El instituto quedaba cerrado momentáneamente para reparar todos los destrozos de ese combate. Contaban con dos semanas para arreglarlo.
Durante esas dos semanas, Diego y sus amigos se dedicaron a buscar a Zongo'o, para averiguar más detalles. sobre la invasión.
Las clases se habían suspendido hasta terminar las reparaciones. Diego aprovechaba cada rato libre para prepararse en caso de que la invasión ocurriera antes de tiempo.
Diego caminaba solo por la calle Mª Auxiliadora. Había quedado con el resto de sus amigos en Plaza del Duque. Todavía era mediodía. Cuando llegó a esa red de calles que hay en el centro, reparó en una sombra escurridiza que iba de un lado a otro.
-¿Será un demonio? - preguntó Diego.
-Averiguemóslo - dijo Gineon.
Llegaron donde estaba esa sombra. Se movía, pero no para atacarles. La sombra se materializó y se convirtió en un lobo. Su pelaje era blanco como la nieve, con el lomo de color azul. Le hacía señales a Diego.
-Creo que quiere que lo sigamos - puntualizó Gineon - Aunque será mejor tener cuidado.
-No averiguaremos nada si seguimos aquí parados. No sabemos si tiene que ver, o no, con la invasión. Pero será mejor comprobarlo ahora mismo.
El lobo comenzó a caminar. Diego le seguía.
-¿Adónde nos llevará? - preguntó Gineon.
-¿Me lo preguntas a mí? - contestó Diego.
Siguieron adelante. De pronto, Diego se dio cuenta de que estaba en una zona del centro desconocida para él. Se dio la vuelta y para su sorpresa, detrás suya habían árboles. Un bosque amplio se extendía a sus espaldas. No había ni rastro de las calles por las que había pasado anteriormente.
-¿Dónde estamos? - preguntó Diego.
-Ni idea - contestó Gineon con expresión de asombro.
Legaron a un claro del bosque. Les costó llegar debido a que era una cuesta. Una vez que se pararon, Diego alzó la vista y se dio cuenta de que el bosque estaba en una montaña. Y los árboles tenían la punta blanca. Montaña arriba los árboles se tornaban blancos. Era nieve. Diego se quedó un buen rato contemplando el paisaje, desconocido para él. Nunca había estado cerca de una cantidad significativa de nieve. Solo en Sevilla, en invierno de 2010, vio un poco, pero eran minucias; no llegó a acumularse nada.
El lobo hizo una señal y siguieron adelante. Diego seguía al lobo y se pararon cada cierto tiempo para admirar el paisaje. Estaban llegando a una parte de la montaña donde prácticamente todo era blanco.
-Me alegra a este lobo. Por fin veo la nieve - comentó Diego.
-Lo mismo digo - añadió Gineon.
-¿En el Reino Espiritual no nieva?
-Siempre hace un tiempo ideal, pero estas son cosas que no se ven allí.
-Pues nada. Por fin tenemos la oportunidad de contemplar semejante paisaje
-Me gusta este sitio.
Se quedaron de pie. El viento les molestaba, pero a Diego y Gineon les daba igual. Solo estaban de pie mientras caían los copos de nieve. Diego extendió su mano para intentar coger algunos copos, pero a los pocos minutos la apartó porque se estaba congelando. Gineon comenzó a reírse.
De pronto se le vino a Diego una imagen familiar. Se le vino a la cabeza la imagen de Sakura. Creía que estaba ahí, a su lado.
-''¡Qué bonito!'' - pensó Gineon.
-''Ojalá los demás pudieran ver esto''
-''En especial...''
-''En especial Sakura. Sí, me gustaría que... ¿pero qué estoy diciendo? Deja de hacerme decir esas cosas, Gineon.
-''Si tú lo dices...''
Diego sabía en realidad que no podía ocultarle nada a Gineon. Para qué esforzarse. Gineon sabía de sobra sus sentimientos hacia Sakura. Y que no era capaz de decirle nada. Se quedó un rato meditando sobre ese asunto.
-''De acuerdo'' - pensó Diego - ''Ella y yo hemos luchado ya varias veces juntos. Nos hemos ayudado mutuamente y...''
-'' ...y parece que ella también siente lo mismo por ti. Así que ¿de que tienes miedo?''
''Temo a su rechazo. Verás Gineon. Hace algunos años intenté hacer lo mismo con otra chica. Y pasó de mí. Desde entonces he tirado la toalla con respecto a este tema. Ese es mi gran temor.''
-''No te rindas. Ella siente lo mismo por ti. No irá del todo mal.''
-''Pero tampoco quiero hacerme demasiadas ilusiones. Es lo que te dije antes. Temo a que me doga que no. Creo que esta vez no lo soportaría y entraría en depresión.''
''¡Diego! ¡Arriba ese ánimo! ¡Ten confianza! ¿O es que la confianza que tienes cuando combatimos a los demonios no te vale para estas situaciones? Si te rechaza, ella se lo pierde. Aunque dudo que te rechace.
No serás el más guapo del mundo, pero tu corazón es de oro. ¡Venga! ¡Di que sí!''
-''Menos mal que te tengo a ti, amigo.
-''Para eso estoy. Somos amigos, ¿verdad? Piensa en positivo. Piensa es que irás, te plantarás delante de Sakura y le dirás lo que sientes por ella. No digo que sea fácil, pero para ti, que te has enfrentado a criaturas que la raza humana no debería conocer, debería ser sencillo."
-"Lo realizaré en cuanto pueda."
-"¡Sí señor! ¡Así se habla!"
Los dos se quedaron mirando el horizonte. La nieve seguía cayendo. Diego pensó que si estuviera, el paisaje sería idílico para una declaración. Lo extraño es que comenzó a oscurecer y se veían las estrellas, a pesar de la nieve. Las estrellas marcaban una especie de camino. Y su luz se posaba directamente sobre Diego y Gineon. Una pequeña brisa provocaba un susurro en los árboles. Parecía más bien un bosque encantado. Desprendía una especie de aura purificadora que producía una sensación de paz. La Luna se alzaba en el cielo, junto con las estrellas. Un espectáculo no artificial, sino natural. Las luces estelares, las distancias las formas, algún animalillo que pasaba por ahí. Nada parecía del mundo que Diego conocía. Gineon no tenía idea de donde se encontraban. Diego se preguntó si seguían en la Tierra, y el lobo movió la cabeza de arriba hacia abajo, asintiendo. El lobo se paró y aulló hacia la Luna; luego continuaron su camino.
Se estaban acercando a la cima e la montaña. Con dificultad terminaron de recorrer lo que les quedaba de trayecto, debido a la nieve acumulada. Solo el lobo avanzaba si dificultad. Siguieron montaña arriba y llegaron a lo que parecía una cueva. Y Diego reparó en lo que había allí.
-¿Quién es? - preguntó Diego.
-Ni idea. Pero al otro hay que destruirlo ya - respondió Gineon.
Delante de la cueva había alguien tirao en el suelo. Y una gárgola con expresión amenazante delante de él. Sin pararse a pensar, Diego inició el ataque.
-Ya es que aparecen hasta fuera de Sevilla. Esto es mareante. ¡RUPTURA DE TIERRA!
La gárgola voló unos metros hacia atrás a la vez que se abría una grieta en el suelo. La bestia alzó el vuelo e intentó embestir al chico.
-¡Demasiado fácil! ¡GRAN IMPACTO!
El ataque golpeó en la cabeza a la gárgola, y le partió un cuerno.
-¿Tan fácil es? - preguntó Gineon.
-Para una ez que lo tenemos en bandeja, no nos podemos quejar.
Pero no lo tenían en bandeja. Tres gárgolas más aparecieron a sus espaldas. Todas echaron a volar hacia Diego. Aguantó como pudo los embistes con su espada.
-¡No lo conseguiremos!
-¡No pierdas la esperanza! No nos podemos permitir el morir aquí. No con la invasión que se avecina.
-Y sobre todo...
-"Sobre tdo..."
-Debo seguir vivo para volver a verla.
-Venga. ¡Dales fuerte!
De pronto, el que se encontraba incosciente se levantó.
-¿Necesitas ayuda, forastero?
-No me vendría mal. Y tú eres...
-Nerayoury. Esas malditas gárgolas me atcaron por la esplada. Por eso me encontraste así.
-Me llamo Diego. Y este de aquí es Gineon.
-Un placer. ¿Acabamos con ellos?
