo. No tenemos la fuerza suficiente para enfrentarnos a él.
-La que se nos viene encima. Los necesitábamos para aguantar los ataques de los demonios.
-Ya veremos lo que pasa.
Diego puso la lista de reproducción nada más llegar a su habitación. Se tumbó en la cama y se durmió.
Entonces tuvo un sueño extraño. Se vio a si mismo en chandal negro, con su mano derecha brillando. Enfrente habían más criaturas, como las que se les habían venido a la cabeza en aquellas imágenes que vio en el parque Miraflores con sus amigos. Junto a él vio a Pedro con unas extrañas vestiduras y un bastón de oro. Vio a Fran convertirse en una chica rubia con alas, que portaba una espada de doble filo. Vio a un chico que tenía un cierto aspecto salvaje, como un lobo o algo parecido. Vio un hechicero, con una túnica y capa negras. Justo a su lado había una chica, de pelo negro y que lanzaba rayos contra las criaturas. La chica y él mismo se lanzaban envueltos en una bola de energía contra esos seres.
Además escuchó una voz. Y vio a un ángel a su lado. Era como si estuvieran unidos en un solo ser. Diego no sabía que pasaba. Era como si estuviera viendo una película en su cabeza. Se veía a si mismo viendo toda esa pelea. Entonces fue directamente al Diego del sueño.
-¿Tú... eres yo? - preguntó Diego.
-Soy tú pero a la vez no.
-¿De verdad no nos recuerdas? - preguntó la chica.
-Siento una sensación extraña. Como si esto fuera real de verdad.
-Di que sí - dijo Fran.
-¿Qué es lo que te dice tu corazón? - preguntó Pedro.
-Que sí. Que esto ha pasado. Pero, ¿cuándo y por qué?
-Luchamos juntos. La nieve estuvo bastante bien. ¿No te acuerdas? - preguntó el chico-lobo.
-Te esperaré hasta que me reucerdes - dijo la chica.
Y se despertó. Diego no sabía muy bien lo que había pasado. ¿Qué significaban aquellas imágenes que vio en el parque? ¿Qué significaba ese sueño? ¿Por qué todos lo trataban de maera tan familiar? ¿Quién era esa chica? Y sobre todo... ¿de quién provenía esa voz?
Diego se levantó de la cama. Había dormido cerca de una hora. Fue a comer. Entonces se preguntó si aquellos sería real y lo que vivía ahora mismo fuera un sueño. Regresó a su habitación y encendió el ordenador. Al lado del ordenador encontró una pluma. Diego pensó que era de una paloma que había pasado cerca de su ventana y había soltado una pluma. Pero la pluma era de blanco puro. Cuando la tocó, se le vino a la cabeza la imagen del ángel que vio en su sueño. Y le habló.
-"¿Te unirías a mí para proteger a tus amigos?"
Diego apartó la pluma rápidamente y se quedó pensativo. Entonces de repente respondió.
-Me uniré a ti, Gineon.
Fue en ese momento cuando lo comprendió todo. Gineon no estaba, eso era lo que le faltaba. ¿Por qué no estaba? ¿Habría sucedido algo?
Diego salió a la calle y llamó a Pedro y Fran por el móvil para que le aclararan las ideas.
PRÓXIMO CAPÍTULO: ADIÓS GINEON.
*CON ESTOS DOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS ACABA LA PRIMERA TEMPORADA. TIEMPOS OSCUROS Y TRSITES ACECHARÁN A NUESTROS PROTAGONISTAS.*
viernes, 3 de junio de 2011
CAPÍTULO 12: UNA DECLARACIÓN IMPOSIBLE
Diego acababa de volver de las montañas y había conocido al chico-lobo Nerayoury. Al volver a Sevilla para reunirse con sus amigos, solo estaba Skura.
-¡Vaya! ¡Por fin llegas! - dijo Sakura.
-¿Y los demás? - preguntó Diego.
-Ya llegarán.
Se dirigieron hacia la calle Torneo, y se fueron cerca del río mientras esperaban a que llegaran los demás. Diego se sentó en uno de los escalones. Sakura se sentó cerca de él.
-"Venga. Dile algo" - dijo Gineon.
-"No sé que decirle. Tengo un revoltijo de ideas ahora mismo."
-Lo que sea. Preguntale cómo se encuentra o algo así."
-"Vale, allá voy." Esto... Sakura...
-¿Si? ¿Ocurre algo?
-Nada...
Diego sentía varias sensaciones en ese momento: nerviosismo, frustración miedo... Estaba nervioso porque no sabía que decirle a Sakura. Se sentía frustrado por no ser capaz de expresarle sus sentimientos. Tenía miedo porque pensaba que ella podía rechazarle. Peor no se podía sentir. Era capaz de morirse ahí mismo si no encontraba alguna solución. Sabía que la única opción viable era decírselo. Pero no encontraba el valor necesario para hacerlo.
-"Vamos. Anímate."
-"Esto es imposible."
Diego seguía desanimado. Gineon ya le había dicho en algunas ocasiones que Sakura parecía sentir lo mismo por él. Pero aún así se sentía intranquilo. No quería que lo rechazaran. él ya había tirado la toalla con respecto a estos temas, aunque Gineon le hacía ver que no todo era negro, que podía salir bien.
Aunque Diego no los sospechaba, habían dos personas escondidas en los alrededores mirando la escena.
-¿Crees que lo conseguirá? - preguntó Pedro.
-Si no lo consigue, es para zurrarle. La cosa no puede ser más evidente. Ella también siente algo por él - dijo Fran.
-A ver si hay suerte - comentó Pedro.
-"No solo es suerte. Diego ha luchado contra demonios, ¿y no se atreve con esto? Patético..." - dijo Ahriel.
-Confiemos en que lo hará bien - concluyó Fran.
Mientras ellos seguían comentando, Diego seguía dándole vueltas al asunto. Sabía que no podía dejar escapar esa oportunidad. Si no lo decía en ese momento, no se perdonaría jamás.
-Si que tardan los demás ¿verdad? - dijo Sakura.
-Sí... A saber qué les ha pasado - contestó Diego casi temblando.
-¿Te ocurre algo?
-"Vamos. Diselo ya. Saca ese regalito." - pensó Gineon.
Ese regalito. Diego había comprado hace unos días un colgante en forma de corazón de color azúl y el centro verde. Pretendía dárselo a Sakura cuando se presentara la oportunidad.
Diego respiró hondo, metió la mano en el bolsillo y extrajo un pequeño paquete. Era el colgante.
-Esto... Oye, Sakura... Toma... Para tí.
-¿Para mí?
Sakura abrió el paquete y observó el colgante con cierta inquietud. La chica se emocionó al verlo y acto seguido se lo colgó al cuello. Se había quedado sin habla. Nadie le había hecho un regalo de esa manera. Sabía que no era un regalo de amigos. Sakura también tenía sus dudas con respecto a lo que iba a suceder. No se hacía a la idea de que alguien pudiera declararse a ella. Había entablado con Diego una relación de amistad, pero no tenía muchas esperanzas de que eso fuera más allá. Ahora se sentía feliz. Aunque también tenía algo de miedo de que solo fuera un regalo de pura amistad. Solo había una manera de de averiguarlo: preguntando directamente a Diego.
-¿Por qué me lo das a mí?
-Esto... Poque creo que a tí t podría quedar bien...
-Pero me refiero... ¿Por qué motivo me lo das a mí?
-Porque... porque... ¡Ah!
Sakura sin pensarlo dos veces se acercó a Diego y le abrazó. Diego se quedó petrificado Sin pararse a meditar contestó a la pregunta.
-Porque eres tú. A otra no se lo habría dado. Lo diré ya que si no me lamentaré eternamente.
-¿Decirme el qué?
-Decirte que te quiero. Agradezco el haberte conocido. Me cautivaste desde la primera vez que nos encontramos. No porque tengas poderes ni nada de eso. Sino por tu carácter a la hora de hablar conmigo.
-Yo siento lo mismo.
-"Enohorabuena campeón. Lo has conseguido." - pensó Gineon.
-"Gracias por tu apoyo, Gineon".
-"Para eso estoy. Para dar la vara".
A Diego le corrían las lágrimas de felicidad, de una dica inimaginable. Se acabaron las tensiones, las preocupaciones y las desgracias. El tiempo parecía que se había parado en ese momento. Solo existían ellos dos. Sakura también lloraba de felicidad. Atrás quedaba todo lo malo que tuvieran que soportar estos dos.
-Gracias por aparecer en mi vida. Si pudiera...
-Eso no importa ahora - dijo Sakura ponineod un dedo en los labios de Diego - Hay alguien que nos observa.
En efecto, vieron una sombra que se materializó y adquirió la forma de...
-¿Darsek? ¡Yo te destruí! - exclamó Gineon.
-Sí. Pero he vuelto para clamar venganza. Y no he venido solo.
-¿Os acordáis de mí? ¡Jajajajaja!
-¡Kersek! ¡Tú también!
-¡Maldito niñato! ¡Me las vas a pagar! - gruñó Kersek.
Ambos demonios recitaron algo en una extraña lengua. Los dos se unieron en un solo cuerpo, yse incrementó su tamaño y fuerza.
-¿Intervenimos? - preguntó Fran.
-No. Ellos deben superarlo por si mismos - respondió Pedro.
La gran bestia se erigió frente a ellos dos. Diego y Gineon ya habían luchado antes contra estos tipos, pero no se imaginaban el poder destructivo de ese nuevo ser.
-¡PATADA TORNADO!
-¡RUPTURA DE TIERRA!
Sakura y Diego se lanzaron contra el demonio. Sus ataques apenás le hicieron un par de arañazos.
-¡Jajajaja! ¡No nos podéis vencer! ¡Somos ahora un Demonio Mayor!
-No nos das miedo - afirmó Diego enarbolando se espada. La bestia lo apartó con la mano.
De pronto se levantó una tormenta. Un rayo cayó en dirección a la bestia. Sakura había lanzado esa descarga. Diego en ese momento comenzó a reunir a energía sagrada.
-¡Allá va! ¡LA TIERRA!
La corriente energética avanzó violentamente contra la criatura, y se desintegró. Las almas de Darsek y Kersek se consumían con la energía sagrada. Diego saltó y lanzó a Sakura en pleno vuelo.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - esclamó Sakura. De esta manera terminaban con ellos. Pero seguían todavía en pie.
Diego y Sakura cargaron contra los demonios. Se iluminaron en una gran bola de energía.
-"Vuestras energías se sincronizan. Utilizad este nuevo poder." - dijo Gineon.
-¿Lo intentamos? - preguntó Sakura.
-Eso no se pregunta. ¡GOLPE MEGATÓN!
Los dos avanzaron casi volando a una gran velocidad. La bola de energía originada por ellos crecía cada vez más. La gran masa de energía impactó contra sus oponentes. Y desaparecieron.
-Enhorabuena a los dos - dijo Fran riéndose junto a Pedro.
-Eso. Os parecerá bonito llegar a esta hora. Espera, eso quiere decir que... - dijo Diego.
-Sí. Lo vimos todo. Felicidades a los dos - dijo Pedro.
-"Será maldito..." - pensó Diego.
-Este tipo me dijo cae bien, jajaja - añadió Gineon.
Todos se rieron. Todavía era de día.
-"Tenía que estar yo ahí. Anda que si no, no ocurriría nada de nada" - pensó Gineon.
-"Ya, claro. Anda que..." - respondió Diego
SSakura iba a su lado con una sonrisa en la cara. Ninguno de los dos olvidaría ese día.
-¿Golpe Megatón? - preguntó Sakura.
-Fue lo primero que se me pasó por la cabeza - dijo Diego, riéndose.
Sakura también se rió. Desde que la había conocido, por primera vez la vió reir.
PRÓXIMO CAPÍTULO: UNA DOLOROSA SEPARACIÓN.
*LOS DÍAS FELICES LLEGARON A SU FIN. PRONTO LA HISTORIA DARÁ UN REVÉS DE LO MÁS TRÁGICO.*
-¡Vaya! ¡Por fin llegas! - dijo Sakura.
-¿Y los demás? - preguntó Diego.
-Ya llegarán.
Se dirigieron hacia la calle Torneo, y se fueron cerca del río mientras esperaban a que llegaran los demás. Diego se sentó en uno de los escalones. Sakura se sentó cerca de él.
-"Venga. Dile algo" - dijo Gineon.
-"No sé que decirle. Tengo un revoltijo de ideas ahora mismo."
-Lo que sea. Preguntale cómo se encuentra o algo así."
-"Vale, allá voy." Esto... Sakura...
-¿Si? ¿Ocurre algo?
-Nada...
Diego sentía varias sensaciones en ese momento: nerviosismo, frustración miedo... Estaba nervioso porque no sabía que decirle a Sakura. Se sentía frustrado por no ser capaz de expresarle sus sentimientos. Tenía miedo porque pensaba que ella podía rechazarle. Peor no se podía sentir. Era capaz de morirse ahí mismo si no encontraba alguna solución. Sabía que la única opción viable era decírselo. Pero no encontraba el valor necesario para hacerlo.
-"Vamos. Anímate."
-"Esto es imposible."
Diego seguía desanimado. Gineon ya le había dicho en algunas ocasiones que Sakura parecía sentir lo mismo por él. Pero aún así se sentía intranquilo. No quería que lo rechazaran. él ya había tirado la toalla con respecto a estos temas, aunque Gineon le hacía ver que no todo era negro, que podía salir bien.
Aunque Diego no los sospechaba, habían dos personas escondidas en los alrededores mirando la escena.
-¿Crees que lo conseguirá? - preguntó Pedro.
-Si no lo consigue, es para zurrarle. La cosa no puede ser más evidente. Ella también siente algo por él - dijo Fran.
-A ver si hay suerte - comentó Pedro.
-"No solo es suerte. Diego ha luchado contra demonios, ¿y no se atreve con esto? Patético..." - dijo Ahriel.
-Confiemos en que lo hará bien - concluyó Fran.
Mientras ellos seguían comentando, Diego seguía dándole vueltas al asunto. Sabía que no podía dejar escapar esa oportunidad. Si no lo decía en ese momento, no se perdonaría jamás.
-Si que tardan los demás ¿verdad? - dijo Sakura.
-Sí... A saber qué les ha pasado - contestó Diego casi temblando.
-¿Te ocurre algo?
-"Vamos. Diselo ya. Saca ese regalito." - pensó Gineon.
Ese regalito. Diego había comprado hace unos días un colgante en forma de corazón de color azúl y el centro verde. Pretendía dárselo a Sakura cuando se presentara la oportunidad.
Diego respiró hondo, metió la mano en el bolsillo y extrajo un pequeño paquete. Era el colgante.
-Esto... Oye, Sakura... Toma... Para tí.
-¿Para mí?
Sakura abrió el paquete y observó el colgante con cierta inquietud. La chica se emocionó al verlo y acto seguido se lo colgó al cuello. Se había quedado sin habla. Nadie le había hecho un regalo de esa manera. Sabía que no era un regalo de amigos. Sakura también tenía sus dudas con respecto a lo que iba a suceder. No se hacía a la idea de que alguien pudiera declararse a ella. Había entablado con Diego una relación de amistad, pero no tenía muchas esperanzas de que eso fuera más allá. Ahora se sentía feliz. Aunque también tenía algo de miedo de que solo fuera un regalo de pura amistad. Solo había una manera de de averiguarlo: preguntando directamente a Diego.
-¿Por qué me lo das a mí?
-Esto... Poque creo que a tí t podría quedar bien...
-Pero me refiero... ¿Por qué motivo me lo das a mí?
-Porque... porque... ¡Ah!
Sakura sin pensarlo dos veces se acercó a Diego y le abrazó. Diego se quedó petrificado Sin pararse a meditar contestó a la pregunta.
-Porque eres tú. A otra no se lo habría dado. Lo diré ya que si no me lamentaré eternamente.
-¿Decirme el qué?
-Decirte que te quiero. Agradezco el haberte conocido. Me cautivaste desde la primera vez que nos encontramos. No porque tengas poderes ni nada de eso. Sino por tu carácter a la hora de hablar conmigo.
-Yo siento lo mismo.
-"Enohorabuena campeón. Lo has conseguido." - pensó Gineon.
-"Gracias por tu apoyo, Gineon".
-"Para eso estoy. Para dar la vara".
A Diego le corrían las lágrimas de felicidad, de una dica inimaginable. Se acabaron las tensiones, las preocupaciones y las desgracias. El tiempo parecía que se había parado en ese momento. Solo existían ellos dos. Sakura también lloraba de felicidad. Atrás quedaba todo lo malo que tuvieran que soportar estos dos.
-Gracias por aparecer en mi vida. Si pudiera...
-Eso no importa ahora - dijo Sakura ponineod un dedo en los labios de Diego - Hay alguien que nos observa.
En efecto, vieron una sombra que se materializó y adquirió la forma de...
-¿Darsek? ¡Yo te destruí! - exclamó Gineon.
-Sí. Pero he vuelto para clamar venganza. Y no he venido solo.
-¿Os acordáis de mí? ¡Jajajajaja!
-¡Kersek! ¡Tú también!
-¡Maldito niñato! ¡Me las vas a pagar! - gruñó Kersek.
Ambos demonios recitaron algo en una extraña lengua. Los dos se unieron en un solo cuerpo, yse incrementó su tamaño y fuerza.
-¿Intervenimos? - preguntó Fran.
-No. Ellos deben superarlo por si mismos - respondió Pedro.
La gran bestia se erigió frente a ellos dos. Diego y Gineon ya habían luchado antes contra estos tipos, pero no se imaginaban el poder destructivo de ese nuevo ser.
-¡PATADA TORNADO!
-¡RUPTURA DE TIERRA!
Sakura y Diego se lanzaron contra el demonio. Sus ataques apenás le hicieron un par de arañazos.
-¡Jajajaja! ¡No nos podéis vencer! ¡Somos ahora un Demonio Mayor!
-No nos das miedo - afirmó Diego enarbolando se espada. La bestia lo apartó con la mano.
De pronto se levantó una tormenta. Un rayo cayó en dirección a la bestia. Sakura había lanzado esa descarga. Diego en ese momento comenzó a reunir a energía sagrada.
-¡Allá va! ¡LA TIERRA!
La corriente energética avanzó violentamente contra la criatura, y se desintegró. Las almas de Darsek y Kersek se consumían con la energía sagrada. Diego saltó y lanzó a Sakura en pleno vuelo.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - esclamó Sakura. De esta manera terminaban con ellos. Pero seguían todavía en pie.
Diego y Sakura cargaron contra los demonios. Se iluminaron en una gran bola de energía.
-"Vuestras energías se sincronizan. Utilizad este nuevo poder." - dijo Gineon.
-¿Lo intentamos? - preguntó Sakura.
-Eso no se pregunta. ¡GOLPE MEGATÓN!
Los dos avanzaron casi volando a una gran velocidad. La bola de energía originada por ellos crecía cada vez más. La gran masa de energía impactó contra sus oponentes. Y desaparecieron.
-Enhorabuena a los dos - dijo Fran riéndose junto a Pedro.
-Eso. Os parecerá bonito llegar a esta hora. Espera, eso quiere decir que... - dijo Diego.
-Sí. Lo vimos todo. Felicidades a los dos - dijo Pedro.
-"Será maldito..." - pensó Diego.
-Este tipo me dijo cae bien, jajaja - añadió Gineon.
Todos se rieron. Todavía era de día.
-"Tenía que estar yo ahí. Anda que si no, no ocurriría nada de nada" - pensó Gineon.
-"Ya, claro. Anda que..." - respondió Diego
SSakura iba a su lado con una sonrisa en la cara. Ninguno de los dos olvidaría ese día.
-¿Golpe Megatón? - preguntó Sakura.
-Fue lo primero que se me pasó por la cabeza - dijo Diego, riéndose.
Sakura también se rió. Desde que la había conocido, por primera vez la vió reir.
PRÓXIMO CAPÍTULO: UNA DOLOROSA SEPARACIÓN.
*LOS DÍAS FELICES LLEGARON A SU FIN. PRONTO LA HISTORIA DARÁ UN REVÉS DE LO MÁS TRÁGICO.*
miércoles, 25 de mayo de 2011
CAPÍTULO 11: ENCUENTRO CON EL LOBO
El instituto quedaba cerrado momentáneamente para reparar todos los destrozos de ese combate. Contaban con dos semanas para arreglarlo.
Durante esas dos semanas, Diego y sus amigos se dedicaron a buscar a Zongo'o, para averiguar más detalles. sobre la invasión.
Las clases se habían suspendido hasta terminar las reparaciones. Diego aprovechaba cada rato libre para prepararse en caso de que la invasión ocurriera antes de tiempo.
Diego caminaba solo por la calle Mª Auxiliadora. Había quedado con el resto de sus amigos en Plaza del Duque. Todavía era mediodía. Cuando llegó a esa red de calles que hay en el centro, reparó en una sombra escurridiza que iba de un lado a otro.
-¿Será un demonio? - preguntó Diego.
-Averiguemóslo - dijo Gineon.
Llegaron donde estaba esa sombra. Se movía, pero no para atacarles. La sombra se materializó y se convirtió en un lobo. Su pelaje era blanco como la nieve, con el lomo de color azul. Le hacía señales a Diego.
-Creo que quiere que lo sigamos - puntualizó Gineon - Aunque será mejor tener cuidado.
-No averiguaremos nada si seguimos aquí parados. No sabemos si tiene que ver, o no, con la invasión. Pero será mejor comprobarlo ahora mismo.
El lobo comenzó a caminar. Diego le seguía.
-¿Adónde nos llevará? - preguntó Gineon.
-¿Me lo preguntas a mí? - contestó Diego.
Siguieron adelante. De pronto, Diego se dio cuenta de que estaba en una zona del centro desconocida para él. Se dio la vuelta y para su sorpresa, detrás suya habían árboles. Un bosque amplio se extendía a sus espaldas. No había ni rastro de las calles por las que había pasado anteriormente.
-¿Dónde estamos? - preguntó Diego.
-Ni idea - contestó Gineon con expresión de asombro.
Legaron a un claro del bosque. Les costó llegar debido a que era una cuesta. Una vez que se pararon, Diego alzó la vista y se dio cuenta de que el bosque estaba en una montaña. Y los árboles tenían la punta blanca. Montaña arriba los árboles se tornaban blancos. Era nieve. Diego se quedó un buen rato contemplando el paisaje, desconocido para él. Nunca había estado cerca de una cantidad significativa de nieve. Solo en Sevilla, en invierno de 2010, vio un poco, pero eran minucias; no llegó a acumularse nada.
El lobo hizo una señal y siguieron adelante. Diego seguía al lobo y se pararon cada cierto tiempo para admirar el paisaje. Estaban llegando a una parte de la montaña donde prácticamente todo era blanco.
-Me alegra a este lobo. Por fin veo la nieve - comentó Diego.
-Lo mismo digo - añadió Gineon.
-¿En el Reino Espiritual no nieva?
-Siempre hace un tiempo ideal, pero estas son cosas que no se ven allí.
-Pues nada. Por fin tenemos la oportunidad de contemplar semejante paisaje
-Me gusta este sitio.
Se quedaron de pie. El viento les molestaba, pero a Diego y Gineon les daba igual. Solo estaban de pie mientras caían los copos de nieve. Diego extendió su mano para intentar coger algunos copos, pero a los pocos minutos la apartó porque se estaba congelando. Gineon comenzó a reírse.
De pronto se le vino a Diego una imagen familiar. Se le vino a la cabeza la imagen de Sakura. Creía que estaba ahí, a su lado.
-''¡Qué bonito!'' - pensó Gineon.
-''Ojalá los demás pudieran ver esto''
-''En especial...''
-''En especial Sakura. Sí, me gustaría que... ¿pero qué estoy diciendo? Deja de hacerme decir esas cosas, Gineon.
-''Si tú lo dices...''
Diego sabía en realidad que no podía ocultarle nada a Gineon. Para qué esforzarse. Gineon sabía de sobra sus sentimientos hacia Sakura. Y que no era capaz de decirle nada. Se quedó un rato meditando sobre ese asunto.
-''De acuerdo'' - pensó Diego - ''Ella y yo hemos luchado ya varias veces juntos. Nos hemos ayudado mutuamente y...''
-'' ...y parece que ella también siente lo mismo por ti. Así que ¿de que tienes miedo?''
''Temo a su rechazo. Verás Gineon. Hace algunos años intenté hacer lo mismo con otra chica. Y pasó de mí. Desde entonces he tirado la toalla con respecto a este tema. Ese es mi gran temor.''
-''No te rindas. Ella siente lo mismo por ti. No irá del todo mal.''
-''Pero tampoco quiero hacerme demasiadas ilusiones. Es lo que te dije antes. Temo a que me doga que no. Creo que esta vez no lo soportaría y entraría en depresión.''
''¡Diego! ¡Arriba ese ánimo! ¡Ten confianza! ¿O es que la confianza que tienes cuando combatimos a los demonios no te vale para estas situaciones? Si te rechaza, ella se lo pierde. Aunque dudo que te rechace.
No serás el más guapo del mundo, pero tu corazón es de oro. ¡Venga! ¡Di que sí!''
-''Menos mal que te tengo a ti, amigo.
-''Para eso estoy. Somos amigos, ¿verdad? Piensa en positivo. Piensa es que irás, te plantarás delante de Sakura y le dirás lo que sientes por ella. No digo que sea fácil, pero para ti, que te has enfrentado a criaturas que la raza humana no debería conocer, debería ser sencillo."
-"Lo realizaré en cuanto pueda."
-"¡Sí señor! ¡Así se habla!"
Los dos se quedaron mirando el horizonte. La nieve seguía cayendo. Diego pensó que si estuviera, el paisaje sería idílico para una declaración. Lo extraño es que comenzó a oscurecer y se veían las estrellas, a pesar de la nieve. Las estrellas marcaban una especie de camino. Y su luz se posaba directamente sobre Diego y Gineon. Una pequeña brisa provocaba un susurro en los árboles. Parecía más bien un bosque encantado. Desprendía una especie de aura purificadora que producía una sensación de paz. La Luna se alzaba en el cielo, junto con las estrellas. Un espectáculo no artificial, sino natural. Las luces estelares, las distancias las formas, algún animalillo que pasaba por ahí. Nada parecía del mundo que Diego conocía. Gineon no tenía idea de donde se encontraban. Diego se preguntó si seguían en la Tierra, y el lobo movió la cabeza de arriba hacia abajo, asintiendo. El lobo se paró y aulló hacia la Luna; luego continuaron su camino.
Se estaban acercando a la cima e la montaña. Con dificultad terminaron de recorrer lo que les quedaba de trayecto, debido a la nieve acumulada. Solo el lobo avanzaba si dificultad. Siguieron montaña arriba y llegaron a lo que parecía una cueva. Y Diego reparó en lo que había allí.
-¿Quién es? - preguntó Diego.
-Ni idea. Pero al otro hay que destruirlo ya - respondió Gineon.
Delante de la cueva había alguien tirao en el suelo. Y una gárgola con expresión amenazante delante de él. Sin pararse a pensar, Diego inició el ataque.
-Ya es que aparecen hasta fuera de Sevilla. Esto es mareante. ¡RUPTURA DE TIERRA!
La gárgola voló unos metros hacia atrás a la vez que se abría una grieta en el suelo. La bestia alzó el vuelo e intentó embestir al chico.
-¡Demasiado fácil! ¡GRAN IMPACTO!
El ataque golpeó en la cabeza a la gárgola, y le partió un cuerno.
-¿Tan fácil es? - preguntó Gineon.
-Para una ez que lo tenemos en bandeja, no nos podemos quejar.
Pero no lo tenían en bandeja. Tres gárgolas más aparecieron a sus espaldas. Todas echaron a volar hacia Diego. Aguantó como pudo los embistes con su espada.
-¡No lo conseguiremos!
-¡No pierdas la esperanza! No nos podemos permitir el morir aquí. No con la invasión que se avecina.
-Y sobre todo...
-"Sobre tdo..."
-Debo seguir vivo para volver a verla.
-Venga. ¡Dales fuerte!
De pronto, el que se encontraba incosciente se levantó.
-¿Necesitas ayuda, forastero?
-No me vendría mal. Y tú eres...
-Nerayoury. Esas malditas gárgolas me atcaron por la esplada. Por eso me encontraste así.
-Me llamo Diego. Y este de aquí es Gineon.
-Un placer. ¿Acabamos con ellos?
El aspecto de Nerayoury era de un joven, de unos 15-16 añosy llevaba ropa hecha de piel de lobo. Sobresalían su fuerza y velocidad.
-¡PATADA ICEBERG! - exclamó Nerayoury. Su pierna izquierda se congeló y golperó a las gárgolas, una por una. Todas perdieron el quilibrio por el impacto y cayeron al suelo.
-"Que fuerza..." - pensó Gineon.
Entonces Diego comenzó a reunir la energía sagrada. Nerayoury advirtió el movimiento y dió un salto.
-¡LA TIERRA!
El poder del ataque terminó con las gárgolas.
-Acabamos... Bueno, ¿qué os trae por aquí?
-Legamos aquí siguiendo a un lobo, un lobo de pelaje blanco y azul y... Diego no acabó la frase. Se había dado cuenta de que el lobo había desaparecido.
-De cualquier manera, gracias por vuestra ayuda. Me gustaría devolveros el favor. Vosotros venís de una gran ciudad ¿no?
-Sí, y nos gustaría regresar. Se llama Sevilla.
-Casualidades de la vida. La puerta que hay en aquel árbol - dijo el chico- lobo señalando un árbol aparentemente normal - lleva a ese sitio.
-De acuerdo. Nos vamos. Espero que nos volvamos a encontrar, Nerayoury.
-Hasta otra.
Diego y Gineon fueron al árbol y se vieron de repente en Plaza Ponce de León, al lado de una parada de autobús.
-¿Qué? ¡Imposible! ¿Solo han pasado 5 minutos? - dijo Diego.
-Que raro... Bueno los demás nos están esperando.
-Tienes razón. Vámonos.
Al llegar a la Plaza del Duque, solo estaba Sakura, que esperaba de una maera impaciente.
PRÓXIMO CAPÍTULO: UNA DECLARACIÓN IMPOSIBLE
Durante esas dos semanas, Diego y sus amigos se dedicaron a buscar a Zongo'o, para averiguar más detalles. sobre la invasión.
Las clases se habían suspendido hasta terminar las reparaciones. Diego aprovechaba cada rato libre para prepararse en caso de que la invasión ocurriera antes de tiempo.
Diego caminaba solo por la calle Mª Auxiliadora. Había quedado con el resto de sus amigos en Plaza del Duque. Todavía era mediodía. Cuando llegó a esa red de calles que hay en el centro, reparó en una sombra escurridiza que iba de un lado a otro.
-¿Será un demonio? - preguntó Diego.
-Averiguemóslo - dijo Gineon.