El aspecto de Nerayoury era de un joven, de unos 15-16 añosy llevaba ropa hecha de piel de lobo. Sobresalían su fuerza y velocidad.
-¡PATADA ICEBERG! - exclamó Nerayoury. Su pierna izquierda se congeló y golperó a las gárgolas, una por una. Todas perdieron el quilibrio por el impacto y cayeron al suelo.
-"Que fuerza..." - pensó Gineon.
Entonces Diego comenzó a reunir la energía sagrada. Nerayoury advirtió el movimiento y dió un salto.
-¡LA TIERRA!
El poder del ataque terminó con las gárgolas.
-Acabamos... Bueno, ¿qué os trae por aquí?
-Legamos aquí siguiendo a un lobo, un lobo de pelaje blanco y azul y... Diego no acabó la frase. Se había dado cuenta de que el lobo había desaparecido.
-De cualquier manera, gracias por vuestra ayuda. Me gustaría devolveros el favor. Vosotros venís de una gran ciudad ¿no?
-Sí, y nos gustaría regresar. Se llama Sevilla.
-Casualidades de la vida. La puerta que hay en aquel árbol - dijo el chico- lobo señalando un árbol aparentemente normal - lleva a ese sitio.
-De acuerdo. Nos vamos. Espero que nos volvamos a encontrar, Nerayoury.
-Hasta otra.
Diego y Gineon fueron al árbol y se vieron de repente en Plaza Ponce de León, al lado de una parada de autobús.
-¿Qué? ¡Imposible! ¿Solo han pasado 5 minutos? - dijo Diego.
-Que raro... Bueno los demás nos están esperando.
-Tienes razón. Vámonos.
Al llegar a la Plaza del Duque, solo estaba Sakura, que esperaba de una maera impaciente.
PRÓXIMO CAPÍTULO: UNA DECLARACIÓN IMPOSIBLE
miércoles, 25 de mayo de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
CAPÍTULO 10: LA FUERZA DE LOS ELEMENTOS
Eran las 07:00. Diego se levantó para ir al instituto. Aunque ahora iba con una mentalidad distinta. Ya no es solo por sacarse el bachillerato. Ahora su obligación, su deber, es protegerlos. Protegerlos a todos de los demonios.
Lo bueno es que cuenta con su amigo Fran para defender el edificio. Aunque tenía miedo de defraudar a sus amigos.
-¿Preparado? - preguntó Fran.
-Sí. Mejor estar atentos. Me estoy viendo venir lo peor - dijo Diego.
Era un día Martes y tenían Tecnología a primera hora. Nadie traía hecho el ejercicio propuesto para ese día, salvo Santi. Santi salió a la pizarra a lucir conocimientos. Diego y Fran tenían la cabeza puesta en defender el instituto en caso de un posible ataque.
Fue nada más tocar el timbre al finalizar la hora y vinieron unos profesores a evacuar a los alumnos. La clase de Tecnología bajó rápidamente las escaleras. en dirección al patio. Allí se reunieron con el resto de alumnos del edificio. Todos estaban ahí, Todos menos Diego y Fran. Diego fue al servicio para cambiarse; se había comprado un chándal negro y unos botines negros. Así se sentía más cómodo para combatir. Fran se refugió en la casa abandonada del instituto para cambiar de forma. Los dos se reunieron en un rincón del patio.
-Aguántalos... - dijo Gineon.
-¿¡Pero dónde están!? - preguntó Diego.
-¡A tu derecha! - gritó Ahriel.
Venía un grupo de seis demonios con ánimo de destruir todo lo que había a su paso.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Consiguió con las rocas desequilibrar a los demonios. Luego los remató con la espada.
Un demonio volador de gran tamaño venía a atacar. Era una gárgola. La intervención de la gárgola se vio frustrada por el ataque Viento Real de Roc, el Águila Imperial.
-¡Dale fuerte, pájaro! - gritaban el resto de alumnos, que miraban boquiabiertos la pelea que se estaba desarrollando.
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel, a la vez que usaba su espada doble para ayudar a Roc.
-¡GRAN IMPACTO! - gritó Diego, a la vez que saltaba y daba una vuelta en el aire, golpeando con fuerza a la gárgola y desintegrándola.
-¡Bieeeeeeeen! ¡Toma ya! ¡Son la caña! - exclamaban los espectadores.
-Cubridme. Ahí vienen más. Lo voy a usar.
-Vale.
Ahriel y Roc lanzaron sendas corrientes de aire para dificultar el paso de los demonios. Mientras tanto, Diego apartó a todos los demás para que no resultaran heridos con su ataque. Una vez que consiguió que la gente se alejara, Diego se posicionó unos metros detrás de Ahriel y comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¡Ahriel! ¡Tú y Roc! ¡Apartaos! - gritó Diego, cuando iba a golpear el suelo. La chica y el Águila Imperial se apartaron - ¡No sabéis lo que habéis hecho viniendo aquí! ¡Comprobad nuestra fuerza! ¡LA TIERRA!
La energía sagrada perforó el suelo y alcanzó a los demonios.
-Bien hecho - puntualizó Ahriel.
-¡Detrás de ti! ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego, protegiendo a la guerrera con su ataque. Alcanzó a dos demonios en pleno salto con su ataque a la vez que abría una grieta en el suelo.
De pronto escucharon una explosión procedente del otro edificio. Más demonios irrumpían violentamente destrozando el lugar.
-¡No puede ser! ¡No...! - exclamó Diego.
-¡Son demasiados! ¡No podemos cubrir tanto terreno nosotros solos! - dijo Ahriel.
Pero de repente uno de los demonios salió volando por los aires, electrizado. Otro salió volando en otra dirección y parecía que lo hubiera golpeado un tornado.
-¡PATADA TORNADO!
-¡Sakura! ¡ Has venido! - exclamó Diego emocionado.
-Vine en cuanto escuché las explosiones. ¿Estás bien? - preguntó Sakura.
-Aquí tirando. Gracias por ayudarnos.
-Esto - titubeó Ahriel - Chicos. No se si interrumpo algo, pero ¡cuidado con esa bola de fuego!
Pero esa bola no iba para ellos. Iba hacia los demonios.
-Pero qué... ¿Qué es esto? - preguntó Gineon.
-Es él... - dijo Sakura.
Era el desconocido que atacó a Sakura hace algunos días. El mismo que al poco tiempo salvó a Diego y Ahriel de los demonios y su líder de fuego. Nuevamente aparecía para sacarles del apuro, aunque desconocían su identidad.
La bola de fuego desintegró a cinco demonios a la vez. Barrió al resto golpeando su bastón de oro contra el suelo provocando un gran terremoto. Previamente había puesto a salvo a los alumnos y profesorado haciéndolos flotar.
-Ha sido fácil - dijo el desconocido.
-Gracias por tu ayuda. ¿Quién eres? - preguntó Diego.
El desconocido bajó su capucha. Y ante el asombro de Diego y Ahriel se reveló su identidad.
-No creo... - dijo Fran que volvía a su forma humana.
-¡Tú! ¡Pedro! ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? - preguntó Diego, atónito por la revelación.
En efecto, era su amigo Pedro. Quien lo iba a pensar. Aunque a estas alturas Diego ya se lo tragaba casi todo.
-¿Qué pasa? Claro. No te lo había había comentado... Jeje - dijo Pedro.
.¿¡No me lo habías comentado!? Y tú si que sabías lo mío. Y por si fuera poco atacaste a Sakura y además...
Bueno. Calmaos - dijo Fran.
-Se que os lo tendría que haber contado pero no quiero que allí arriba se enteren de esto.
-¿Allí arriba? - preguntó Gineon - ¿Vienes de arriba?
-Más o menos. Pertenezco a ambos mundos.
-Esto... A ver. Explicadme que ando un poco perdido - dijo Diego.
-Verás - explicó Gineon - Tú amigo, por lo que he visto, es un avatar. Tiene el poder de controlar los elementos. Pero lo que no me entra es que tienes que ver tú con el Reino Espiritual.
-¿Reino Espiritual?
-Lo que los humanos llamáis ''el Cielo''.
Tengo una esencia en mi interior. Algo que todavía no despierta. y esa esencia procede del Reino Espiritual. Por eso tengo que ver con ellos. Prometí ser su aliado a cambio de que yo pudiera desarrollar esa esencia.
-Claro. Pero entonces... ¡yo he oído hablar de ti! Pero te llamabas de otra forma ¿no? - dijo Gineon.
-Para proteger mi identidad, los ángeles me sugirieron que cambiara de nombre. El nombre por el que tú me conoces es Alan.