Llegaron donde estaba esa sombra. Se movía, pero no para atacarles. La sombra se materializó y se convirtió en un lobo. Su pelaje era blanco como la nieve, con el lomo de color azul. Le hacía señales a Diego.
-Creo que quiere que lo sigamos - puntualizó Gineon - Aunque será mejor tener cuidado.
-No averiguaremos nada si seguimos aquí parados. No sabemos si tiene que ver, o no, con la invasión. Pero será mejor comprobarlo ahora mismo.
El lobo comenzó a caminar. Diego le seguía.
-¿Adónde nos llevará? - preguntó Gineon.
-¿Me lo preguntas a mí? - contestó Diego.
Siguieron adelante. De pronto, Diego se dio cuenta de que estaba en una zona del centro desconocida para él. Se dio la vuelta y para su sorpresa, detrás suya habían árboles. Un bosque amplio se extendía a sus espaldas. No había ni rastro de las calles por las que había pasado anteriormente.
-¿Dónde estamos? - preguntó Diego.
-Ni idea - contestó Gineon con expresión de asombro.
Legaron a un claro del bosque. Les costó llegar debido a que era una cuesta. Una vez que se pararon, Diego alzó la vista y se dio cuenta de que el bosque estaba en una montaña. Y los árboles tenían la punta blanca. Montaña arriba los árboles se tornaban blancos. Era nieve. Diego se quedó un buen rato contemplando el paisaje, desconocido para él. Nunca había estado cerca de una cantidad significativa de nieve. Solo en Sevilla, en invierno de 2010, vio un poco, pero eran minucias; no llegó a acumularse nada.
El lobo hizo una señal y siguieron adelante. Diego seguía al lobo y se pararon cada cierto tiempo para admirar el paisaje. Estaban llegando a una parte de la montaña donde prácticamente todo era blanco.
-Me alegra a este lobo. Por fin veo la nieve - comentó Diego.
-Lo mismo digo - añadió Gineon.
-¿En el Reino Espiritual no nieva?
-Siempre hace un tiempo ideal, pero estas son cosas que no se ven allí.
-Pues nada. Por fin tenemos la oportunidad de contemplar semejante paisaje
-Me gusta este sitio.
Se quedaron de pie. El viento les molestaba, pero a Diego y Gineon les daba igual. Solo estaban de pie mientras caían los copos de nieve. Diego extendió su mano para intentar coger algunos copos, pero a los pocos minutos la apartó porque se estaba congelando. Gineon comenzó a reírse.
De pronto se le vino a Diego una imagen familiar. Se le vino a la cabeza la imagen de Sakura. Creía que estaba ahí, a su lado.
-''¡Qué bonito!'' - pensó Gineon.
-''Ojalá los demás pudieran ver esto''
-''En especial...''
-''En especial Sakura. Sí, me gustaría que... ¿pero qué estoy diciendo? Deja de hacerme decir esas cosas, Gineon.
-''Si tú lo dices...''
Diego sabía en realidad que no podía ocultarle nada a Gineon. Para qué esforzarse. Gineon sabía de sobra sus sentimientos hacia Sakura. Y que no era capaz de decirle nada. Se quedó un rato meditando sobre ese asunto.
-''De acuerdo'' - pensó Diego - ''Ella y yo hemos luchado ya varias veces juntos. Nos hemos ayudado mutuamente y...''
-'' ...y parece que ella también siente lo mismo por ti. Así que ¿de que tienes miedo?''
''Temo a su rechazo. Verás Gineon. Hace algunos años intenté hacer lo mismo con otra chica. Y pasó de mí. Desde entonces he tirado la toalla con respecto a este tema. Ese es mi gran temor.''
-''No te rindas. Ella siente lo mismo por ti. No irá del todo mal.''
-''Pero tampoco quiero hacerme demasiadas ilusiones. Es lo que te dije antes. Temo a que me doga que no. Creo que esta vez no lo soportaría y entraría en depresión.''
''¡Diego! ¡Arriba ese ánimo! ¡Ten confianza! ¿O es que la confianza que tienes cuando combatimos a los demonios no te vale para estas situaciones? Si te rechaza, ella se lo pierde. Aunque dudo que te rechace.
No serás el más guapo del mundo, pero tu corazón es de oro. ¡Venga! ¡Di que sí!''
-''Menos mal que te tengo a ti, amigo.
-''Para eso estoy. Somos amigos, ¿verdad? Piensa en positivo. Piensa es que irás, te plantarás delante de Sakura y le dirás lo que sientes por ella. No digo que sea fácil, pero para ti, que te has enfrentado a criaturas que la raza humana no debería conocer, debería ser sencillo."
-"Lo realizaré en cuanto pueda."
-"¡Sí señor! ¡Así se habla!"
Los dos se quedaron mirando el horizonte. La nieve seguía cayendo. Diego pensó que si estuviera, el paisaje sería idílico para una declaración. Lo extraño es que comenzó a oscurecer y se veían las estrellas, a pesar de la nieve. Las estrellas marcaban una especie de camino. Y su luz se posaba directamente sobre Diego y Gineon. Una pequeña brisa provocaba un susurro en los árboles. Parecía más bien un bosque encantado. Desprendía una especie de aura purificadora que producía una sensación de paz. La Luna se alzaba en el cielo, junto con las estrellas. Un espectáculo no artificial, sino natural. Las luces estelares, las distancias las formas, algún animalillo que pasaba por ahí. Nada parecía del mundo que Diego conocía. Gineon no tenía idea de donde se encontraban. Diego se preguntó si seguían en la Tierra, y el lobo movió la cabeza de arriba hacia abajo, asintiendo. El lobo se paró y aulló hacia la Luna; luego continuaron su camino.
Se estaban acercando a la cima e la montaña. Con dificultad terminaron de recorrer lo que les quedaba de trayecto, debido a la nieve acumulada. Solo el lobo avanzaba si dificultad. Siguieron montaña arriba y llegaron a lo que parecía una cueva. Y Diego reparó en lo que había allí.
-¿Quién es? - preguntó Diego.
-Ni idea. Pero al otro hay que destruirlo ya - respondió Gineon.
Delante de la cueva había alguien tirao en el suelo. Y una gárgola con expresión amenazante delante de él. Sin pararse a pensar, Diego inició el ataque.
-Ya es que aparecen hasta fuera de Sevilla. Esto es mareante. ¡RUPTURA DE TIERRA!
La gárgola voló unos metros hacia atrás a la vez que se abría una grieta en el suelo. La bestia alzó el vuelo e intentó embestir al chico.
-¡Demasiado fácil! ¡GRAN IMPACTO!
El ataque golpeó en la cabeza a la gárgola, y le partió un cuerno.
-¿Tan fácil es? - preguntó Gineon.
-Para una ez que lo tenemos en bandeja, no nos podemos quejar.
Pero no lo tenían en bandeja. Tres gárgolas más aparecieron a sus espaldas. Todas echaron a volar hacia Diego. Aguantó como pudo los embistes con su espada.
-¡No lo conseguiremos!
-¡No pierdas la esperanza! No nos podemos permitir el morir aquí. No con la invasión que se avecina.
-Y sobre todo...
-"Sobre tdo..."
-Debo seguir vivo para volver a verla.
-Venga. ¡Dales fuerte!
De pronto, el que se encontraba incosciente se levantó.
-¿Necesitas ayuda, forastero?
-No me vendría mal. Y tú eres...
-Nerayoury. Esas malditas gárgolas me atcaron por la esplada. Por eso me encontraste así.
-Me llamo Diego. Y este de aquí es Gineon.
-Un placer. ¿Acabamos con ellos?
El aspecto de Nerayoury era de un joven, de unos 15-16 añosy llevaba ropa hecha de piel de lobo. Sobresalían su fuerza y velocidad.
-¡PATADA ICEBERG! - exclamó Nerayoury. Su pierna izquierda se congeló y golperó a las gárgolas, una por una. Todas perdieron el quilibrio por el impacto y cayeron al suelo.
-"Que fuerza..." - pensó Gineon.
Entonces Diego comenzó a reunir la energía sagrada. Nerayoury advirtió el movimiento y dió un salto.
-¡LA TIERRA!
El poder del ataque terminó con las gárgolas.
-Acabamos... Bueno, ¿qué os trae por aquí?
-Legamos aquí siguiendo a un lobo, un lobo de pelaje blanco y azul y... Diego no acabó la frase. Se había dado cuenta de que el lobo había desaparecido.
-De cualquier manera, gracias por vuestra ayuda. Me gustaría devolveros el favor. Vosotros venís de una gran ciudad ¿no?
-Sí, y nos gustaría regresar. Se llama Sevilla.
-Casualidades de la vida. La puerta que hay en aquel árbol - dijo el chico- lobo señalando un árbol aparentemente normal - lleva a ese sitio.
-De acuerdo. Nos vamos. Espero que nos volvamos a encontrar, Nerayoury.
-Hasta otra.
Diego y Gineon fueron al árbol y se vieron de repente en Plaza Ponce de León, al lado de una parada de autobús.
-¿Qué? ¡Imposible! ¿Solo han pasado 5 minutos? - dijo Diego.
-Que raro... Bueno los demás nos están esperando.
-Tienes razón. Vámonos.
Al llegar a la Plaza del Duque, solo estaba Sakura, que esperaba de una maera impaciente.
PRÓXIMO CAPÍTULO: UNA DECLARACIÓN IMPOSIBLE
viernes, 15 de abril de 2011
CAPÍTULO 10: LA FUERZA DE LOS ELEMENTOS
Eran las 07:00. Diego se levantó para ir al instituto. Aunque ahora iba con una mentalidad distinta. Ya no es solo por sacarse el bachillerato. Ahora su obligación, su deber, es protegerlos. Protegerlos a todos de los demonios.
Lo bueno es que cuenta con su amigo Fran para defender el edificio. Aunque tenía miedo de defraudar a sus amigos.
-¿Preparado? - preguntó Fran.
-Sí. Mejor estar atentos. Me estoy viendo venir lo peor - dijo Diego.
Era un día Martes y tenían Tecnología a primera hora. Nadie traía hecho el ejercicio propuesto para ese día, salvo Santi. Santi salió a la pizarra a lucir conocimientos. Diego y Fran tenían la cabeza puesta en defender el instituto en caso de un posible ataque.
Fue nada más tocar el timbre al finalizar la hora y vinieron unos profesores a evacuar a los alumnos. La clase de Tecnología bajó rápidamente las escaleras. en dirección al patio. Allí se reunieron con el resto de alumnos del edificio. Todos estaban ahí, Todos menos Diego y Fran. Diego fue al servicio para cambiarse; se había comprado un chándal negro y unos botines negros. Así se sentía más cómodo para combatir. Fran se refugió en la casa abandonada del instituto para cambiar de forma. Los dos se reunieron en un rincón del patio.
-Aguántalos... - dijo Gineon.
-¿¡Pero dónde están!? - preguntó Diego.
-¡A tu derecha! - gritó Ahriel.
Venía un grupo de seis demonios con ánimo de destruir todo lo que había a su paso.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Consiguió con las rocas desequilibrar a los demonios. Luego los remató con la espada.
Un demonio volador de gran tamaño venía a atacar. Era una gárgola. La intervención de la gárgola se vio frustrada por el ataque Viento Real de Roc, el Águila Imperial.
-¡Dale fuerte, pájaro! - gritaban el resto de alumnos, que miraban boquiabiertos la pelea que se estaba desarrollando.
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel, a la vez que usaba su espada doble para ayudar a Roc.
-¡GRAN IMPACTO! - gritó Diego, a la vez que saltaba y daba una vuelta en el aire, golpeando con fuerza a la gárgola y desintegrándola.
-¡Bieeeeeeeen! ¡Toma ya! ¡Son la caña! - exclamaban los espectadores.
-Cubridme. Ahí vienen más. Lo voy a usar.
-Vale.
Ahriel y Roc lanzaron sendas corrientes de aire para dificultar el paso de los demonios. Mientras tanto, Diego apartó a todos los demás para que no resultaran heridos con su ataque. Una vez que consiguió que la gente se alejara, Diego se posicionó unos metros detrás de Ahriel y comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¡Ahriel! ¡Tú y Roc! ¡Apartaos! - gritó Diego, cuando iba a golpear el suelo. La chica y el Águila Imperial se apartaron - ¡No sabéis lo que habéis hecho viniendo aquí! ¡Comprobad nuestra fuerza! ¡LA TIERRA!
La energía sagrada perforó el suelo y alcanzó a los demonios.
-Bien hecho - puntualizó Ahriel.
-¡Detrás de ti! ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego, protegiendo a la guerrera con su ataque. Alcanzó a dos demonios en pleno salto con su ataque a la vez que abría una grieta en el suelo.
De pronto escucharon una explosión procedente del otro edificio. Más demonios irrumpían violentamente destrozando el lugar.
-¡No puede ser! ¡No...! - exclamó Diego.
-¡Son demasiados! ¡No podemos cubrir tanto terreno nosotros solos! - dijo Ahriel.
Pero de repente uno de los demonios salió volando por los aires, electrizado. Otro salió volando en otra dirección y parecía que lo hubiera golpeado un tornado.
-¡PATADA TORNADO!
-¡Sakura! ¡ Has venido! - exclamó Diego emocionado.
-Vine en cuanto escuché las explosiones. ¿Estás bien? - preguntó Sakura.
-Aquí tirando. Gracias por ayudarnos.
-Esto - titubeó Ahriel - Chicos. No se si interrumpo algo, pero ¡cuidado con esa bola de fuego!
Pero esa bola no iba para ellos. Iba hacia los demonios.
-Pero qué... ¿Qué es esto? - preguntó Gineon.
-Es él... - dijo Sakura.
Era el desconocido que atacó a Sakura hace algunos días. El mismo que al poco tiempo salvó a Diego y Ahriel de los demonios y su líder de fuego. Nuevamente aparecía para sacarles del apuro, aunque desconocían su identidad.
La bola de fuego desintegró a cinco demonios a la vez. Barrió al resto golpeando su bastón de oro contra el suelo provocando un gran terremoto. Previamente había puesto a salvo a los alumnos y profesorado haciéndolos flotar.
-Ha sido fácil - dijo el desconocido.
-Gracias por tu ayuda. ¿Quién eres? - preguntó Diego.
El desconocido bajó su capucha. Y ante el asombro de Diego y Ahriel se reveló su identidad.
-No creo... - dijo Fran que volvía a su forma humana.
-¡Tú! ¡Pedro! ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? - preguntó Diego, atónito por la revelación.
En efecto, era su amigo Pedro. Quien lo iba a pensar. Aunque a estas alturas Diego ya se lo tragaba casi todo.
-¿Qué pasa? Claro. No te lo había había comentado... Jeje - dijo Pedro.
.¿¡No me lo habías comentado!? Y tú si que sabías lo mío. Y por si fuera poco atacaste a Sakura y además...
Bueno. Calmaos - dijo Fran.
-Se que os lo tendría que haber contado pero no quiero que allí arriba se enteren de esto.
-¿Allí arriba? - preguntó Gineon - ¿Vienes de arriba?
-Más o menos. Pertenezco a ambos mundos.
-Esto... A ver. Explicadme que ando un poco perdido - dijo Diego.
-Verás - explicó Gineon - Tú amigo, por lo que he visto, es un avatar. Tiene el poder de controlar los elementos. Pero lo que no me entra es que tienes que ver tú con el Reino Espiritual.
-¿Reino Espiritual?
-Lo que los humanos llamáis ''el Cielo''.
Tengo una esencia en mi interior. Algo que todavía no despierta. y esa esencia procede del Reino Espiritual. Por eso tengo que ver con ellos. Prometí ser su aliado a cambio de que yo pudiera desarrollar esa esencia.
-Claro. Pero entonces... ¡yo he oído hablar de ti! Pero te llamabas de otra forma ¿no? - dijo Gineon.
-Para proteger mi identidad, los ángeles me sugirieron que cambiara de nombre. El nombre por el que tú me conoces es Alan.
-De acuerdo. Pero ¡Pedro, joder! ¿A que venía el atacar a Sakura?
-Solo era para comprobar su fuerza. Dio unas sensaciones bastantes buenas. Ahora que todos nos conocemos podemos luchar todos juntos.
-¡Si! - exclamó Fran.
-No suena mal - dijo Sakura.
-Y nosotros no nos quedamos atrás ¿eh? - añadió Diego.
-Por supuesto - contestó Gineon.
-Además he conseguido informarme de lo de ese hechicero - dijo Pedro.
-¡Vayamos a visitarlo! - sugirió Sakura.
-Vale. Veamos cómo se encuentra - dijo Diego.
El grupo se dirigió a la casa abandonada de Zongo'o en el parque. Antes de llegar, encontraron a unos demonios a quienes destruyeron rápidamente. Una vez desintegrados, prosiguieron su camino.
-Irían a por Zongo'o - dijo Diego - ¡Démonos prisa!
Pero al llegar encontraron la casa vacía. Diego reparó en una nota que había sobre la mesa.
Lo bueno es que cuenta con su amigo Fran para defender el edificio. Aunque tenía miedo de defraudar a sus amigos.
-¿Preparado? - preguntó Fran.
-Sí. Mejor estar atentos. Me estoy viendo venir lo peor - dijo Diego.
Era un día Martes y tenían Tecnología a primera hora. Nadie traía hecho el ejercicio propuesto para ese día, salvo Santi. Santi salió a la pizarra a lucir conocimientos. Diego y Fran tenían la cabeza puesta en defender el instituto en caso de un posible ataque.
Fue nada más tocar el timbre al finalizar la hora y vinieron unos profesores a evacuar a los alumnos. La clase de Tecnología bajó rápidamente las escaleras. en dirección al patio. Allí se reunieron con el resto de alumnos del edificio. Todos estaban ahí, Todos menos Diego y Fran. Diego fue al servicio para cambiarse; se había comprado un chándal negro y unos botines negros. Así se sentía más cómodo para combatir. Fran se refugió en la casa abandonada del instituto para cambiar de forma. Los dos se reunieron en un rincón del patio.
-Aguántalos... - dijo Gineon.
-¿¡Pero dónde están!? - preguntó Diego.
-¡A tu derecha! - gritó Ahriel.
Venía un grupo de seis demonios con ánimo de destruir todo lo que había a su paso.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Consiguió con las rocas desequilibrar a los demonios. Luego los remató con la espada.
Un demonio volador de gran tamaño venía a atacar. Era una gárgola. La intervención de la gárgola se vio frustrada por el ataque Viento Real de Roc, el Águila Imperial.
-¡Dale fuerte, pájaro! - gritaban el resto de alumnos, que miraban boquiabiertos la pelea que se estaba desarrollando.
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel, a la vez que usaba su espada doble para ayudar a Roc.
-¡GRAN IMPACTO! - gritó Diego, a la vez que saltaba y daba una vuelta en el aire, golpeando con fuerza a la gárgola y desintegrándola.
-¡Bieeeeeeeen! ¡Toma ya! ¡Son la caña! - exclamaban los espectadores.
-Cubridme. Ahí vienen más. Lo voy a usar.
-Vale.
Ahriel y Roc lanzaron sendas corrientes de aire para dificultar el paso de los demonios. Mientras tanto, Diego apartó a todos los demás para que no resultaran heridos con su ataque. Una vez que consiguió que la gente se alejara, Diego se posicionó unos metros detrás de Ahriel y comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¡Ahriel! ¡Tú y Roc! ¡Apartaos! - gritó Diego, cuando iba a golpear el suelo. La chica y el Águila Imperial se apartaron - ¡No sabéis lo que habéis hecho viniendo aquí! ¡Comprobad nuestra fuerza! ¡LA TIERRA!
La energía sagrada perforó el suelo y alcanzó a los demonios.
-Bien hecho - puntualizó Ahriel.
-¡Detrás de ti! ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego, protegiendo a la guerrera con su ataque. Alcanzó a dos demonios en pleno salto con su ataque a la vez que abría una grieta en el suelo.
De pronto escucharon una explosión procedente del otro edificio. Más demonios irrumpían violentamente destrozando el lugar.
-¡No puede ser! ¡No...! - exclamó Diego.
-¡Son demasiados! ¡No podemos cubrir tanto terreno nosotros solos! - dijo Ahriel.
Pero de repente uno de los demonios salió volando por los aires, electrizado. Otro salió volando en otra dirección y parecía que lo hubiera golpeado un tornado.
-¡PATADA TORNADO!
-¡Sakura! ¡ Has venido! - exclamó Diego emocionado.
-Vine en cuanto escuché las explosiones. ¿Estás bien? - preguntó Sakura.
-Aquí tirando. Gracias por ayudarnos.
-Esto - titubeó Ahriel - Chicos. No se si interrumpo algo, pero ¡cuidado con esa bola de fuego!
Pero esa bola no iba para ellos. Iba hacia los demonios.
-Pero qué... ¿Qué es esto? - preguntó Gineon.
-Es él... - dijo Sakura.
Era el desconocido que atacó a Sakura hace algunos días. El mismo que al poco tiempo salvó a Diego y Ahriel de los demonios y su líder de fuego. Nuevamente aparecía para sacarles del apuro, aunque desconocían su identidad.
La bola de fuego desintegró a cinco demonios a la vez. Barrió al resto golpeando su bastón de oro contra el suelo provocando un gran terremoto. Previamente había puesto a salvo a los alumnos y profesorado haciéndolos flotar.
-Ha sido fácil - dijo el desconocido.
-Gracias por tu ayuda. ¿Quién eres? - preguntó Diego.
El desconocido bajó su capucha. Y ante el asombro de Diego y Ahriel se reveló su identidad.
-No creo... - dijo Fran que volvía a su forma humana.
-¡Tú! ¡Pedro! ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? - preguntó Diego, atónito por la revelación.
En efecto, era su amigo Pedro. Quien lo iba a pensar. Aunque a estas alturas Diego ya se lo tragaba casi todo.
-¿Qué pasa? Claro. No te lo había había comentado... Jeje - dijo Pedro.
.¿¡No me lo habías comentado!? Y tú si que sabías lo mío. Y por si fuera poco atacaste a Sakura y además...
Bueno. Calmaos - dijo Fran.
-Se que os lo tendría que haber contado pero no quiero que allí arriba se enteren de esto.
-¿Allí arriba? - preguntó Gineon - ¿Vienes de arriba?
-Más o menos. Pertenezco a ambos mundos.
-Esto... A ver. Explicadme que ando un poco perdido - dijo Diego.
-Verás - explicó Gineon - Tú amigo, por lo que he visto, es un avatar. Tiene el poder de controlar los elementos. Pero lo que no me entra es que tienes que ver tú con el Reino Espiritual.
-¿Reino Espiritual?
-Lo que los humanos llamáis ''el Cielo''.
Tengo una esencia en mi interior. Algo que todavía no despierta. y esa esencia procede del Reino Espiritual. Por eso tengo que ver con ellos. Prometí ser su aliado a cambio de que yo pudiera desarrollar esa esencia.
-Claro. Pero entonces... ¡yo he oído hablar de ti! Pero te llamabas de otra forma ¿no? - dijo Gineon.
-Para proteger mi identidad, los ángeles me sugirieron que cambiara de nombre. El nombre por el que tú me conoces es Alan.
-De acuerdo. Pero ¡Pedro, joder! ¿A que venía el atacar a Sakura?
-Solo era para comprobar su fuerza. Dio unas sensaciones bastantes buenas. Ahora que todos nos conocemos podemos luchar todos juntos.
-¡Si! - exclamó Fran.
-No suena mal - dijo Sakura.
-Y nosotros no nos quedamos atrás ¿eh? - añadió Diego.
-Por supuesto - contestó Gineon.
-Además he conseguido informarme de lo de ese hechicero - dijo Pedro.
-¡Vayamos a visitarlo! - sugirió Sakura.
-Vale. Veamos cómo se encuentra - dijo Diego.
El grupo se dirigió a la casa abandonada de Zongo'o en el parque. Antes de llegar, encontraron a unos demonios a quienes destruyeron rápidamente. Una vez desintegrados, prosiguieron su camino.
-Irían a por Zongo'o - dijo Diego - ¡Démonos prisa!
Pero al llegar encontraron la casa vacía. Diego reparó en una nota que había sobre la mesa.
''A mis nuevos amigos. Gracias por ayudarme. Pero no os pondré en peligro. Me marcho para afrontar mi destino. Zongo'o ''
Los chicos salieron del lugar un poco tocados por el acontecimiento.
-El ataque de los demonios será dentro de un año aproximadamente. Esperemos encontrarle antes de que ocurra para averiguar más detalles.
-Hasta entonces, ¡seguiremos peleando duro! - exclamó Diego.
Después de eso, todos volvieron a sus casas.
lunes, 11 de abril de 2011
CAPÍTULO 9: EL HECHICERO DESERTOR
-¿El signo del Infierno? Explícate Ahriel - dijo Diego.
-Verás. Este tipo viene del Reino Oscuro, o como lo llamáis vosotros, el Infierno. Los demonios iban tras él.
-¿Este tipo? Si parece humano... - mencionó Sakura.
-Pero si viene del Infierno, ¿cómo es que lo perseguían los demonios? - se extrañó Diego.
-Socorro... Por favor... - dijo el extraño a duras penas.
-Lleváoslo de aquí - les sugirió Ahriel - Roc y yo nos encargamos de esos demonios.
-Suerte. Si nos enteramos de algo te informaremos - dijo Diego.
Mientras Ahriel y Roc destrozaban a todo demonio que se quisiera acercar, Sakura y Diego se alejaron del lugar, con el chico cargando al extraño. Consiguieron llegar a una parte bastante alejada del parque Miraflores y sentaron al extraño al pie de un árbol.
-¿Cómo es esto posible? - preguntó Gineon con incertidumbre.
-¿Me lo preguntas a mí, que soy un novato en esto? - contestó Diego.
-Es cierto. Perdona.
-No pasa nada. Espera, está moviéndose.
En efecto, se estaba despertando. Ahora si reparaban en su aspecto. Tenía una túnica de color azul oscuro, sobre su vestimenta de color negro. Levaba varios colgantes y anillos. También tenía consigo una botella, el la que había una especie de poción o puede que veneno. Tenía muchos arañazos y magulladuras por toda la parte visible de su cuerpo. Sus ropas estaban rasgadas y sus botas un poco quemadas. Al despertar mostraba una expresión seria, pero a la vez de un innombrable cansancio.
-¡Malvalof! - gritó el desconocido.
-Mavo ¿qué? - preguntó Diego.
El extraño reparó entonces en la presencia de los dos jóvenes y del lugar en el que se encontraba.
-¿Quiénes sois vosotros?
-¿Quién eres tú? - preguntó Diego - Te encontramos tirado en medio de la calle con un grupo de demonios persiguiéndote.
-Ah... Mi cabeza...
-Traeré un poco de agua - dijo Sakura. La chica volvió a los pocos minutos con una botella de agua.
-Gracias... Que falta me hacía.
-Bueno. Ahora que ya estás mejor, cuéntanos todo desde el principio - exigió Diego.
-De acuerdo. Me habéis salvado y es lo justo. Empezaré desde el comienzo. Me llamo Zongo'o y soy un nigromante.
-¿Nigromante? - preguntó Diego con intriga.
-Un hechicero que se especializa en las artes oscuras de la magia y la hechicería - explicó Gineon.
-Comprendo. Pero ¿qué haces aquí? - preguntó Diego.
-Solía ser uno de los hechiceros de confianza del Gran Maligno... o al menos eso era lo que yo pensaba.
-¿El Gran Maligno? No te referirás a... - Diego no concluyó su frase.
-¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre! ¡A saber lo que te pasaría si lo hicieras! - exclamó Zongo'o.
-Vale... Continúa.
-Me enteré de unos de los planes del Gran Maligno, y huí. Corrí hasta más no poder. Vagué durante años y...
-¿Durante años? Espera...¿Cuántos años tienes? - preguntó Diego.
-125 años ¿por?
-¿¡Qué!? Imposible... ¡Pero si parece que tienes mi edad!
-El tiempo no transcurre de igual manera en el Infierno que aquí. Mis 125 años equivalen a unos 17 -18 años terrestres.
-¡Vaya! ¡17 - 18 años! - exclamó Diego.
-¿Cuál era ese gran plan? - preguntó Sakura.
-Invadir la Tierra.
-¿Qué? - preguntó Diego sobresaltado.
-Es por mi culpa. Me engañó.
-A ver. Tranquilo, Diego - dijo Sakura para intentar calmar el ambiente.
-Bueno. Me calmo. Ahora continúa, Zongo'o.
-Encontramos un objeto, una especie de caja dorada capaz de abrir un portal hacia una dimensión desconocida. Su idea es encerrar a todos sus enemigos en esa extraña dimensión.
-¡Maldición! - gritó Diego - ¡Te mataré aquí y ahora!
-No... - suplicó Sakura.
-Déjale. Me lo merezco por haberos traído esta situación.
-''¿Por qué me estoy conteniendo?'' - pensó Diego.
-''Me lo estoy imaginando...'' - pensó Gineon.
-Entonces... ¿Por qué te persiguen? - preguntó Sakura tímidamente.
-Soy el único capaz de leer la inscripción que hay en la caja. Todos los demás que lo intenten se les aparece en una extraña y difusa lengua. Pero me niego a leer algo por lo que ha muerto gente.
-¿Muerto gente? - preguntó Diego.
-Sí. Mi compañero murió en la expedición que partió en la búsqueda de ese maldito objeto. Me salvó de un derrumbamiento. Y también alguien muy importante para mí en en una batalla por esa caja. No puedo. No quiero. Por eso van detrás de mi. Querrán que lea la inscripción... y luego me matarán.
-¡Qué horror! - exclamó Sakura.
¿Ni siquiera en el Infierno hay un mínimo de decencia? De acuerdo. Nosotros te protegeremos hasta que te recuperes - dijo Diego.
-No se cómo os lo puedo agradecer.
-Sigue vivo. Para mí es más que suficiente. Que los demonios no te atrapen y te obliguen a leer la inscripción - respondió Diego.
-O moriré antes de que me capturen.
-Por cierto, ¿para cuándo está prevista la invasión? - preguntó Diego.
-Para dentro de algo más de un año - respondió Zongo'o.
-¡Nos prepararemos a fondo! - gritó Ahriel desde el aire.
-¿Y tú de dónde sales? - preguntó Diego.
-De quitar a algunos demonios de en medio. Me he enterado de la invasión.
Diego le contó a Ahriel todo lo que habían hablado con Zongo'o, de mientras que ella los cubría.
-Debemos estar preparados. ¿Estás conmigo Gineon?
-Hasta la muerte.
-Haré lo que pueda - añadió Sakura.
-¿Tú lucharás a nuestro lado? - preguntó Diego.
-Claro. ¿Qué te creías? - contestó Sakura.
-No se. Es que lo que pasa es que rara vez te dejas ver.
-Bueno. También tengo que atender mis asuntos... - respondió Sakura un poco nerviosa.
-Ah.. Bueno... Tienes razón - comentó Diego con incomodidad.
-''Con amor y cariño Diego, con amor y cariño'' - pensó Gineon.