-De acuerdo. Pero ¡Pedro, joder! ¿A que venía el atacar a Sakura?
-Solo era para comprobar su fuerza. Dio unas sensaciones bastantes buenas. Ahora que todos nos conocemos podemos luchar todos juntos.
-¡Si! - exclamó Fran.
-No suena mal - dijo Sakura.
-Y nosotros no nos quedamos atrás ¿eh? - añadió Diego.
-Por supuesto - contestó Gineon.
-Además he conseguido informarme de lo de ese hechicero - dijo Pedro.
-¡Vayamos a visitarlo! - sugirió Sakura.
-Vale. Veamos cómo se encuentra - dijo Diego.
El grupo se dirigió a la casa abandonada de Zongo'o en el parque. Antes de llegar, encontraron a unos demonios a quienes destruyeron rápidamente. Una vez desintegrados, prosiguieron su camino.
-Irían a por Zongo'o - dijo Diego - ¡Démonos prisa!
Pero al llegar encontraron la casa vacía. Diego reparó en una nota que había sobre la mesa.
Lo bueno es que cuenta con su amigo Fran para defender el edificio. Aunque tenía miedo de defraudar a sus amigos.
-¿Preparado? - preguntó Fran.
-Sí. Mejor estar atentos. Me estoy viendo venir lo peor - dijo Diego.
Era un día Martes y tenían Tecnología a primera hora. Nadie traía hecho el ejercicio propuesto para ese día, salvo Santi. Santi salió a la pizarra a lucir conocimientos. Diego y Fran tenían la cabeza puesta en defender el instituto en caso de un posible ataque.
Fue nada más tocar el timbre al finalizar la hora y vinieron unos profesores a evacuar a los alumnos. La clase de Tecnología bajó rápidamente las escaleras. en dirección al patio. Allí se reunieron con el resto de alumnos del edificio. Todos estaban ahí, Todos menos Diego y Fran. Diego fue al servicio para cambiarse; se había comprado un chándal negro y unos botines negros. Así se sentía más cómodo para combatir. Fran se refugió en la casa abandonada del instituto para cambiar de forma. Los dos se reunieron en un rincón del patio.
-Aguántalos... - dijo Gineon.
-¿¡Pero dónde están!? - preguntó Diego.
-¡A tu derecha! - gritó Ahriel.
Venía un grupo de seis demonios con ánimo de destruir todo lo que había a su paso.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Consiguió con las rocas desequilibrar a los demonios. Luego los remató con la espada.
Un demonio volador de gran tamaño venía a atacar. Era una gárgola. La intervención de la gárgola se vio frustrada por el ataque Viento Real de Roc, el Águila Imperial.
-¡Dale fuerte, pájaro! - gritaban el resto de alumnos, que miraban boquiabiertos la pelea que se estaba desarrollando.
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel, a la vez que usaba su espada doble para ayudar a Roc.
-¡GRAN IMPACTO! - gritó Diego, a la vez que saltaba y daba una vuelta en el aire, golpeando con fuerza a la gárgola y desintegrándola.
-¡Bieeeeeeeen! ¡Toma ya! ¡Son la caña! - exclamaban los espectadores.
-Cubridme. Ahí vienen más. Lo voy a usar.
-Vale.
Ahriel y Roc lanzaron sendas corrientes de aire para dificultar el paso de los demonios. Mientras tanto, Diego apartó a todos los demás para que no resultaran heridos con su ataque. Una vez que consiguió que la gente se alejara, Diego se posicionó unos metros detrás de Ahriel y comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¡Ahriel! ¡Tú y Roc! ¡Apartaos! - gritó Diego, cuando iba a golpear el suelo. La chica y el Águila Imperial se apartaron - ¡No sabéis lo que habéis hecho viniendo aquí! ¡Comprobad nuestra fuerza! ¡LA TIERRA!
La energía sagrada perforó el suelo y alcanzó a los demonios.
-Bien hecho - puntualizó Ahriel.
-¡Detrás de ti! ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego, protegiendo a la guerrera con su ataque. Alcanzó a dos demonios en pleno salto con su ataque a la vez que abría una grieta en el suelo.
De pronto escucharon una explosión procedente del otro edificio. Más demonios irrumpían violentamente destrozando el lugar.
-¡No puede ser! ¡No...! - exclamó Diego.
-¡Son demasiados! ¡No podemos cubrir tanto terreno nosotros solos! - dijo Ahriel.
Pero de repente uno de los demonios salió volando por los aires, electrizado. Otro salió volando en otra dirección y parecía que lo hubiera golpeado un tornado.
-¡PATADA TORNADO!
-¡Sakura! ¡ Has venido! - exclamó Diego emocionado.
-Vine en cuanto escuché las explosiones. ¿Estás bien? - preguntó Sakura.
-Aquí tirando. Gracias por ayudarnos.
-Esto - titubeó Ahriel - Chicos. No se si interrumpo algo, pero ¡cuidado con esa bola de fuego!
Pero esa bola no iba para ellos. Iba hacia los demonios.
-Pero qué... ¿Qué es esto? - preguntó Gineon.
-Es él... - dijo Sakura.
Era el desconocido que atacó a Sakura hace algunos días. El mismo que al poco tiempo salvó a Diego y Ahriel de los demonios y su líder de fuego. Nuevamente aparecía para sacarles del apuro, aunque desconocían su identidad.
La bola de fuego desintegró a cinco demonios a la vez. Barrió al resto golpeando su bastón de oro contra el suelo provocando un gran terremoto. Previamente había puesto a salvo a los alumnos y profesorado haciéndolos flotar.
-Ha sido fácil - dijo el desconocido.
-Gracias por tu ayuda. ¿Quién eres? - preguntó Diego.
El desconocido bajó su capucha. Y ante el asombro de Diego y Ahriel se reveló su identidad.
-No creo... - dijo Fran que volvía a su forma humana.
-¡Tú! ¡Pedro! ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? - preguntó Diego, atónito por la revelación.
En efecto, era su amigo Pedro. Quien lo iba a pensar. Aunque a estas alturas Diego ya se lo tragaba casi todo.
-¿Qué pasa? Claro. No te lo había había comentado... Jeje - dijo Pedro.
.¿¡No me lo habías comentado!? Y tú si que sabías lo mío. Y por si fuera poco atacaste a Sakura y además...
Bueno. Calmaos - dijo Fran.
-Se que os lo tendría que haber contado pero no quiero que allí arriba se enteren de esto.
-¿Allí arriba? - preguntó Gineon - ¿Vienes de arriba?
-Más o menos. Pertenezco a ambos mundos.
-Esto... A ver. Explicadme que ando un poco perdido - dijo Diego.
-Verás - explicó Gineon - Tú amigo, por lo que he visto, es un avatar. Tiene el poder de controlar los elementos. Pero lo que no me entra es que tienes que ver tú con el Reino Espiritual.
-¿Reino Espiritual?
-Lo que los humanos llamáis ''el Cielo''.
Tengo una esencia en mi interior. Algo que todavía no despierta. y esa esencia procede del Reino Espiritual. Por eso tengo que ver con ellos. Prometí ser su aliado a cambio de que yo pudiera desarrollar esa esencia.
-Claro. Pero entonces... ¡yo he oído hablar de ti! Pero te llamabas de otra forma ¿no? - dijo Gineon.
-Para proteger mi identidad, los ángeles me sugirieron que cambiara de nombre. El nombre por el que tú me conoces es Alan.
-De acuerdo. Pero ¡Pedro, joder! ¿A que venía el atacar a Sakura?
-Solo era para comprobar su fuerza. Dio unas sensaciones bastantes buenas. Ahora que todos nos conocemos podemos luchar todos juntos.
-¡Si! - exclamó Fran.
-No suena mal - dijo Sakura.
-Y nosotros no nos quedamos atrás ¿eh? - añadió Diego.
-Por supuesto - contestó Gineon.
-Además he conseguido informarme de lo de ese hechicero - dijo Pedro.
-¡Vayamos a visitarlo! - sugirió Sakura.
-Vale. Veamos cómo se encuentra - dijo Diego.
El grupo se dirigió a la casa abandonada de Zongo'o en el parque. Antes de llegar, encontraron a unos demonios a quienes destruyeron rápidamente. Una vez desintegrados, prosiguieron su camino.
-Irían a por Zongo'o - dijo Diego - ¡Démonos prisa!
Pero al llegar encontraron la casa vacía. Diego reparó en una nota que había sobre la mesa.
''A mis nuevos amigos. Gracias por ayudarme. Pero no os pondré en peligro. Me marcho para afrontar mi destino. Zongo'o ''
Los chicos salieron del lugar un poco tocados por el acontecimiento.
-El ataque de los demonios será dentro de un año aproximadamente. Esperemos encontrarle antes de que ocurra para averiguar más detalles.
-Hasta entonces, ¡seguiremos peleando duro! - exclamó Diego.
Después de eso, todos volvieron a sus casas.
lunes, 11 de abril de 2011
CAPÍTULO 9: EL HECHICERO DESERTOR
-¿El signo del Infierno? Explícate Ahriel - dijo Diego.
-Verás. Este tipo viene del Reino Oscuro, o como lo llamáis vosotros, el Infierno. Los demonios iban tras él.
-¿Este tipo? Si parece humano... - mencionó Sakura.
-Pero si viene del Infierno, ¿cómo es que lo perseguían los demonios? - se extrañó Diego.
-Socorro... Por favor... - dijo el extraño a duras penas.
-Lleváoslo de aquí - les sugirió Ahriel - Roc y yo nos encargamos de esos demonios.
-Suerte. Si nos enteramos de algo te informaremos - dijo Diego.
Mientras Ahriel y Roc destrozaban a todo demonio que se quisiera acercar, Sakura y Diego se alejaron del lugar, con el chico cargando al extraño. Consiguieron llegar a una parte bastante alejada del parque Miraflores y sentaron al extraño al pie de un árbol.
-¿Cómo es esto posible? - preguntó Gineon con incertidumbre.
-¿Me lo preguntas a mí, que soy un novato en esto? - contestó Diego.
-Es cierto. Perdona.
-No pasa nada. Espera, está moviéndose.
En efecto, se estaba despertando. Ahora si reparaban en su aspecto. Tenía una túnica de color azul oscuro, sobre su vestimenta de color negro. Levaba varios colgantes y anillos. También tenía consigo una botella, el la que había una especie de poción o puede que veneno. Tenía muchos arañazos y magulladuras por toda la parte visible de su cuerpo. Sus ropas estaban rasgadas y sus botas un poco quemadas. Al despertar mostraba una expresión seria, pero a la vez de un innombrable cansancio.
-¡Malvalof! - gritó el desconocido.
-Mavo ¿qué? - preguntó Diego.
El extraño reparó entonces en la presencia de los dos jóvenes y del lugar en el que se encontraba.
-¿Quiénes sois vosotros?
-¿Quién eres tú? - preguntó Diego - Te encontramos tirado en medio de la calle con un grupo de demonios persiguiéndote.
-Ah... Mi cabeza...
-Traeré un poco de agua - dijo Sakura. La chica volvió a los pocos minutos con una botella de agua.
-Gracias... Que falta me hacía.
-Bueno. Ahora que ya estás mejor, cuéntanos todo desde el principio - exigió Diego.
-De acuerdo. Me habéis salvado y es lo justo. Empezaré desde el comienzo. Me llamo Zongo'o y soy un nigromante.
-¿Nigromante? - preguntó Diego con intriga.
-Un hechicero que se especializa en las artes oscuras de la magia y la hechicería - explicó Gineon.
-Comprendo. Pero ¿qué haces aquí? - preguntó Diego.
-Solía ser uno de los hechiceros de confianza del Gran Maligno... o al menos eso era lo que yo pensaba.
-¿El Gran Maligno? No te referirás a... - Diego no concluyó su frase.
-¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre! ¡A saber lo que te pasaría si lo hicieras! - exclamó Zongo'o.
-Vale... Continúa.
-Me enteré de unos de los planes del Gran Maligno, y huí. Corrí hasta más no poder. Vagué durante años y...
-¿Durante años? Espera...¿Cuántos años tienes? - preguntó Diego.
-125 años ¿por?
-¿¡Qué!? Imposible... ¡Pero si parece que tienes mi edad!
-El tiempo no transcurre de igual manera en el Infierno que aquí. Mis 125 años equivalen a unos 17 -18 años terrestres.
-¡Vaya! ¡17 - 18 años! - exclamó Diego.
-¿Cuál era ese gran plan? - preguntó Sakura.
-Invadir la Tierra.
-¿Qué? - preguntó Diego sobresaltado.
-Es por mi culpa. Me engañó.
-A ver. Tranquilo, Diego - dijo Sakura para intentar calmar el ambiente.
-Bueno. Me calmo. Ahora continúa, Zongo'o.
-Encontramos un objeto, una especie de caja dorada capaz de abrir un portal hacia una dimensión desconocida. Su idea es encerrar a todos sus enemigos en esa extraña dimensión.
-¡Maldición! - gritó Diego - ¡Te mataré aquí y ahora!
-No... - suplicó Sakura.
-Déjale. Me lo merezco por haberos traído esta situación.
-''¿Por qué me estoy conteniendo?'' - pensó Diego.
-''Me lo estoy imaginando...'' - pensó Gineon.
-Entonces... ¿Por qué te persiguen? - preguntó Sakura tímidamente.
-Soy el único capaz de leer la inscripción que hay en la caja. Todos los demás que lo intenten se les aparece en una extraña y difusa lengua. Pero me niego a leer algo por lo que ha muerto gente.
-¿Muerto gente? - preguntó Diego.
-Sí. Mi compañero murió en la expedición que partió en la búsqueda de ese maldito objeto. Me salvó de un derrumbamiento. Y también alguien muy importante para mí en en una batalla por esa caja. No puedo. No quiero. Por eso van detrás de mi. Querrán que lea la inscripción... y luego me matarán.
-¡Qué horror! - exclamó Sakura.
¿Ni siquiera en el Infierno hay un mínimo de decencia? De acuerdo. Nosotros te protegeremos hasta que te recuperes - dijo Diego.
-No se cómo os lo puedo agradecer.
-Sigue vivo. Para mí es más que suficiente. Que los demonios no te atrapen y te obliguen a leer la inscripción - respondió Diego.
-O moriré antes de que me capturen.
-Por cierto, ¿para cuándo está prevista la invasión? - preguntó Diego.
-Para dentro de algo más de un año - respondió Zongo'o.
-¡Nos prepararemos a fondo! - gritó Ahriel desde el aire.
-¿Y tú de dónde sales? - preguntó Diego.
-De quitar a algunos demonios de en medio. Me he enterado de la invasión.
Diego le contó a Ahriel todo lo que habían hablado con Zongo'o, de mientras que ella los cubría.
-Debemos estar preparados. ¿Estás conmigo Gineon?
-Hasta la muerte.
-Haré lo que pueda - añadió Sakura.
-¿Tú lucharás a nuestro lado? - preguntó Diego.
-Claro. ¿Qué te creías? - contestó Sakura.
-No se. Es que lo que pasa es que rara vez te dejas ver.
-Bueno. También tengo que atender mis asuntos... - respondió Sakura un poco nerviosa.
-Ah.. Bueno... Tienes razón - comentó Diego con incomodidad.
-''Con amor y cariño Diego, con amor y cariño'' - pensó Gineon.
-''Bueno. Algo de razón tienes... ¿Pero qué me haces decir?''
-''Jajajaja''
-Gracias a todos - agradeció Zongo'o.
Zongo'o encontró una casa abandonada en el parque. Era muy vieja, pero habitable. Los demás le ayudaron a instalarse. Consiguieron algunos muebles y comida. Diego le trajo se televisión antigua, aprovechando que ses padres estaban tirando trastos.
-Ha quedado bastante bien - puntualizó Ahriel.
-Pues mira. Deberíamos dedicarnos a esto - dijo Diego.
Después de arreglar la casa, los chicos se fueron. Venían a verlo todos los días para ver si se encontraba mejor y cerciorarse de que no le hubieran atacado los demonios. Gineon lo había curado el día que se instaló.
El hechicero se recuperaba favorablemente. Pero le asustaba la idea de que sus nuevos amigos resultaran heridos, o lo que es peor, muertos, solo por cubrirle.
-''Gracias a todos'' - pensó Zongo'o para su interior - ''Pero no puedo poneros en peligro. Moriré si es necesario y no se podrá abrir la caja''
Una vez decidido, Zongo'o salió por la puerta. Todavía no sabía que rumbo seguir. Pero estaba convencido de que de esa manera los demás no estarían en peligro.
-Verás. Este tipo viene del Reino Oscuro, o como lo llamáis vosotros, el Infierno. Los demonios iban tras él.