-''Bueno. Algo de razón tienes... ¿Pero qué me haces decir?''
-''Jajajaja''
-Gracias a todos - agradeció Zongo'o.
Zongo'o encontró una casa abandonada en el parque. Era muy vieja, pero habitable. Los demás le ayudaron a instalarse. Consiguieron algunos muebles y comida. Diego le trajo se televisión antigua, aprovechando que ses padres estaban tirando trastos.
-Ha quedado bastante bien - puntualizó Ahriel.
-Pues mira. Deberíamos dedicarnos a esto - dijo Diego.
Después de arreglar la casa, los chicos se fueron. Venían a verlo todos los días para ver si se encontraba mejor y cerciorarse de que no le hubieran atacado los demonios. Gineon lo había curado el día que se instaló.
El hechicero se recuperaba favorablemente. Pero le asustaba la idea de que sus nuevos amigos resultaran heridos, o lo que es peor, muertos, solo por cubrirle.
-''Gracias a todos'' - pensó Zongo'o para su interior - ''Pero no puedo poneros en peligro. Moriré si es necesario y no se podrá abrir la caja''
Una vez decidido, Zongo'o salió por la puerta. Todavía no sabía que rumbo seguir. Pero estaba convencido de que de esa manera los demás no estarían en peligro.
-Verás. Este tipo viene del Reino Oscuro, o como lo llamáis vosotros, el Infierno. Los demonios iban tras él.
-¿Este tipo? Si parece humano... - mencionó Sakura.
-Pero si viene del Infierno, ¿cómo es que lo perseguían los demonios? - se extrañó Diego.
-Socorro... Por favor... - dijo el extraño a duras penas.
-Lleváoslo de aquí - les sugirió Ahriel - Roc y yo nos encargamos de esos demonios.
-Suerte. Si nos enteramos de algo te informaremos - dijo Diego.
Mientras Ahriel y Roc destrozaban a todo demonio que se quisiera acercar, Sakura y Diego se alejaron del lugar, con el chico cargando al extraño. Consiguieron llegar a una parte bastante alejada del parque Miraflores y sentaron al extraño al pie de un árbol.
-¿Cómo es esto posible? - preguntó Gineon con incertidumbre.
-¿Me lo preguntas a mí, que soy un novato en esto? - contestó Diego.
-Es cierto. Perdona.
-No pasa nada. Espera, está moviéndose.
En efecto, se estaba despertando. Ahora si reparaban en su aspecto. Tenía una túnica de color azul oscuro, sobre su vestimenta de color negro. Levaba varios colgantes y anillos. También tenía consigo una botella, el la que había una especie de poción o puede que veneno. Tenía muchos arañazos y magulladuras por toda la parte visible de su cuerpo. Sus ropas estaban rasgadas y sus botas un poco quemadas. Al despertar mostraba una expresión seria, pero a la vez de un innombrable cansancio.
-¡Malvalof! - gritó el desconocido.
-Mavo ¿qué? - preguntó Diego.
El extraño reparó entonces en la presencia de los dos jóvenes y del lugar en el que se encontraba.
-¿Quiénes sois vosotros?
-¿Quién eres tú? - preguntó Diego - Te encontramos tirado en medio de la calle con un grupo de demonios persiguiéndote.
-Ah... Mi cabeza...
-Traeré un poco de agua - dijo Sakura. La chica volvió a los pocos minutos con una botella de agua.
-Gracias... Que falta me hacía.
-Bueno. Ahora que ya estás mejor, cuéntanos todo desde el principio - exigió Diego.
-De acuerdo. Me habéis salvado y es lo justo. Empezaré desde el comienzo. Me llamo Zongo'o y soy un nigromante.
-¿Nigromante? - preguntó Diego con intriga.
-Un hechicero que se especializa en las artes oscuras de la magia y la hechicería - explicó Gineon.
-Comprendo. Pero ¿qué haces aquí? - preguntó Diego.
-Solía ser uno de los hechiceros de confianza del Gran Maligno... o al menos eso era lo que yo pensaba.
-¿El Gran Maligno? No te referirás a... - Diego no concluyó su frase.
-¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre! ¡A saber lo que te pasaría si lo hicieras! - exclamó Zongo'o.
-Vale... Continúa.
-Me enteré de unos de los planes del Gran Maligno, y huí. Corrí hasta más no poder. Vagué durante años y...
-¿Durante años? Espera...¿Cuántos años tienes? - preguntó Diego.
-125 años ¿por?
-¿¡Qué!? Imposible... ¡Pero si parece que tienes mi edad!
-El tiempo no transcurre de igual manera en el Infierno que aquí. Mis 125 años equivalen a unos 17 -18 años terrestres.
-¡Vaya! ¡17 - 18 años! - exclamó Diego.
-¿Cuál era ese gran plan? - preguntó Sakura.
-Invadir la Tierra.
-¿Qué? - preguntó Diego sobresaltado.
-Es por mi culpa. Me engañó.
-A ver. Tranquilo, Diego - dijo Sakura para intentar calmar el ambiente.
-Bueno. Me calmo. Ahora continúa, Zongo'o.
-Encontramos un objeto, una especie de caja dorada capaz de abrir un portal hacia una dimensión desconocida. Su idea es encerrar a todos sus enemigos en esa extraña dimensión.
-¡Maldición! - gritó Diego - ¡Te mataré aquí y ahora!
-No... - suplicó Sakura.
-Déjale. Me lo merezco por haberos traído esta situación.
-''¿Por qué me estoy conteniendo?'' - pensó Diego.
-''Me lo estoy imaginando...'' - pensó Gineon.
-Entonces... ¿Por qué te persiguen? - preguntó Sakura tímidamente.
-Soy el único capaz de leer la inscripción que hay en la caja. Todos los demás que lo intenten se les aparece en una extraña y difusa lengua. Pero me niego a leer algo por lo que ha muerto gente.
-¿Muerto gente? - preguntó Diego.
-Sí. Mi compañero murió en la expedición que partió en la búsqueda de ese maldito objeto. Me salvó de un derrumbamiento. Y también alguien muy importante para mí en en una batalla por esa caja. No puedo. No quiero. Por eso van detrás de mi. Querrán que lea la inscripción... y luego me matarán.
-¡Qué horror! - exclamó Sakura.
¿Ni siquiera en el Infierno hay un mínimo de decencia? De acuerdo. Nosotros te protegeremos hasta que te recuperes - dijo Diego.
-No se cómo os lo puedo agradecer.
-Sigue vivo. Para mí es más que suficiente. Que los demonios no te atrapen y te obliguen a leer la inscripción - respondió Diego.
-O moriré antes de que me capturen.
-Por cierto, ¿para cuándo está prevista la invasión? - preguntó Diego.
-Para dentro de algo más de un año - respondió Zongo'o.
-¡Nos prepararemos a fondo! - gritó Ahriel desde el aire.
-¿Y tú de dónde sales? - preguntó Diego.
-De quitar a algunos demonios de en medio. Me he enterado de la invasión.
Diego le contó a Ahriel todo lo que habían hablado con Zongo'o, de mientras que ella los cubría.
-Debemos estar preparados. ¿Estás conmigo Gineon?
-Hasta la muerte.
-Haré lo que pueda - añadió Sakura.
-¿Tú lucharás a nuestro lado? - preguntó Diego.
-Claro. ¿Qué te creías? - contestó Sakura.
-No se. Es que lo que pasa es que rara vez te dejas ver.
-Bueno. También tengo que atender mis asuntos... - respondió Sakura un poco nerviosa.
-Ah.. Bueno... Tienes razón - comentó Diego con incomodidad.
-''Con amor y cariño Diego, con amor y cariño'' - pensó Gineon.
-''Bueno. Algo de razón tienes... ¿Pero qué me haces decir?''
-''Jajajaja''
-Gracias a todos - agradeció Zongo'o.
Zongo'o encontró una casa abandonada en el parque. Era muy vieja, pero habitable. Los demás le ayudaron a instalarse. Consiguieron algunos muebles y comida. Diego le trajo se televisión antigua, aprovechando que ses padres estaban tirando trastos.
-Ha quedado bastante bien - puntualizó Ahriel.
-Pues mira. Deberíamos dedicarnos a esto - dijo Diego.
Después de arreglar la casa, los chicos se fueron. Venían a verlo todos los días para ver si se encontraba mejor y cerciorarse de que no le hubieran atacado los demonios. Gineon lo había curado el día que se instaló.
El hechicero se recuperaba favorablemente. Pero le asustaba la idea de que sus nuevos amigos resultaran heridos, o lo que es peor, muertos, solo por cubrirle.
-''Gracias a todos'' - pensó Zongo'o para su interior - ''Pero no puedo poneros en peligro. Moriré si es necesario y no se podrá abrir la caja''
Una vez decidido, Zongo'o salió por la puerta. Todavía no sabía que rumbo seguir. Pero estaba convencido de que de esa manera los demás no estarían en peligro.
martes, 5 de abril de 2011
CAPÍTULO 8: COMIENZA LA VERDADERA AMENAZA
-¡LA TIERRA! - gritó Diego.
-Bien hecho - puntualizó Gineon.
Diego destrozó a a tres demonios a la vez usando la energía sagrada. Se había convertido en su técnica favorita por la sensación que producía. Se sentía relajado al sentir la esencia sagrada que reside en todas las cosas. Un alivio casi total. Y luego la disparaba. Sentía como esa energía se fundía con él.
-Cada vez lo haces mejor - le animó Gineon.
-Lo hacemos mejor - corrigió Diego - Estamos juntos en esto.
-Tienes razón. Somos un buen equipo.
-Venga. Continuemos. Ahí vienen dos más. ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que surgieron con el ataque aplastaron a los demonios. Otro más quiso saltar encima de Diego. Pero...
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel apareciendo de la nada.
La guerrera destruyó con su ataque al que saltó.
-¿Qué pasa hoy? ¿Hoy aparecen todos los demonios del mundo a la vez o qué? - preguntó Ahriel.
-Y yo que se. Solo me limito a destruirlos - contestó Diego.
-Maldición. Vienen 6 más. ¡Roc, corta el viento!
El gran ave guardián surgió desde las nubes y bajó en picado hacia los demonios. Nada más descendió, extendió sus alas y originó una gran corriente de aire.
-¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La gran corriente de aire destrozó a los demonios. Pero se acercaron más.
-Esto es interminable... - dijo Ahriel.
-Debemos seguir - añadió Diego.
Otro grupo más de demonios se acercaba a lo lejos.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura.
Sakura se unió de improviso a los otros dos, destrozando a uno de los demonios que se acercaba a más velocidad.
-¿Y quién es esta? - preguntó Ahriel.
-Es Sakura. Creo que es buena persona, aunque un tanto desconfiada.
-Y a Diego... - iba a decir Gineon.
Pero no llegó a terminar su frase. Diego salió corriendo contra los demonios.
-¡Sakura! - exclamó Diego mientras saltaba lo más alto que podía. La chica vio la intención al instante, y saltó sobre Diego, elevándose aún más.
-¡Diego, dame la mano! - gritó Sakura en el aire.
Sin dudarlo, le agarró la mano y consiguió impulsar a Diego más arriba que ella.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Cayó desde el cielo como una bola de rayos gigante hacia los demonios. Cinco se desintegraron y los demás terminaron dañados.
Diego seguía en el aire... Y de pronto se le ocurrió algo nuevo.
-''¿Usar la Ruptura de Tierra en el aire?'' - pensó Diego.
Giro una vez en el aire y reunió energía en su mano.
-Prueba este ataque de lo más novedoso - dijo Diego, a la vez que giraba una vez en el aire - ¡GRAN IMPACTO!
El puño de Diego golpeó en la cabeza a uno de los demonios provocando una onda de choque que desestabilizó al resto. El demonio que sufrió el ataque murió enseguida.
-¿De dónde te has sacado ese ataque? - preguntó Ahriel. Sakura le observaba con curiosidad.
-Mucho tiempo libre - contestó Diego.
Otros tres saltaron sobre ellos. Sakura los frenó con una descarga eléctrica.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. Los tres demonios se desintegraron. Pero apareció un grupo más numeroso que el anterior.
-Interminable no, lo siguiente - mencionó Ahriel.
-Vale. Cubridme - dijo Diego.
Sakura y Ahriel se posicionaron delante de Diego. El chico comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¿Lo vas a usar? - preguntó Ahriel.
No obtuvo respuesta debido al estado de concentración de Diego.
-¡La esencia sagrada que reside en todas las cosas está con nosotros! - exclamó Gineon - ¡Ahora juntos!
-¡LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
El masivo ataque acabó con el grupo de demonios, que eran unos 15.
-Se acabó... - dijo Sakura.
-Eso espero. Sería una paliza continuar - mencionó Diego.
Pero no. Más demonios aparecieron. Aunque iban en otra dirección. Los tres guerreros se alejaron del instituto, lugar que estaba siendo atacado.
-Luego nos vemos - dijo Ahriel - ¡Vamos Roc! Si descubro lo que sucede os lo digo.
-Ten cuidado, amigo-amiga.
-¿Amigo-amiga?
-Sabes a lo que me refiero.
-Ah si. Me voy. ¡Vamos!
Ahriel y el Águila Imperial se alejaron y siguieron a los demonios.
-¿Estás bien? - preguntó Diego dirigiéndose a Sakura.
-Si.
-Eso es bueno. Por cierto ¿cómo me has encontrado en Tuenti?
-Buscando durante un rato. Al final te encontré por una foto en la que apareces tú y unos amigos tuyos en el parque del Alamillo.
-Ah... Vale... - respondió Diego, con algo de nerviosismo.
-''¿Qué te pasa Diego?'' - preguntó Gineon desde el interior de Diego y resistiendo la tentación de reírse.
-''Nada. ¿Qué me debería pasar?''
-''Mejor me callo...'' - dijo Gineon con cierta ironía.
-''Te he oído'' - mencionó Diego para su interior.
-¿Ocurre algo? - preguntó Sakura.
-No. Esto... ¿Me debería ocurrir algo? - preguntó Diego, nervioso.
-No...Nada. Olvídalo - contestó Sakura igual de nerviosa que Diego.
-''O sea que a ella también le ocurre lo mismo'' - puntualizó Gineon.
-''¿Y ahora qué ocurre?'' - pensó Diego.
-''Nada''
Diego y Sakura fueron andando por las calles de Pino Montano. Recorrieron prácticamente todo el barrio. Diego estaba pilladísimo. No sabía si decirle algo. Sakura tenía una expresión seria, pero también se le notaba algo de nerviosismo. Legaron al Telepizza y Diego llevaba algo de dinero encima. Entraron a comer pizza y beber Coca-Cola. Diego fue el que rompió el hielo.
-En tu perfil apareces que eres de Almería. ¿Qué haces aquí en Sevilla?
-Resulta que estoy en un equipo femenino de baloncesto y durante un mes hay un torneo aquí.
-Ah...¿Cuándo jugáis?
-Dentro de dos días comienza el torneo. Podéis venir a vernos si queréis.
-''¿Podéis?'' ¿Plural? - preguntó Diego.
-Si. Tú y tu amigo el ángel. Se que sois dos. Tranquilo. No se lo diré a nadie.
-Gracias.
Ese fue el final de la conversación. Se oyó un fuerte ruido afuera. Los dos salieron del local para ver que es lo que sucedía. Eran dos demonios causando disturbios, pero Diego y Sakura consiguieron derrotarlos al poco tiempo.
Pero repararon en lo más curioso: cuando desintegraron a los demonios, había alguien tirado con unos extraños atuendos.
-¡Diego! - gritó Ahriel. Ya se por qué nos atacaban.
-Ayuda... - masculló el extraño, que estaba herido.
-¿El signo del infierno? No creo... enmudeció Ahriel.
CONTINUARÁ...
-Bien hecho - puntualizó Gineon.
Diego destrozó a a tres demonios a la vez usando la energía sagrada. Se había convertido en su técnica favorita por la sensación que producía. Se sentía relajado al sentir la esencia sagrada que reside en todas las cosas. Un alivio casi total. Y luego la disparaba. Sentía como esa energía se fundía con él.
-Cada vez lo haces mejor - le animó Gineon.
-Lo hacemos mejor - corrigió Diego - Estamos juntos en esto.
-Tienes razón. Somos un buen equipo.
-Venga. Continuemos. Ahí vienen dos más. ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que surgieron con el ataque aplastaron a los demonios. Otro más quiso saltar encima de Diego. Pero...
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel apareciendo de la nada.
La guerrera destruyó con su ataque al que saltó.
-¿Qué pasa hoy? ¿Hoy aparecen todos los demonios del mundo a la vez o qué? - preguntó Ahriel.
-Y yo que se. Solo me limito a destruirlos - contestó Diego.
-Maldición. Vienen 6 más. ¡Roc, corta el viento!
El gran ave guardián surgió desde las nubes y bajó en picado hacia los demonios. Nada más descendió, extendió sus alas y originó una gran corriente de aire.
-¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La gran corriente de aire destrozó a los demonios. Pero se acercaron más.
-Esto es interminable... - dijo Ahriel.
-Debemos seguir - añadió Diego.
Otro grupo más de demonios se acercaba a lo lejos.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura.
Sakura se unió de improviso a los otros dos, destrozando a uno de los demonios que se acercaba a más velocidad.
-¿Y quién es esta? - preguntó Ahriel.
-Es Sakura. Creo que es buena persona, aunque un tanto desconfiada.
-Y a Diego... - iba a decir Gineon.
Pero no llegó a terminar su frase. Diego salió corriendo contra los demonios.
-¡Sakura! - exclamó Diego mientras saltaba lo más alto que podía. La chica vio la intención al instante, y saltó sobre Diego, elevándose aún más.
-¡Diego, dame la mano! - gritó Sakura en el aire.
Sin dudarlo, le agarró la mano y consiguió impulsar a Diego más arriba que ella.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Cayó desde el cielo como una bola de rayos gigante hacia los demonios. Cinco se desintegraron y los demás terminaron dañados.
Diego seguía en el aire... Y de pronto se le ocurrió algo nuevo.
-''¿Usar la Ruptura de Tierra en el aire?'' - pensó Diego.
Giro una vez en el aire y reunió energía en su mano.
-Prueba este ataque de lo más novedoso - dijo Diego, a la vez que giraba una vez en el aire - ¡GRAN IMPACTO!
El puño de Diego golpeó en la cabeza a uno de los demonios provocando una onda de choque que desestabilizó al resto. El demonio que sufrió el ataque murió enseguida.
-¿De dónde te has sacado ese ataque? - preguntó Ahriel. Sakura le observaba con curiosidad.
-Mucho tiempo libre - contestó Diego.
Otros tres saltaron sobre ellos. Sakura los frenó con una descarga eléctrica.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. Los tres demonios se desintegraron. Pero apareció un grupo más numeroso que el anterior.
-Interminable no, lo siguiente - mencionó Ahriel.
-Vale. Cubridme - dijo Diego.
Sakura y Ahriel se posicionaron delante de Diego. El chico comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¿Lo vas a usar? - preguntó Ahriel.
No obtuvo respuesta debido al estado de concentración de Diego.
-¡La esencia sagrada que reside en todas las cosas está con nosotros! - exclamó Gineon - ¡Ahora juntos!
-¡LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
El masivo ataque acabó con el grupo de demonios, que eran unos 15.
-Se acabó... - dijo Sakura.
-Eso espero. Sería una paliza continuar - mencionó Diego.
Pero no. Más demonios aparecieron. Aunque iban en otra dirección. Los tres guerreros se alejaron del instituto, lugar que estaba siendo atacado.
-Luego nos vemos - dijo Ahriel - ¡Vamos Roc! Si descubro lo que sucede os lo digo.
-Ten cuidado, amigo-amiga.
-¿Amigo-amiga?
-Sabes a lo que me refiero.
-Ah si. Me voy. ¡Vamos!
Ahriel y el Águila Imperial se alejaron y siguieron a los demonios.
-¿Estás bien? - preguntó Diego dirigiéndose a Sakura.
-Si.
-Eso es bueno. Por cierto ¿cómo me has encontrado en Tuenti?
-Buscando durante un rato. Al final te encontré por una foto en la que apareces tú y unos amigos tuyos en el parque del Alamillo.
-Ah... Vale... - respondió Diego, con algo de nerviosismo.
-''¿Qué te pasa Diego?'' - preguntó Gineon desde el interior de Diego y resistiendo la tentación de reírse.
-''Nada. ¿Qué me debería pasar?''
-''Mejor me callo...'' - dijo Gineon con cierta ironía.
-''Te he oído'' - mencionó Diego para su interior.
-¿Ocurre algo? - preguntó Sakura.
-No. Esto... ¿Me debería ocurrir algo? - preguntó Diego, nervioso.
-No...Nada. Olvídalo - contestó Sakura igual de nerviosa que Diego.
-''O sea que a ella también le ocurre lo mismo'' - puntualizó Gineon.
-''¿Y ahora qué ocurre?'' - pensó Diego.
-''Nada''
Diego y Sakura fueron andando por las calles de Pino Montano. Recorrieron prácticamente todo el barrio. Diego estaba pilladísimo. No sabía si decirle algo. Sakura tenía una expresión seria, pero también se le notaba algo de nerviosismo. Legaron al Telepizza y Diego llevaba algo de dinero encima. Entraron a comer pizza y beber Coca-Cola. Diego fue el que rompió el hielo.
-En tu perfil apareces que eres de Almería. ¿Qué haces aquí en Sevilla?
-Resulta que estoy en un equipo femenino de baloncesto y durante un mes hay un torneo aquí.
-Ah...¿Cuándo jugáis?
-Dentro de dos días comienza el torneo. Podéis venir a vernos si queréis.
-''¿Podéis?'' ¿Plural? - preguntó Diego.
-Si. Tú y tu amigo el ángel. Se que sois dos. Tranquilo. No se lo diré a nadie.
-Gracias.
Ese fue el final de la conversación. Se oyó un fuerte ruido afuera. Los dos salieron del local para ver que es lo que sucedía. Eran dos demonios causando disturbios, pero Diego y Sakura consiguieron derrotarlos al poco tiempo.
Pero repararon en lo más curioso: cuando desintegraron a los demonios, había alguien tirado con unos extraños atuendos.
-¡Diego! - gritó Ahriel. Ya se por qué nos atacaban.
-Ayuda... - masculló el extraño, que estaba herido.
-¿El signo del infierno? No creo... enmudeció Ahriel.
CONTINUARÁ...
sábado, 2 de abril de 2011
POEMA AL SER QUERIDO
¡Desafortunado destino enhiesto!
La lluvia, el trueno, el viento.
Nada falta, todo está dispuesto.
Es tu espada, el reflejo del rayo.
escorrentía de cristales...
¿por qué tornas al rojo?
Arrodillada ante mí
me recordó aquel día
¿qué te hicieron?
Suena el trueno
en la sangría yaces,
tu aliento se apaga.
El brillo de tus ojos
que antaño siniestros
pureza marina desolada
El viento helado, calmó las olas
tus perlas se cierran, mi locura causa
Una parte de mí emerge, otra muere.
solo me queda decir algo...
¡QUÉ EL MUNDO TIEMBLE!
sábado, 26 de marzo de 2011
CAPÍTULO 7: ELEMENTOS
Se levantó una tormenta muy fuerte. El viento no dejaba de azotar los árboles. El cielo estaba totalmente oscurecido.
Sakura pasó corriendo cerca del río Guadalquivir ese día. Algo le perturbaba. Notó una extraña presencia. No era ningún de demonio ni nada parecido. Se detuvo delante del puente de Isabel II. No había nadie, era imposible que hubiera alguien en la calle en esa noche de tormenta. De repente, la chica vio a alguien. Parecía un humano, pero desprendía un aura bastante poderosa.
-¿Diego...? - preguntó titubeando Sakura.
No. No era Diego. Era otro humano, con poderes.
-¿Quién...quién eres tú? - preguntó Sakura.
Una ola surgió de las aguas caudalosas del río, que embistió a Sakura. La ola se transformó en un torbellino acuático que se hacía más fuerte con la lluvia. La chica consiguió liberarse con mucho esfuerzo tras lanzar una descarga eléctrica contra el torbellino.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura. Cortó el viento con su patada y originó un tornado. El desconocido paró el ataque con las manos. Sakura se apartó.
-Muéstrate - exigió Sakura.
El desconocido sacó una vara dorada. Un bastón de oro. Lo golpeó contra el suelo. Solo con ese movimiento pudo sacudir la tierra. Sakura tambaleó y se cayó. Después de eso, el torbellino acuático se regeneró. Sakura se recuperó y pudo saltar sobre el torbellino, con lo que consiguió estar a gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó Sakura. La chica caía envuelta en rayos, ayudada además por la electricidad originada por la tormenta. Era el ataque más fuerte que se hubiera visto.
El desconocido golpeó otra vez la vara contra el suelo, levantando una pared de aire, que aspiraba las partículas eléctricas que conformaban el ataque.
Un trueno cayó en un árbol y se quemó. Y el desconocido apartó las llamas del árbol, formando una gigantesca bola de fuego. Lanzó esa bola, imposible para que Sakura pudiera evitarla, por lo que recibió el impacto. La chica se desmayó y el desconocido desapareció.
-¡Rápido Gineon! ¡Vamos! ¡Lo he sentido!
-¿Sentido el qué?
-Tengo un mal presentimiento.
Era un fin de semana, un Sábado para ser exactos. Diego quiso salir a otros lugares de Sevilla puesto que los demonios se estaban movilizando por toda la ciudad.
Diego llegó al río Guadalquivir y encontró a Sakura desmayada.
-¿Qué ha pasado aquí? - se preguntó Gineon.
-¡Sakura! ¡Despierta! - gritó Diego.
-Yo me encargo de esto - dijo el ángel.
Gineon extendió su mano, y sacando su espada brillante pudo restaurar a la chica.
-...¿Qué...?¿Qué me ha pasado?¿Diego?¿Qué haces tú aquí? - preguntó Sakura, algo mareada.
-Eso mismo te iba a preguntar yo ahora.
-Me atacaron.
-¿¡Quién ha sido!? - preguntó Diego elevando la voz.
-No lo se. No era un demonio. Es más, ni siquiera desprendía energía oscura. Ninguno de mis ataques le hizo daño.
-¡Maldito sea! ¡Lo encontraré! - afirmó Diego.
-Ya me encuentro mejor. Me voy ya - dijo Sakura, incorporándose, pero a punto estuvo de caer.
-Mejor que me quede aquí contigo hasta que te recuperes.
-¿Por qué?
-¿Por qué ''qué''?
-¿Por qué te quedas aquí conmigo? - preguntó Sakura.
-Sería un desconsiderado, digo yo. Estando tu así, no te voy a dejar tirada - contestó Diego, un poco nervioso.
-Pues... gracias.
-De nada.
Pasó algo más de una hora cuando Sakura se recuperó. En ese espacio de tiempo hablaron acerca del desconocido, que tenía ataques de todo tipo.
-Ahora si que me voy. Hasta otra - dijo Sakura - Gracias por todo.
La chica se alejó corriendo hacia el centro de Sevilla.
-Espera... dijo Diego, pero no llegó a tiempo.
Diego se quedó pensando. Su mirada se dirigía hacia el centro, donde se fue Sakura.
-Que le vaya bien... - suspiró Diego.
-Creo que ya se por donde van los tiros - añadió Gineon, no sin cierta picardía.
-¿Qué quieres decir?
-Que estabas bastante seguro al acercarte a este lugar.
-¿No pensarás...?
-No. Yo solo digo que sabías que aquí pasaba algo. Y luego tu manera de hablar, bastante correcto y otros detalles...
-Imaginaciones tuyas Gineon, imaginaciones tuyas.
-¿Tu crees? - preguntó Gineon con ironía.
-Ya habrá tiempo para eso - concluyó Diego - Vámonos, mejor, que luego mis padres me matarán a preguntas del estilo ''¿Por qué has llegado a esta hora?''
Se fueron rápidamente a casa. Por suerte, no le preguntaron apenas nada.
Diego se sentó en el ordenador a ver un par de capítulos de Inuyasha, le entró sueño y se fue a dormir.
Al día siguiente se levantó bastante tarde, cerca de las 13:00. Era Domingo, así que tampoco le preocupaba mucho la hora. Salió de su cama y fue a la cocina a coger un pastelito. La cocina estaba impregnada con el olor a pollo que estaba preparando su madre. Sus hermanos habían salido al parque a jugar con su padre. Diego se duchó, se vistió y fue también al parque.
Llegó a esa zona donde apenas pasaba nadie, bastante alejada de donde se encontraban sus hermanos. Escuchó una pequeña explosión. Diego se acercó al lugar y vio a lo lejos al Águila Imperial.
-Démonos prisa - dijo Gineon.
Al llegar, encontraron a Ahriel defendiéndose de unas llamaradas. Eran doce demonios. El líder podía disparar fuego. Algunos de los demonios consiguieron encadenar a Roc.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Las rocas emergieron del suelo, y salieron disparadas contra algunos de los demonios que rodeaban a la guerrera.
-¡Hombre! ¡Mira quien está aquí! - exclamó Ahriel, mientras se defendía de un ataque con la Dominio Aéreo.
-Pero hay que ser inútil para dejarse atrapar por unos demonios - aclaró Diego.
-¡AAAAAAAAAA! - rugió el líder de ese grupo de demonios. Una llamarada salió de su mano y Diego tuvo que saltar para esquivarla.
-¿Con qué inútil? Si te iba a dar...
-Dejémoslo para luego - sugirió Diego.
-Detrás de ti - advirtió Gineon.
Los demonios que se habían caído por el Rompe Rocas se levantaron y corrieron para cargar contra Diego y Ahriel.
-¿Ah sí? ¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel agitando su espada de doble hoja. Consiguió a tumbar a dos demonios.
-Me toca - Diego atacó con su espada a los demonios que encadenaban a Roc - ¿Ves? No eran gran cosa...
-¡Rodeadlos! - dijo el líder de los demonios. El resto del grupo de demonios apareció alrededor de los dos guerreros.
-¿Te crees que no vamos a poder? - preguntó Diego - Podremos, y hasta con facilidad.¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El chico derribó a dos demonios a la vez provocando una grieta en el suelo en el suelo.
Ahriel se unió al ataque alzando el vuelo y atacando a los cuatro que tenían encadenados a Roc.
Parecían débiles, pero eran demonios con una gran capacidad de aguante. Habían sobrevivido tanto a la espada de Diego como al corte de la Dominio Aéreo de Ahriel.
-¿Os creéis que somos débiles? - preguntó el líder enfadado - ¡No sabéis con quién os habéis metido!
El líder se encendió, extendió sus brazos y empezó a disparar fuego en todas direcciones.
-¡Roc! ¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La poderosa corriente de aire chocó con algunos de los disparos, pero otros siguieron su curso. Algunos llegaron al suelo, otros chocaron contra unos árboles, otros les llegaban a Diego y Ahriel que los repelían como podían. De todo.