-¿Este tipo? Si parece humano... - mencionó Sakura.
-Pero si viene del Infierno, ¿cómo es que lo perseguían los demonios? - se extrañó Diego.
-Socorro... Por favor... - dijo el extraño a duras penas.
-Lleváoslo de aquí - les sugirió Ahriel - Roc y yo nos encargamos de esos demonios.
-Suerte. Si nos enteramos de algo te informaremos - dijo Diego.
Mientras Ahriel y Roc destrozaban a todo demonio que se quisiera acercar, Sakura y Diego se alejaron del lugar, con el chico cargando al extraño. Consiguieron llegar a una parte bastante alejada del parque Miraflores y sentaron al extraño al pie de un árbol.
-¿Cómo es esto posible? - preguntó Gineon con incertidumbre.
-¿Me lo preguntas a mí, que soy un novato en esto? - contestó Diego.
-Es cierto. Perdona.
-No pasa nada. Espera, está moviéndose.
En efecto, se estaba despertando. Ahora si reparaban en su aspecto. Tenía una túnica de color azul oscuro, sobre su vestimenta de color negro. Levaba varios colgantes y anillos. También tenía consigo una botella, el la que había una especie de poción o puede que veneno. Tenía muchos arañazos y magulladuras por toda la parte visible de su cuerpo. Sus ropas estaban rasgadas y sus botas un poco quemadas. Al despertar mostraba una expresión seria, pero a la vez de un innombrable cansancio.
-¡Malvalof! - gritó el desconocido.
-Mavo ¿qué? - preguntó Diego.
El extraño reparó entonces en la presencia de los dos jóvenes y del lugar en el que se encontraba.
-¿Quiénes sois vosotros?
-¿Quién eres tú? - preguntó Diego - Te encontramos tirado en medio de la calle con un grupo de demonios persiguiéndote.
-Ah... Mi cabeza...
-Traeré un poco de agua - dijo Sakura. La chica volvió a los pocos minutos con una botella de agua.
-Gracias... Que falta me hacía.
-Bueno. Ahora que ya estás mejor, cuéntanos todo desde el principio - exigió Diego.
-De acuerdo. Me habéis salvado y es lo justo. Empezaré desde el comienzo. Me llamo Zongo'o y soy un nigromante.
-¿Nigromante? - preguntó Diego con intriga.
-Un hechicero que se especializa en las artes oscuras de la magia y la hechicería - explicó Gineon.
-Comprendo. Pero ¿qué haces aquí? - preguntó Diego.
-Solía ser uno de los hechiceros de confianza del Gran Maligno... o al menos eso era lo que yo pensaba.
-¿El Gran Maligno? No te referirás a... - Diego no concluyó su frase.
-¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre! ¡A saber lo que te pasaría si lo hicieras! - exclamó Zongo'o.
-Vale... Continúa.
-Me enteré de unos de los planes del Gran Maligno, y huí. Corrí hasta más no poder. Vagué durante años y...
-¿Durante años? Espera...¿Cuántos años tienes? - preguntó Diego.
-125 años ¿por?
-¿¡Qué!? Imposible... ¡Pero si parece que tienes mi edad!
-El tiempo no transcurre de igual manera en el Infierno que aquí. Mis 125 años equivalen a unos 17 -18 años terrestres.
-¡Vaya! ¡17 - 18 años! - exclamó Diego.
-¿Cuál era ese gran plan? - preguntó Sakura.
-Invadir la Tierra.
-¿Qué? - preguntó Diego sobresaltado.
-Es por mi culpa. Me engañó.
-A ver. Tranquilo, Diego - dijo Sakura para intentar calmar el ambiente.
-Bueno. Me calmo. Ahora continúa, Zongo'o.
-Encontramos un objeto, una especie de caja dorada capaz de abrir un portal hacia una dimensión desconocida. Su idea es encerrar a todos sus enemigos en esa extraña dimensión.
-¡Maldición! - gritó Diego - ¡Te mataré aquí y ahora!
-No... - suplicó Sakura.
-Déjale. Me lo merezco por haberos traído esta situación.
-''¿Por qué me estoy conteniendo?'' - pensó Diego.
-''Me lo estoy imaginando...'' - pensó Gineon.
-Entonces... ¿Por qué te persiguen? - preguntó Sakura tímidamente.
-Soy el único capaz de leer la inscripción que hay en la caja. Todos los demás que lo intenten se les aparece en una extraña y difusa lengua. Pero me niego a leer algo por lo que ha muerto gente.
-¿Muerto gente? - preguntó Diego.
-Sí. Mi compañero murió en la expedición que partió en la búsqueda de ese maldito objeto. Me salvó de un derrumbamiento. Y también alguien muy importante para mí en en una batalla por esa caja. No puedo. No quiero. Por eso van detrás de mi. Querrán que lea la inscripción... y luego me matarán.
-¡Qué horror! - exclamó Sakura.
¿Ni siquiera en el Infierno hay un mínimo de decencia? De acuerdo. Nosotros te protegeremos hasta que te recuperes - dijo Diego.
-No se cómo os lo puedo agradecer.
-Sigue vivo. Para mí es más que suficiente. Que los demonios no te atrapen y te obliguen a leer la inscripción - respondió Diego.
-O moriré antes de que me capturen.
-Por cierto, ¿para cuándo está prevista la invasión? - preguntó Diego.
-Para dentro de algo más de un año - respondió Zongo'o.
-¡Nos prepararemos a fondo! - gritó Ahriel desde el aire.
-¿Y tú de dónde sales? - preguntó Diego.
-De quitar a algunos demonios de en medio. Me he enterado de la invasión.
Diego le contó a Ahriel todo lo que habían hablado con Zongo'o, de mientras que ella los cubría.
-Debemos estar preparados. ¿Estás conmigo Gineon?
-Hasta la muerte.
-Haré lo que pueda - añadió Sakura.
-¿Tú lucharás a nuestro lado? - preguntó Diego.
-Claro. ¿Qué te creías? - contestó Sakura.
-No se. Es que lo que pasa es que rara vez te dejas ver.
-Bueno. También tengo que atender mis asuntos... - respondió Sakura un poco nerviosa.
-Ah.. Bueno... Tienes razón - comentó Diego con incomodidad.
-''Con amor y cariño Diego, con amor y cariño'' - pensó Gineon.
-''Bueno. Algo de razón tienes... ¿Pero qué me haces decir?''
-''Jajajaja''
-Gracias a todos - agradeció Zongo'o.
Zongo'o encontró una casa abandonada en el parque. Era muy vieja, pero habitable. Los demás le ayudaron a instalarse. Consiguieron algunos muebles y comida. Diego le trajo se televisión antigua, aprovechando que ses padres estaban tirando trastos.
-Ha quedado bastante bien - puntualizó Ahriel.
-Pues mira. Deberíamos dedicarnos a esto - dijo Diego.
Después de arreglar la casa, los chicos se fueron. Venían a verlo todos los días para ver si se encontraba mejor y cerciorarse de que no le hubieran atacado los demonios. Gineon lo había curado el día que se instaló.
El hechicero se recuperaba favorablemente. Pero le asustaba la idea de que sus nuevos amigos resultaran heridos, o lo que es peor, muertos, solo por cubrirle.
-''Gracias a todos'' - pensó Zongo'o para su interior - ''Pero no puedo poneros en peligro. Moriré si es necesario y no se podrá abrir la caja''
Una vez decidido, Zongo'o salió por la puerta. Todavía no sabía que rumbo seguir. Pero estaba convencido de que de esa manera los demás no estarían en peligro.
martes, 5 de abril de 2011
CAPÍTULO 8: COMIENZA LA VERDADERA AMENAZA
-¡LA TIERRA! - gritó Diego.
-Bien hecho - puntualizó Gineon.
Diego destrozó a a tres demonios a la vez usando la energía sagrada. Se había convertido en su técnica favorita por la sensación que producía. Se sentía relajado al sentir la esencia sagrada que reside en todas las cosas. Un alivio casi total. Y luego la disparaba. Sentía como esa energía se fundía con él.
-Cada vez lo haces mejor - le animó Gineon.
-Lo hacemos mejor - corrigió Diego - Estamos juntos en esto.
-Tienes razón. Somos un buen equipo.
-Venga. Continuemos. Ahí vienen dos más. ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que surgieron con el ataque aplastaron a los demonios. Otro más quiso saltar encima de Diego. Pero...
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel apareciendo de la nada.
La guerrera destruyó con su ataque al que saltó.