E líder se encendió aún más. Levantó las manos y originó una gran bola de magma y apuntó hacia los dos guerreros.
-¡Tomad esto malditos!
La bola de magma gigante se dirigía hacia Diego y Ahriel. Pero no llegó a su objetivo. Una muralla de fuego les protegió. Diego miró a su alrededor y no habían árboles quemándose ni la hierba ardiendo. Era como si esas llamas que antes quemaban todo ahora les protegieran. Peor ¿quién había sido?
Un desconocido se acercó. Por detrás de él apareció una ola gigante proveniente de un pequeño río que había cerca. Consiguió barrer a todos los demonios con esa ola. Y luego despareció en el acto.
-''¿Será un nuevo enemigo?'' - pensó Gineon.
-''No lo sé. Al menos nos ha librado de esta amenaza. Si hubiera sido un demonio, nos habría atacado. En cambio nos protegió. Un momento... Sakura...
Diego se acordó de su conversación con Sakura y se acordó del desconocido que la atacó.
-Tenemos que hacernos más fuertes Gineon, como sea. No puedo permitir que a Sakura la hayan atacado de esa manera.
-Mmm... - dijo Gineon con cierta ironía.
-¿Cómo que ''Mmm''? - preguntó Diego.
-Esto... nada, nada. Pero bueno. Tienes razón. Debemos hacernos más fuertes para que estas situaciones no se repitan.
-Yo también me esforzaré al máximo - añadió Fran, que acababa de volver a su forma humana.
-Contamos contigo.
-Hasta el final.
Caminaron hacia la salida del parque. Hablaron durante un rato y luego cada uno se fue a su casa.
Diego puso su lista de reproducción en el ordenador nada más llegar a casa. Se conectó al Tuenti y nada más apareció la página de Inicio tenía una petición de amistad... ¡De Sakura!
-¿Cómo me ha encontrado?
-No lo sé - dijo Gineon - Estarás contento ¿no?
-¿Por?
-Te ha agregado - Gineon se aguantaba la risa.
-Bueno. A ver sise conecta un día y le pregunto como está que me dejó preocupado.
-*Suenan las campanas de...* - dijo Gineon.
Pero Diego ahora tenía la cabeza puesta en fortalecerse, para hacerle frente a ese desconocido.
Sakura pasó corriendo cerca del río Guadalquivir ese día. Algo le perturbaba. Notó una extraña presencia. No era ningún de demonio ni nada parecido. Se detuvo delante del puente de Isabel II. No había nadie, era imposible que hubiera alguien en la calle en esa noche de tormenta. De repente, la chica vio a alguien. Parecía un humano, pero desprendía un aura bastante poderosa.
-¿Diego...? - preguntó titubeando Sakura.
No. No era Diego. Era otro humano, con poderes.
-¿Quién...quién eres tú? - preguntó Sakura.
Una ola surgió de las aguas caudalosas del río, que embistió a Sakura. La ola se transformó en un torbellino acuático que se hacía más fuerte con la lluvia. La chica consiguió liberarse con mucho esfuerzo tras lanzar una descarga eléctrica contra el torbellino.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura. Cortó el viento con su patada y originó un tornado. El desconocido paró el ataque con las manos. Sakura se apartó.
-Muéstrate - exigió Sakura.
El desconocido sacó una vara dorada. Un bastón de oro. Lo golpeó contra el suelo. Solo con ese movimiento pudo sacudir la tierra. Sakura tambaleó y se cayó. Después de eso, el torbellino acuático se regeneró. Sakura se recuperó y pudo saltar sobre el torbellino, con lo que consiguió estar a gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó Sakura. La chica caía envuelta en rayos, ayudada además por la electricidad originada por la tormenta. Era el ataque más fuerte que se hubiera visto.
El desconocido golpeó otra vez la vara contra el suelo, levantando una pared de aire, que aspiraba las partículas eléctricas que conformaban el ataque.
Un trueno cayó en un árbol y se quemó. Y el desconocido apartó las llamas del árbol, formando una gigantesca bola de fuego. Lanzó esa bola, imposible para que Sakura pudiera evitarla, por lo que recibió el impacto. La chica se desmayó y el desconocido desapareció.
-¡Rápido Gineon! ¡Vamos! ¡Lo he sentido!
-¿Sentido el qué?
-Tengo un mal presentimiento.
Era un fin de semana, un Sábado para ser exactos. Diego quiso salir a otros lugares de Sevilla puesto que los demonios se estaban movilizando por toda la ciudad.
Diego llegó al río Guadalquivir y encontró a Sakura desmayada.
-¿Qué ha pasado aquí? - se preguntó Gineon.
-¡Sakura! ¡Despierta! - gritó Diego.
-Yo me encargo de esto - dijo el ángel.
Gineon extendió su mano, y sacando su espada brillante pudo restaurar a la chica.
-...¿Qué...?¿Qué me ha pasado?¿Diego?¿Qué haces tú aquí? - preguntó Sakura, algo mareada.
-Eso mismo te iba a preguntar yo ahora.
-Me atacaron.
-¿¡Quién ha sido!? - preguntó Diego elevando la voz.
-No lo se. No era un demonio. Es más, ni siquiera desprendía energía oscura. Ninguno de mis ataques le hizo daño.
-¡Maldito sea! ¡Lo encontraré! - afirmó Diego.
-Ya me encuentro mejor. Me voy ya - dijo Sakura, incorporándose, pero a punto estuvo de caer.
-Mejor que me quede aquí contigo hasta que te recuperes.
-¿Por qué?
-¿Por qué ''qué''?
-¿Por qué te quedas aquí conmigo? - preguntó Sakura.
-Sería un desconsiderado, digo yo. Estando tu así, no te voy a dejar tirada - contestó Diego, un poco nervioso.
-Pues... gracias.
-De nada.
Pasó algo más de una hora cuando Sakura se recuperó. En ese espacio de tiempo hablaron acerca del desconocido, que tenía ataques de todo tipo.
-Ahora si que me voy. Hasta otra - dijo Sakura - Gracias por todo.
La chica se alejó corriendo hacia el centro de Sevilla.
-Espera... dijo Diego, pero no llegó a tiempo.
Diego se quedó pensando. Su mirada se dirigía hacia el centro, donde se fue Sakura.
-Que le vaya bien... - suspiró Diego.
-Creo que ya se por donde van los tiros - añadió Gineon, no sin cierta picardía.
-¿Qué quieres decir?
-Que estabas bastante seguro al acercarte a este lugar.
-¿No pensarás...?
-No. Yo solo digo que sabías que aquí pasaba algo. Y luego tu manera de hablar, bastante correcto y otros detalles...
-Imaginaciones tuyas Gineon, imaginaciones tuyas.
-¿Tu crees? - preguntó Gineon con ironía.
-Ya habrá tiempo para eso - concluyó Diego - Vámonos, mejor, que luego mis padres me matarán a preguntas del estilo ''¿Por qué has llegado a esta hora?''
Se fueron rápidamente a casa. Por suerte, no le preguntaron apenas nada.
Diego se sentó en el ordenador a ver un par de capítulos de Inuyasha, le entró sueño y se fue a dormir.
Al día siguiente se levantó bastante tarde, cerca de las 13:00. Era Domingo, así que tampoco le preocupaba mucho la hora. Salió de su cama y fue a la cocina a coger un pastelito. La cocina estaba impregnada con el olor a pollo que estaba preparando su madre. Sus hermanos habían salido al parque a jugar con su padre. Diego se duchó, se vistió y fue también al parque.
Llegó a esa zona donde apenas pasaba nadie, bastante alejada de donde se encontraban sus hermanos. Escuchó una pequeña explosión. Diego se acercó al lugar y vio a lo lejos al Águila Imperial.
-Démonos prisa - dijo Gineon.
Al llegar, encontraron a Ahriel defendiéndose de unas llamaradas. Eran doce demonios. El líder podía disparar fuego. Algunos de los demonios consiguieron encadenar a Roc.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Las rocas emergieron del suelo, y salieron disparadas contra algunos de los demonios que rodeaban a la guerrera.
-¡Hombre! ¡Mira quien está aquí! - exclamó Ahriel, mientras se defendía de un ataque con la Dominio Aéreo.
-Pero hay que ser inútil para dejarse atrapar por unos demonios - aclaró Diego.
-¡AAAAAAAAAA! - rugió el líder de ese grupo de demonios. Una llamarada salió de su mano y Diego tuvo que saltar para esquivarla.
-¿Con qué inútil? Si te iba a dar...
-Dejémoslo para luego - sugirió Diego.
-Detrás de ti - advirtió Gineon.
Los demonios que se habían caído por el Rompe Rocas se levantaron y corrieron para cargar contra Diego y Ahriel.
-¿Ah sí? ¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel agitando su espada de doble hoja. Consiguió a tumbar a dos demonios.
-Me toca - Diego atacó con su espada a los demonios que encadenaban a Roc - ¿Ves? No eran gran cosa...
-¡Rodeadlos! - dijo el líder de los demonios. El resto del grupo de demonios apareció alrededor de los dos guerreros.
-¿Te crees que no vamos a poder? - preguntó Diego - Podremos, y hasta con facilidad.¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El chico derribó a dos demonios a la vez provocando una grieta en el suelo en el suelo.
Ahriel se unió al ataque alzando el vuelo y atacando a los cuatro que tenían encadenados a Roc.
Parecían débiles, pero eran demonios con una gran capacidad de aguante. Habían sobrevivido tanto a la espada de Diego como al corte de la Dominio Aéreo de Ahriel.
-¿Os creéis que somos débiles? - preguntó el líder enfadado - ¡No sabéis con quién os habéis metido!
El líder se encendió, extendió sus brazos y empezó a disparar fuego en todas direcciones.
-¡Roc! ¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La poderosa corriente de aire chocó con algunos de los disparos, pero otros siguieron su curso. Algunos llegaron al suelo, otros chocaron contra unos árboles, otros les llegaban a Diego y Ahriel que los repelían como podían. De todo.
E líder se encendió aún más. Levantó las manos y originó una gran bola de magma y apuntó hacia los dos guerreros.
-¡Tomad esto malditos!
La bola de magma gigante se dirigía hacia Diego y Ahriel. Pero no llegó a su objetivo. Una muralla de fuego les protegió. Diego miró a su alrededor y no habían árboles quemándose ni la hierba ardiendo. Era como si esas llamas que antes quemaban todo ahora les protegieran. Peor ¿quién había sido?
Un desconocido se acercó. Por detrás de él apareció una ola gigante proveniente de un pequeño río que había cerca. Consiguió barrer a todos los demonios con esa ola. Y luego despareció en el acto.
-''¿Será un nuevo enemigo?'' - pensó Gineon.
-''No lo sé. Al menos nos ha librado de esta amenaza. Si hubiera sido un demonio, nos habría atacado. En cambio nos protegió. Un momento... Sakura...
Diego se acordó de su conversación con Sakura y se acordó del desconocido que la atacó.
-Tenemos que hacernos más fuertes Gineon, como sea. No puedo permitir que a Sakura la hayan atacado de esa manera.
-Mmm... - dijo Gineon con cierta ironía.
-¿Cómo que ''Mmm''? - preguntó Diego.
-Esto... nada, nada. Pero bueno. Tienes razón. Debemos hacernos más fuertes para que estas situaciones no se repitan.
-Yo también me esforzaré al máximo - añadió Fran, que acababa de volver a su forma humana.
-Contamos contigo.
-Hasta el final.
Caminaron hacia la salida del parque. Hablaron durante un rato y luego cada uno se fue a su casa.
Diego puso su lista de reproducción en el ordenador nada más llegar a casa. Se conectó al Tuenti y nada más apareció la página de Inicio tenía una petición de amistad... ¡De Sakura!
-¿Cómo me ha encontrado?
-No lo sé - dijo Gineon - Estarás contento ¿no?
-¿Por?
-Te ha agregado - Gineon se aguantaba la risa.
-Bueno. A ver sise conecta un día y le pregunto como está que me dejó preocupado.
-*Suenan las campanas de...* - dijo Gineon.
Pero Diego ahora tenía la cabeza puesta en fortalecerse, para hacerle frente a ese desconocido.
sábado, 19 de marzo de 2011
CAPÍTULO 6: RUGE CON FUERZA, LA TIERRA
Era Lunes. Pero Diego no se lo tomaba mal. Los que daban Proyecto Integrado de Inglés entraban una hora más tarde, a las 09:00, y eso era un alivio. El poder dormir una hora más para poder afrontar la jornada.
Diego se levantó a las 08:00, un poco dolorido después de la paliza que le propinó Ahriel la noche anterior. Pero por alguna razón no estaba enfadado; eso le motivaba para mejorar. Además pensaba que la cara de la guerrera le sonaba, que la había visto en otro lugar.
Javi y Mary lo esperaban después de que Diego hiciera su rutina de 4 fases: ducharse, vestirse, desayunar e irse.
Poco había de que hablar, salvo de esas corrientes de aire del día anterior. Llegaron a las 09:00 al instituto para la clase de Matemáticas. Es una de las asignaturas que más le gustan a Diego; aunque la asignatura sea difícil, le gustan las historias que cuenta su profesor, José Manuel Reyes. Ese día contó una historia relacionada con la cultura oriental. El profesor había leído algo sobre una leyenda de una espada doble. Diego pensó en esa espada, la visualizó... ¡Era el arma que portaba Ahriel!
La Dominio Aéreo, la única espada doble que se podía desmontar formando dos espadas. Se dice que tiene el poder de crear grietas en el aire, solo si la usa alguien verdaderamente fuerte.
-Algún arma - proseguía su profesor - muy poderosa o muy bien hecha deberían haber tenido los señores feudales japoneses hace siglos para que surgiera esta leyenda. O al menos eso es lo que pienso. De todos modos los japoneses siempre cuentan las cosas a su manera. Aunque no por eso debemos considerarlos diferentes. Su cultura posiblemente vaya más adelantada que la nuestra.
Física, Recreo, Tecnología, Informática e Historia. Así se le pasó el día. En el recreo se enteró de que Fran había faltado a clase ese día. Es raro en ese chico que falte. Nunca suele faltar. Ahora que se daba cuenta, la cara de Ahriel le sonaba bastante a la de Fran, pero rápidamente desechó esa idea de que su amigo fuera la guerrera que lo machacó el día anterior.
Al terminar las clases Diego, Javi y Mary se fueron rápidamente a sus casas. Diego su puso su lista de reproducción del Ares, y se dedicó a documentarse sobre Los Halconeros. Apenas había información y la poca que había era muy difusa. Estudió a fondo la leyenda de la espada doble, la Dominio Aéreo.
*Solo el poseedor de la Dominio Aéreo será capaz de dominar el viento*
Gineon intervino y explicó que con esa espada, Ahriel era capaz de llamar al Águila Imperial.
Siguieron buscando más información. Solo encontraron vestigios, fragmentos, pero nada concreto. Alguna que otra leyenda de humanos que volaban como las aves. Pero lo que más le llamó la atención a Diego fue la imagen difusa de un templo, y un guerreo alzando la Dominio Aéreo. ¡Era Ahriel! Imposible. La imagen corresponde a un templo cuya fecha está datada de hace 4000 años. Pero la guerrera que se enfrentó a Diego la noche anterior era una chica joven.
Siguieron así hasta la noche. Luego salieron a patrullar la zona y volvieron al cabo de una hora, después de haber derrotado a un demonio.
Además de lo de Ahriel, Diego tenía otra preocupación: controlar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Al día siguiente, Martes, Diego se levantó a las 10:00. La razón era que que los que daban Biología y Ciencias del Mundo Contemporáneo se iban de excursión a Emasesa. A los pocos que quedaban les dieron el día libre. Diego hizo su típica rutina y fue al parque, ahora que tenía tiempo.