-¿Qué pasa hoy? ¿Hoy aparecen todos los demonios del mundo a la vez o qué? - preguntó Ahriel.
-Y yo que se. Solo me limito a destruirlos - contestó Diego.
-Maldición. Vienen 6 más. ¡Roc, corta el viento!
El gran ave guardián surgió desde las nubes y bajó en picado hacia los demonios. Nada más descendió, extendió sus alas y originó una gran corriente de aire.
-¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La gran corriente de aire destrozó a los demonios. Pero se acercaron más.
-Esto es interminable... - dijo Ahriel.
-Debemos seguir - añadió Diego.
Otro grupo más de demonios se acercaba a lo lejos.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura.
Sakura se unió de improviso a los otros dos, destrozando a uno de los demonios que se acercaba a más velocidad.
-¿Y quién es esta? - preguntó Ahriel.
-Es Sakura. Creo que es buena persona, aunque un tanto desconfiada.
-Y a Diego... - iba a decir Gineon.
Pero no llegó a terminar su frase. Diego salió corriendo contra los demonios.
-¡Sakura! - exclamó Diego mientras saltaba lo más alto que podía. La chica vio la intención al instante, y saltó sobre Diego, elevándose aún más.
-¡Diego, dame la mano! - gritó Sakura en el aire.
Sin dudarlo, le agarró la mano y consiguió impulsar a Diego más arriba que ella.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Cayó desde el cielo como una bola de rayos gigante hacia los demonios. Cinco se desintegraron y los demás terminaron dañados.
Diego seguía en el aire... Y de pronto se le ocurrió algo nuevo.
-''¿Usar la Ruptura de Tierra en el aire?'' - pensó Diego.
Giro una vez en el aire y reunió energía en su mano.
-Prueba este ataque de lo más novedoso - dijo Diego, a la vez que giraba una vez en el aire - ¡GRAN IMPACTO!
El puño de Diego golpeó en la cabeza a uno de los demonios provocando una onda de choque que desestabilizó al resto. El demonio que sufrió el ataque murió enseguida.
-¿De dónde te has sacado ese ataque? - preguntó Ahriel. Sakura le observaba con curiosidad.
-Mucho tiempo libre - contestó Diego.
Otros tres saltaron sobre ellos. Sakura los frenó con una descarga eléctrica.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. Los tres demonios se desintegraron. Pero apareció un grupo más numeroso que el anterior.
-Interminable no, lo siguiente - mencionó Ahriel.
-Vale. Cubridme - dijo Diego.
Sakura y Ahriel se posicionaron delante de Diego. El chico comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¿Lo vas a usar? - preguntó Ahriel.
No obtuvo respuesta debido al estado de concentración de Diego.
-¡La esencia sagrada que reside en todas las cosas está con nosotros! - exclamó Gineon - ¡Ahora juntos!
-¡LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
El masivo ataque acabó con el grupo de demonios, que eran unos 15.
-Se acabó... - dijo Sakura.
-Eso espero. Sería una paliza continuar - mencionó Diego.
Pero no. Más demonios aparecieron. Aunque iban en otra dirección. Los tres guerreros se alejaron del instituto, lugar que estaba siendo atacado.
-Luego nos vemos - dijo Ahriel - ¡Vamos Roc! Si descubro lo que sucede os lo digo.
-Ten cuidado, amigo-amiga.
-¿Amigo-amiga?
-Sabes a lo que me refiero.
-Ah si. Me voy. ¡Vamos!
Ahriel y el Águila Imperial se alejaron y siguieron a los demonios.
-¿Estás bien? - preguntó Diego dirigiéndose a Sakura.
-Si.
-Eso es bueno. Por cierto ¿cómo me has encontrado en Tuenti?
-Buscando durante un rato. Al final te encontré por una foto en la que apareces tú y unos amigos tuyos en el parque del Alamillo.
-Ah... Vale... - respondió Diego, con algo de nerviosismo.
-''¿Qué te pasa Diego?'' - preguntó Gineon desde el interior de Diego y resistiendo la tentación de reírse.
-''Nada. ¿Qué me debería pasar?''
-''Mejor me callo...'' - dijo Gineon con cierta ironía.
-''Te he oído'' - mencionó Diego para su interior.
-¿Ocurre algo? - preguntó Sakura.
-No. Esto... ¿Me debería ocurrir algo? - preguntó Diego, nervioso.
-No...Nada. Olvídalo - contestó Sakura igual de nerviosa que Diego.
-''O sea que a ella también le ocurre lo mismo'' - puntualizó Gineon.
-''¿Y ahora qué ocurre?'' - pensó Diego.
-''Nada''
Diego y Sakura fueron andando por las calles de Pino Montano. Recorrieron prácticamente todo el barrio. Diego estaba pilladísimo. No sabía si decirle algo. Sakura tenía una expresión seria, pero también se le notaba algo de nerviosismo. Legaron al Telepizza y Diego llevaba algo de dinero encima. Entraron a comer pizza y beber Coca-Cola. Diego fue el que rompió el hielo.
-En tu perfil apareces que eres de Almería. ¿Qué haces aquí en Sevilla?
-Resulta que estoy en un equipo femenino de baloncesto y durante un mes hay un torneo aquí.
-Ah...¿Cuándo jugáis?
-Dentro de dos días comienza el torneo. Podéis venir a vernos si queréis.
-''¿Podéis?'' ¿Plural? - preguntó Diego.
-Si. Tú y tu amigo el ángel. Se que sois dos. Tranquilo. No se lo diré a nadie.
-Gracias.
Ese fue el final de la conversación. Se oyó un fuerte ruido afuera. Los dos salieron del local para ver que es lo que sucedía. Eran dos demonios causando disturbios, pero Diego y Sakura consiguieron derrotarlos al poco tiempo.
Pero repararon en lo más curioso: cuando desintegraron a los demonios, había alguien tirado con unos extraños atuendos.
-¡Diego! - gritó Ahriel. Ya se por qué nos atacaban.
-Ayuda... - masculló el extraño, que estaba herido.
-¿El signo del infierno? No creo... enmudeció Ahriel.
CONTINUARÁ...
-Bien hecho - puntualizó Gineon.
Diego destrozó a a tres demonios a la vez usando la energía sagrada. Se había convertido en su técnica favorita por la sensación que producía. Se sentía relajado al sentir la esencia sagrada que reside en todas las cosas. Un alivio casi total. Y luego la disparaba. Sentía como esa energía se fundía con él.
-Cada vez lo haces mejor - le animó Gineon.
-Lo hacemos mejor - corrigió Diego - Estamos juntos en esto.
-Tienes razón. Somos un buen equipo.
-Venga. Continuemos. Ahí vienen dos más. ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que surgieron con el ataque aplastaron a los demonios. Otro más quiso saltar encima de Diego. Pero...
-¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel apareciendo de la nada.
La guerrera destruyó con su ataque al que saltó.
-¿Qué pasa hoy? ¿Hoy aparecen todos los demonios del mundo a la vez o qué? - preguntó Ahriel.
-Y yo que se. Solo me limito a destruirlos - contestó Diego.
-Maldición. Vienen 6 más. ¡Roc, corta el viento!
El gran ave guardián surgió desde las nubes y bajó en picado hacia los demonios. Nada más descendió, extendió sus alas y originó una gran corriente de aire.
-¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La gran corriente de aire destrozó a los demonios. Pero se acercaron más.
-Esto es interminable... - dijo Ahriel.
-Debemos seguir - añadió Diego.
Otro grupo más de demonios se acercaba a lo lejos.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura.
Sakura se unió de improviso a los otros dos, destrozando a uno de los demonios que se acercaba a más velocidad.
-¿Y quién es esta? - preguntó Ahriel.
-Es Sakura. Creo que es buena persona, aunque un tanto desconfiada.
-Y a Diego... - iba a decir Gineon.
Pero no llegó a terminar su frase. Diego salió corriendo contra los demonios.
-¡Sakura! - exclamó Diego mientras saltaba lo más alto que podía. La chica vio la intención al instante, y saltó sobre Diego, elevándose aún más.
-¡Diego, dame la mano! - gritó Sakura en el aire.
Sin dudarlo, le agarró la mano y consiguió impulsar a Diego más arriba que ella.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Cayó desde el cielo como una bola de rayos gigante hacia los demonios. Cinco se desintegraron y los demás terminaron dañados.
Diego seguía en el aire... Y de pronto se le ocurrió algo nuevo.
-''¿Usar la Ruptura de Tierra en el aire?'' - pensó Diego.
Giro una vez en el aire y reunió energía en su mano.
-Prueba este ataque de lo más novedoso - dijo Diego, a la vez que giraba una vez en el aire - ¡GRAN IMPACTO!
El puño de Diego golpeó en la cabeza a uno de los demonios provocando una onda de choque que desestabilizó al resto. El demonio que sufrió el ataque murió enseguida.
-¿De dónde te has sacado ese ataque? - preguntó Ahriel. Sakura le observaba con curiosidad.
-Mucho tiempo libre - contestó Diego.
Otros tres saltaron sobre ellos. Sakura los frenó con una descarga eléctrica.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. Los tres demonios se desintegraron. Pero apareció un grupo más numeroso que el anterior.
-Interminable no, lo siguiente - mencionó Ahriel.
-Vale. Cubridme - dijo Diego.
Sakura y Ahriel se posicionaron delante de Diego. El chico comenzó a reunir la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-¿Lo vas a usar? - preguntó Ahriel.
No obtuvo respuesta debido al estado de concentración de Diego.
-¡La esencia sagrada que reside en todas las cosas está con nosotros! - exclamó Gineon - ¡Ahora juntos!
-¡LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
El masivo ataque acabó con el grupo de demonios, que eran unos 15.
-Se acabó... - dijo Sakura.
-Eso espero. Sería una paliza continuar - mencionó Diego.
Pero no. Más demonios aparecieron. Aunque iban en otra dirección. Los tres guerreros se alejaron del instituto, lugar que estaba siendo atacado.
-Luego nos vemos - dijo Ahriel - ¡Vamos Roc! Si descubro lo que sucede os lo digo.
-Ten cuidado, amigo-amiga.
-¿Amigo-amiga?
-Sabes a lo que me refiero.
-Ah si. Me voy. ¡Vamos!
Ahriel y el Águila Imperial se alejaron y siguieron a los demonios.
-¿Estás bien? - preguntó Diego dirigiéndose a Sakura.
-Si.
-Eso es bueno. Por cierto ¿cómo me has encontrado en Tuenti?
-Buscando durante un rato. Al final te encontré por una foto en la que apareces tú y unos amigos tuyos en el parque del Alamillo.
-Ah... Vale... - respondió Diego, con algo de nerviosismo.
-''¿Qué te pasa Diego?'' - preguntó Gineon desde el interior de Diego y resistiendo la tentación de reírse.
-''Nada. ¿Qué me debería pasar?''
-''Mejor me callo...'' - dijo Gineon con cierta ironía.
-''Te he oído'' - mencionó Diego para su interior.
-¿Ocurre algo? - preguntó Sakura.
-No. Esto... ¿Me debería ocurrir algo? - preguntó Diego, nervioso.
-No...Nada. Olvídalo - contestó Sakura igual de nerviosa que Diego.
-''O sea que a ella también le ocurre lo mismo'' - puntualizó Gineon.
-''¿Y ahora qué ocurre?'' - pensó Diego.
-''Nada''
Diego y Sakura fueron andando por las calles de Pino Montano. Recorrieron prácticamente todo el barrio. Diego estaba pilladísimo. No sabía si decirle algo. Sakura tenía una expresión seria, pero también se le notaba algo de nerviosismo. Legaron al Telepizza y Diego llevaba algo de dinero encima. Entraron a comer pizza y beber Coca-Cola. Diego fue el que rompió el hielo.
-En tu perfil apareces que eres de Almería. ¿Qué haces aquí en Sevilla?
-Resulta que estoy en un equipo femenino de baloncesto y durante un mes hay un torneo aquí.
-Ah...¿Cuándo jugáis?
-Dentro de dos días comienza el torneo. Podéis venir a vernos si queréis.
-''¿Podéis?'' ¿Plural? - preguntó Diego.
-Si. Tú y tu amigo el ángel. Se que sois dos. Tranquilo. No se lo diré a nadie.
-Gracias.
Ese fue el final de la conversación. Se oyó un fuerte ruido afuera. Los dos salieron del local para ver que es lo que sucedía. Eran dos demonios causando disturbios, pero Diego y Sakura consiguieron derrotarlos al poco tiempo.
Pero repararon en lo más curioso: cuando desintegraron a los demonios, había alguien tirado con unos extraños atuendos.
-¡Diego! - gritó Ahriel. Ya se por qué nos atacaban.
-Ayuda... - masculló el extraño, que estaba herido.
-¿El signo del infierno? No creo... enmudeció Ahriel.
CONTINUARÁ...
sábado, 2 de abril de 2011
POEMA AL SER QUERIDO
¡Desafortunado destino enhiesto!
La lluvia, el trueno, el viento.
Nada falta, todo está dispuesto.
Es tu espada, el reflejo del rayo.
escorrentía de cristales...
¿por qué tornas al rojo?
Arrodillada ante mí
me recordó aquel día
¿qué te hicieron?
Suena el trueno
en la sangría yaces,
tu aliento se apaga.
El brillo de tus ojos
que antaño siniestros
pureza marina desolada
El viento helado, calmó las olas
tus perlas se cierran, mi locura causa
Una parte de mí emerge, otra muere.
solo me queda decir algo...
¡QUÉ EL MUNDO TIEMBLE!
sábado, 26 de marzo de 2011
CAPÍTULO 7: ELEMENTOS
Se levantó una tormenta muy fuerte. El viento no dejaba de azotar los árboles. El cielo estaba totalmente oscurecido.
Sakura pasó corriendo cerca del río Guadalquivir ese día. Algo le perturbaba. Notó una extraña presencia. No era ningún de demonio ni nada parecido. Se detuvo delante del puente de Isabel II. No había nadie, era imposible que hubiera alguien en la calle en esa noche de tormenta. De repente, la chica vio a alguien. Parecía un humano, pero desprendía un aura bastante poderosa.
-¿Diego...? - preguntó titubeando Sakura.
No. No era Diego. Era otro humano, con poderes.
-¿Quién...quién eres tú? - preguntó Sakura.
Una ola surgió de las aguas caudalosas del río, que embistió a Sakura. La ola se transformó en un torbellino acuático que se hacía más fuerte con la lluvia. La chica consiguió liberarse con mucho esfuerzo tras lanzar una descarga eléctrica contra el torbellino.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura. Cortó el viento con su patada y originó un tornado. El desconocido paró el ataque con las manos. Sakura se apartó.
-Muéstrate - exigió Sakura.
El desconocido sacó una vara dorada. Un bastón de oro. Lo golpeó contra el suelo. Solo con ese movimiento pudo sacudir la tierra. Sakura tambaleó y se cayó. Después de eso, el torbellino acuático se regeneró. Sakura se recuperó y pudo saltar sobre el torbellino, con lo que consiguió estar a gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó Sakura. La chica caía envuelta en rayos, ayudada además por la electricidad originada por la tormenta. Era el ataque más fuerte que se hubiera visto.
El desconocido golpeó otra vez la vara contra el suelo, levantando una pared de aire, que aspiraba las partículas eléctricas que conformaban el ataque.
Un trueno cayó en un árbol y se quemó. Y el desconocido apartó las llamas del árbol, formando una gigantesca bola de fuego. Lanzó esa bola, imposible para que Sakura pudiera evitarla, por lo que recibió el impacto. La chica se desmayó y el desconocido desapareció.
-¡Rápido Gineon! ¡Vamos! ¡Lo he sentido!
-¿Sentido el qué?
-Tengo un mal presentimiento.
Era un fin de semana, un Sábado para ser exactos. Diego quiso salir a otros lugares de Sevilla puesto que los demonios se estaban movilizando por toda la ciudad.
Diego llegó al río Guadalquivir y encontró a Sakura desmayada.
-¿Qué ha pasado aquí? - se preguntó Gineon.
-¡Sakura! ¡Despierta! - gritó Diego.
-Yo me encargo de esto - dijo el ángel.
Gineon extendió su mano, y sacando su espada brillante pudo restaurar a la chica.
-...¿Qué...?¿Qué me ha pasado?¿Diego?¿Qué haces tú aquí? - preguntó Sakura, algo mareada.
-Eso mismo te iba a preguntar yo ahora.
-Me atacaron.
-¿¡Quién ha sido!? - preguntó Diego elevando la voz.
-No lo se. No era un demonio. Es más, ni siquiera desprendía energía oscura. Ninguno de mis ataques le hizo daño.
-¡Maldito sea! ¡Lo encontraré! - afirmó Diego.