-A ver si hoy conseguimos algo nuevo - comentó Gineon.
Volvieron a ir al mismo lugar de la otra vez. No había absolutamente nadie. Diego vació su mente. Solo lo acariciaba la brisa. A Gineon le pasaba exactamente lo mismo. Ambos sincronizaron sus mentes y se fundieron en una sola. Percibían la energía sagrada que rodeaba el ambiente. Podían sentirla. Lo complicado ahora era reunir toda esa energía en su mano y soltarla en un ataque. Después de concentrarse en lo más profundo, consiguió formar una pequeña bola de energía que disparó contra un árbol cercano. La bola se desvaneció antes de llegar al árbol. Diego no se rendía y siguió insistiendo. Debía dominar esa energía para contrarrestar el Viento Real de Ahriel. Si no lo conseguía, creería que no era adecuado que alguien como él protegiera a la gente.
-¡Otra vez! - dijo Diego, cansado.
Concentró la energía sagrada en su mano, que se iluminó de tal manera que le llegaba a quemar. Disparó la energía contra un árbol.
-No me lo creo... - dijo Diego, atónito.
-Lo has conseguido - respondió Gineon.
En efecto, así era. Una descarga de energía salió de la mano de Diego, impactando contra el árbol, que caía al suelo debido a la descarga.
-Puedo atacar con esta energía. Puede que sea lo que necesite contra Ahriel.
-Será mejor no confiarnos - le aconsejó Gineon.
-Tienes razón.
Diego volvió a su casa, comió y se conectó a Internet. Puso esa dichosa lista de reproducción a la vez que hablaba con gente por Tuenti. Javi, que le contaba que estaba muy bien este día libre y demás. Luego se puso a ver Inuyasha. Por la tarde salió, con el pretexto de que iba a la biblioteca buscar información para un trabajo.
-¡Vaya! ¡Un demonio! - señaló Gineon.
-Vamos, rápido - dijo Diego sin darse un respiro - ¡RUPTURA DE TIERRA!
El demonio se desvaneció en cuestión de segundos.
De repente sintió una corriente de aire muy fuerte. Y una gran sombra lo cubría. Era Roc, el Águila Imperial.
-Vaya, vaya , vaya. ¿Qué tenemos aquí? - soltó Ahriel.
-Quiero la revancha, Ahriel.
-¿Qué te hace pensar que pasará algo distinto que lo que sucedió hace dos días?
-Porque confío en nosotros.
-De acuerdo. Comprobemos lo que has mejorado - dijo Ahriel a la vez que se lanzaba con su espada doble para atacar a Diego. El chico consiguió parar el ataque con su espada.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Quería que las rocas fueran hacia Ahriel. La guerrera las apartó usando al Águila Imperial.
-¿Usando otra vez los mismos trucos? - preguntó Ahriel - No me vencerás de esa manera.
Pero se descuidó.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - Diego alcanzó a Ahriel con su ataque, lanzándola metros hacia atrás. Se abrió una grieta en el suelo.
-¡Nada mal! ¡Pero no es suficiente! ¡Prepárate para recibir el ataque de Roc!
Una gran corriente de aire se originó alrededor del ave guardián. Descendió a la superficie y empezó a batir sus alas. La intención era darle a Diego con el ataque que lo tumbó la última vez: Viento Real, pero esta vez de frente.
Pero Ahriel se llevó una sorpresa. Diego no estaba asustado ni nada parecido, a pesar de que ya había comprobado los daños de su ataque.
-¿Qué haces ahí de pie? - se extrañó la guerrera.
La energía sagrada comenzó a reunirse alrededor de Diego. Cogió toda la energía que pudo.
-La esencia sagrada que reside en todas las cosas... - dijo Gineon. ''¿Realmente lo conseguirá?''
-¿Qué está sucediendo? - preguntó Ahriel.
Diego permanecía inmóvil ante el inminente ataque de Roc.
Toda la energía... Diego la reunió a su alrededor provocando ondas de energía que hicieron vacilar a Ahriel.
-La energía sagrada terrestre es nuestra aliada... - dijo Gineon, con un tono firme y decisivo.
-¡Prueba nuestra fusión con el planeta! ¡Ruge con fuerza, LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
Toda la energía sagrada que había se reunió en a mano de Diego, que golpeó el suelo, originando un gran disparo de energía.
-¡VIENTO REAL!- gritó Ahriel. La poderosa corriente de aire se dirigía hacia Diego.
Ambos ataques colisionaron.
-Con este poder... ¡¡¡No nos puedes vencer!!! - exclamó Diego.
La Tierra superó al Viento Real. La energía sagrada rompió a la gran corriente de aire, alcanzando al Águila Imperial. Se produjo un gran estallido y se levantó una gran cortina de humo. Al disiparse, se dieron cuenta de que el ave guardián estaba herida en el suelo. Y Ahriel estaba conmocionada.
-¿Es posible? ¿Nos han superado?
Sin apenas respirar, Diego se lanzó contra Ahriel.
¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El ataque alcanzó definitivamente a Ahriel, creando una grieta en el suelo, aún mayor que la anterior.
Ahriel estaba en el suelo, indefensa. Diego la tenía a su merced. Sacó su espada. Pero no le hizo daño.
-¿No me vas a matar?
-No... no es a mi a quien le corresponde quitarte la vida.
De repente, Ahriel comenzó a brillar, adoptando otra forma. Ahora tenía una vestimenta normal, como cualquier persona común. Sin alas. Era... ¡Era Fran!
-¿Qué? - preguntó Gineon.
-¿Qué es esto? - preguntó Diego, extrañado.
-Verás - dijo Ahriel desde el interior de Fran - Fran y yo estamos en el mismo cuerpo. Escapé de un grupo de Demonios Mayores hace tiempo. Tuve que esconderme en el cuerpo de un chico, ya que lo intenté en el de una chica y automáticamente adquiría la misma apariencia que yo. En el cuerpo de Fran nadie me reconocería.
-Guardaré tu secreto.
-Gracias - dijo Fran - Hasta mañana en el instituto.
Fran se alejó hacia su casa. Diego no lo entendió muy bien al principio. Pero le agradaba la ideo que uno de sus amigos pudiera luchar a su lado.
Diego se levantó a las 08:00, un poco dolorido después de la paliza que le propinó Ahriel la noche anterior. Pero por alguna razón no estaba enfadado; eso le motivaba para mejorar. Además pensaba que la cara de la guerrera le sonaba, que la había visto en otro lugar.
Javi y Mary lo esperaban después de que Diego hiciera su rutina de 4 fases: ducharse, vestirse, desayunar e irse.
Poco había de que hablar, salvo de esas corrientes de aire del día anterior. Llegaron a las 09:00 al instituto para la clase de Matemáticas. Es una de las asignaturas que más le gustan a Diego; aunque la asignatura sea difícil, le gustan las historias que cuenta su profesor, José Manuel Reyes. Ese día contó una historia relacionada con la cultura oriental. El profesor había leído algo sobre una leyenda de una espada doble. Diego pensó en esa espada, la visualizó... ¡Era el arma que portaba Ahriel!
La Dominio Aéreo, la única espada doble que se podía desmontar formando dos espadas. Se dice que tiene el poder de crear grietas en el aire, solo si la usa alguien verdaderamente fuerte.
-Algún arma - proseguía su profesor - muy poderosa o muy bien hecha deberían haber tenido los señores feudales japoneses hace siglos para que surgiera esta leyenda. O al menos eso es lo que pienso. De todos modos los japoneses siempre cuentan las cosas a su manera. Aunque no por eso debemos considerarlos diferentes. Su cultura posiblemente vaya más adelantada que la nuestra.
Física, Recreo, Tecnología, Informática e Historia. Así se le pasó el día. En el recreo se enteró de que Fran había faltado a clase ese día. Es raro en ese chico que falte. Nunca suele faltar. Ahora que se daba cuenta, la cara de Ahriel le sonaba bastante a la de Fran, pero rápidamente desechó esa idea de que su amigo fuera la guerrera que lo machacó el día anterior.
Al terminar las clases Diego, Javi y Mary se fueron rápidamente a sus casas. Diego su puso su lista de reproducción del Ares, y se dedicó a documentarse sobre Los Halconeros. Apenas había información y la poca que había era muy difusa. Estudió a fondo la leyenda de la espada doble, la Dominio Aéreo.
*Solo el poseedor de la Dominio Aéreo será capaz de dominar el viento*
Gineon intervino y explicó que con esa espada, Ahriel era capaz de llamar al Águila Imperial.
Siguieron buscando más información. Solo encontraron vestigios, fragmentos, pero nada concreto. Alguna que otra leyenda de humanos que volaban como las aves. Pero lo que más le llamó la atención a Diego fue la imagen difusa de un templo, y un guerreo alzando la Dominio Aéreo. ¡Era Ahriel! Imposible. La imagen corresponde a un templo cuya fecha está datada de hace 4000 años. Pero la guerrera que se enfrentó a Diego la noche anterior era una chica joven.
Siguieron así hasta la noche. Luego salieron a patrullar la zona y volvieron al cabo de una hora, después de haber derrotado a un demonio.
Además de lo de Ahriel, Diego tenía otra preocupación: controlar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Al día siguiente, Martes, Diego se levantó a las 10:00. La razón era que que los que daban Biología y Ciencias del Mundo Contemporáneo se iban de excursión a Emasesa. A los pocos que quedaban les dieron el día libre. Diego hizo su típica rutina y fue al parque, ahora que tenía tiempo.
-A ver si hoy conseguimos algo nuevo - comentó Gineon.
Volvieron a ir al mismo lugar de la otra vez. No había absolutamente nadie. Diego vació su mente. Solo lo acariciaba la brisa. A Gineon le pasaba exactamente lo mismo. Ambos sincronizaron sus mentes y se fundieron en una sola. Percibían la energía sagrada que rodeaba el ambiente. Podían sentirla. Lo complicado ahora era reunir toda esa energía en su mano y soltarla en un ataque. Después de concentrarse en lo más profundo, consiguió formar una pequeña bola de energía que disparó contra un árbol cercano. La bola se desvaneció antes de llegar al árbol. Diego no se rendía y siguió insistiendo. Debía dominar esa energía para contrarrestar el Viento Real de Ahriel. Si no lo conseguía, creería que no era adecuado que alguien como él protegiera a la gente.
-¡Otra vez! - dijo Diego, cansado.
Concentró la energía sagrada en su mano, que se iluminó de tal manera que le llegaba a quemar. Disparó la energía contra un árbol.
-No me lo creo... - dijo Diego, atónito.
-Lo has conseguido - respondió Gineon.
En efecto, así era. Una descarga de energía salió de la mano de Diego, impactando contra el árbol, que caía al suelo debido a la descarga.
-Puedo atacar con esta energía. Puede que sea lo que necesite contra Ahriel.
-Será mejor no confiarnos - le aconsejó Gineon.
-Tienes razón.
Diego volvió a su casa, comió y se conectó a Internet. Puso esa dichosa lista de reproducción a la vez que hablaba con gente por Tuenti. Javi, que le contaba que estaba muy bien este día libre y demás. Luego se puso a ver Inuyasha. Por la tarde salió, con el pretexto de que iba a la biblioteca buscar información para un trabajo.
-¡Vaya! ¡Un demonio! - señaló Gineon.
-Vamos, rápido - dijo Diego sin darse un respiro - ¡RUPTURA DE TIERRA!
El demonio se desvaneció en cuestión de segundos.
De repente sintió una corriente de aire muy fuerte. Y una gran sombra lo cubría. Era Roc, el Águila Imperial.
-Vaya, vaya , vaya. ¿Qué tenemos aquí? - soltó Ahriel.
-Quiero la revancha, Ahriel.
-¿Qué te hace pensar que pasará algo distinto que lo que sucedió hace dos días?
-Porque confío en nosotros.
-De acuerdo. Comprobemos lo que has mejorado - dijo Ahriel a la vez que se lanzaba con su espada doble para atacar a Diego. El chico consiguió parar el ataque con su espada.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Quería que las rocas fueran hacia Ahriel. La guerrera las apartó usando al Águila Imperial.
-¿Usando otra vez los mismos trucos? - preguntó Ahriel - No me vencerás de esa manera.
Pero se descuidó.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - Diego alcanzó a Ahriel con su ataque, lanzándola metros hacia atrás. Se abrió una grieta en el suelo.
-¡Nada mal! ¡Pero no es suficiente! ¡Prepárate para recibir el ataque de Roc!
Una gran corriente de aire se originó alrededor del ave guardián. Descendió a la superficie y empezó a batir sus alas. La intención era darle a Diego con el ataque que lo tumbó la última vez: Viento Real, pero esta vez de frente.
Pero Ahriel se llevó una sorpresa. Diego no estaba asustado ni nada parecido, a pesar de que ya había comprobado los daños de su ataque.
-¿Qué haces ahí de pie? - se extrañó la guerrera.
La energía sagrada comenzó a reunirse alrededor de Diego. Cogió toda la energía que pudo.
-La esencia sagrada que reside en todas las cosas... - dijo Gineon. ''¿Realmente lo conseguirá?''
-¿Qué está sucediendo? - preguntó Ahriel.
Diego permanecía inmóvil ante el inminente ataque de Roc.
Toda la energía... Diego la reunió a su alrededor provocando ondas de energía que hicieron vacilar a Ahriel.
-La energía sagrada terrestre es nuestra aliada... - dijo Gineon, con un tono firme y decisivo.
-¡Prueba nuestra fusión con el planeta! ¡Ruge con fuerza, LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
Toda la energía sagrada que había se reunió en a mano de Diego, que golpeó el suelo, originando un gran disparo de energía.
-¡VIENTO REAL!- gritó Ahriel. La poderosa corriente de aire se dirigía hacia Diego.
Ambos ataques colisionaron.
-Con este poder... ¡¡¡No nos puedes vencer!!! - exclamó Diego.
La Tierra superó al Viento Real. La energía sagrada rompió a la gran corriente de aire, alcanzando al Águila Imperial. Se produjo un gran estallido y se levantó una gran cortina de humo. Al disiparse, se dieron cuenta de que el ave guardián estaba herida en el suelo. Y Ahriel estaba conmocionada.
-¿Es posible? ¿Nos han superado?
Sin apenas respirar, Diego se lanzó contra Ahriel.
¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El ataque alcanzó definitivamente a Ahriel, creando una grieta en el suelo, aún mayor que la anterior.
Ahriel estaba en el suelo, indefensa. Diego la tenía a su merced. Sacó su espada. Pero no le hizo daño.
-¿No me vas a matar?
-No... no es a mi a quien le corresponde quitarte la vida.
De repente, Ahriel comenzó a brillar, adoptando otra forma. Ahora tenía una vestimenta normal, como cualquier persona común. Sin alas. Era... ¡Era Fran!
-¿Qué? - preguntó Gineon.
-¿Qué es esto? - preguntó Diego, extrañado.
-Verás - dijo Ahriel desde el interior de Fran - Fran y yo estamos en el mismo cuerpo. Escapé de un grupo de Demonios Mayores hace tiempo. Tuve que esconderme en el cuerpo de un chico, ya que lo intenté en el de una chica y automáticamente adquiría la misma apariencia que yo. En el cuerpo de Fran nadie me reconocería.
-Guardaré tu secreto.
-Gracias - dijo Fran - Hasta mañana en el instituto.
Fran se alejó hacia su casa. Diego no lo entendió muy bien al principio. Pero le agradaba la ideo que uno de sus amigos pudiera luchar a su lado.
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