-Ya me encuentro mejor. Me voy ya - dijo Sakura, incorporándose, pero a punto estuvo de caer.
-Mejor que me quede aquí contigo hasta que te recuperes.
-¿Por qué?
-¿Por qué ''qué''?
-¿Por qué te quedas aquí conmigo? - preguntó Sakura.
-Sería un desconsiderado, digo yo. Estando tu así, no te voy a dejar tirada - contestó Diego, un poco nervioso.
-Pues... gracias.
-De nada.
Pasó algo más de una hora cuando Sakura se recuperó. En ese espacio de tiempo hablaron acerca del desconocido, que tenía ataques de todo tipo.
-Ahora si que me voy. Hasta otra - dijo Sakura - Gracias por todo.
La chica se alejó corriendo hacia el centro de Sevilla.
-Espera... dijo Diego, pero no llegó a tiempo.
Diego se quedó pensando. Su mirada se dirigía hacia el centro, donde se fue Sakura.
-Que le vaya bien... - suspiró Diego.
-Creo que ya se por donde van los tiros - añadió Gineon, no sin cierta picardía.
-¿Qué quieres decir?
-Que estabas bastante seguro al acercarte a este lugar.
-¿No pensarás...?
-No. Yo solo digo que sabías que aquí pasaba algo. Y luego tu manera de hablar, bastante correcto y otros detalles...
-Imaginaciones tuyas Gineon, imaginaciones tuyas.
-¿Tu crees? - preguntó Gineon con ironía.
-Ya habrá tiempo para eso - concluyó Diego - Vámonos, mejor, que luego mis padres me matarán a preguntas del estilo ''¿Por qué has llegado a esta hora?''
Se fueron rápidamente a casa. Por suerte, no le preguntaron apenas nada.
Diego se sentó en el ordenador a ver un par de capítulos de Inuyasha, le entró sueño y se fue a dormir.
Al día siguiente se levantó bastante tarde, cerca de las 13:00. Era Domingo, así que tampoco le preocupaba mucho la hora. Salió de su cama y fue a la cocina a coger un pastelito. La cocina estaba impregnada con el olor a pollo que estaba preparando su madre. Sus hermanos habían salido al parque a jugar con su padre. Diego se duchó, se vistió y fue también al parque.
Llegó a esa zona donde apenas pasaba nadie, bastante alejada de donde se encontraban sus hermanos. Escuchó una pequeña explosión. Diego se acercó al lugar y vio a lo lejos al Águila Imperial.
-Démonos prisa - dijo Gineon.
Al llegar, encontraron a Ahriel defendiéndose de unas llamaradas. Eran doce demonios. El líder podía disparar fuego. Algunos de los demonios consiguieron encadenar a Roc.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Las rocas emergieron del suelo, y salieron disparadas contra algunos de los demonios que rodeaban a la guerrera.
-¡Hombre! ¡Mira quien está aquí! - exclamó Ahriel, mientras se defendía de un ataque con la Dominio Aéreo.
-Pero hay que ser inútil para dejarse atrapar por unos demonios - aclaró Diego.
-¡AAAAAAAAAA! - rugió el líder de ese grupo de demonios. Una llamarada salió de su mano y Diego tuvo que saltar para esquivarla.
-¿Con qué inútil? Si te iba a dar...
-Dejémoslo para luego - sugirió Diego.
-Detrás de ti - advirtió Gineon.
Los demonios que se habían caído por el Rompe Rocas se levantaron y corrieron para cargar contra Diego y Ahriel.
-¿Ah sí? ¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel agitando su espada de doble hoja. Consiguió a tumbar a dos demonios.
-Me toca - Diego atacó con su espada a los demonios que encadenaban a Roc - ¿Ves? No eran gran cosa...
-¡Rodeadlos! - dijo el líder de los demonios. El resto del grupo de demonios apareció alrededor de los dos guerreros.
-¿Te crees que no vamos a poder? - preguntó Diego - Podremos, y hasta con facilidad.¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El chico derribó a dos demonios a la vez provocando una grieta en el suelo en el suelo.
Ahriel se unió al ataque alzando el vuelo y atacando a los cuatro que tenían encadenados a Roc.
Parecían débiles, pero eran demonios con una gran capacidad de aguante. Habían sobrevivido tanto a la espada de Diego como al corte de la Dominio Aéreo de Ahriel.
-¿Os creéis que somos débiles? - preguntó el líder enfadado - ¡No sabéis con quién os habéis metido!
El líder se encendió, extendió sus brazos y empezó a disparar fuego en todas direcciones.
-¡Roc! ¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La poderosa corriente de aire chocó con algunos de los disparos, pero otros siguieron su curso. Algunos llegaron al suelo, otros chocaron contra unos árboles, otros les llegaban a Diego y Ahriel que los repelían como podían. De todo.
E líder se encendió aún más. Levantó las manos y originó una gran bola de magma y apuntó hacia los dos guerreros.
-¡Tomad esto malditos!
La bola de magma gigante se dirigía hacia Diego y Ahriel. Pero no llegó a su objetivo. Una muralla de fuego les protegió. Diego miró a su alrededor y no habían árboles quemándose ni la hierba ardiendo. Era como si esas llamas que antes quemaban todo ahora les protegieran. Peor ¿quién había sido?
Un desconocido se acercó. Por detrás de él apareció una ola gigante proveniente de un pequeño río que había cerca. Consiguió barrer a todos los demonios con esa ola. Y luego despareció en el acto.
-''¿Será un nuevo enemigo?'' - pensó Gineon.
-''No lo sé. Al menos nos ha librado de esta amenaza. Si hubiera sido un demonio, nos habría atacado. En cambio nos protegió. Un momento... Sakura...
Diego se acordó de su conversación con Sakura y se acordó del desconocido que la atacó.
-Tenemos que hacernos más fuertes Gineon, como sea. No puedo permitir que a Sakura la hayan atacado de esa manera.
-Mmm... - dijo Gineon con cierta ironía.
-¿Cómo que ''Mmm''? - preguntó Diego.
-Esto... nada, nada. Pero bueno. Tienes razón. Debemos hacernos más fuertes para que estas situaciones no se repitan.
-Yo también me esforzaré al máximo - añadió Fran, que acababa de volver a su forma humana.
-Contamos contigo.
-Hasta el final.
Caminaron hacia la salida del parque. Hablaron durante un rato y luego cada uno se fue a su casa.
Diego puso su lista de reproducción en el ordenador nada más llegar a casa. Se conectó al Tuenti y nada más apareció la página de Inicio tenía una petición de amistad... ¡De Sakura!
-¿Cómo me ha encontrado?
-No lo sé - dijo Gineon - Estarás contento ¿no?
-¿Por?
-Te ha agregado - Gineon se aguantaba la risa.
-Bueno. A ver sise conecta un día y le pregunto como está que me dejó preocupado.
-*Suenan las campanas de...* - dijo Gineon.
Pero Diego ahora tenía la cabeza puesta en fortalecerse, para hacerle frente a ese desconocido.
Sakura pasó corriendo cerca del río Guadalquivir ese día. Algo le perturbaba. Notó una extraña presencia. No era ningún de demonio ni nada parecido. Se detuvo delante del puente de Isabel II. No había nadie, era imposible que hubiera alguien en la calle en esa noche de tormenta. De repente, la chica vio a alguien. Parecía un humano, pero desprendía un aura bastante poderosa.
-¿Diego...? - preguntó titubeando Sakura.
No. No era Diego. Era otro humano, con poderes.
-¿Quién...quién eres tú? - preguntó Sakura.
Una ola surgió de las aguas caudalosas del río, que embistió a Sakura. La ola se transformó en un torbellino acuático que se hacía más fuerte con la lluvia. La chica consiguió liberarse con mucho esfuerzo tras lanzar una descarga eléctrica contra el torbellino.
-¡PATADA TORNADO! - gritó Sakura. Cortó el viento con su patada y originó un tornado. El desconocido paró el ataque con las manos. Sakura se apartó.
-Muéstrate - exigió Sakura.
El desconocido sacó una vara dorada. Un bastón de oro. Lo golpeó contra el suelo. Solo con ese movimiento pudo sacudir la tierra. Sakura tambaleó y se cayó. Después de eso, el torbellino acuático se regeneró. Sakura se recuperó y pudo saltar sobre el torbellino, con lo que consiguió estar a gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó Sakura. La chica caía envuelta en rayos, ayudada además por la electricidad originada por la tormenta. Era el ataque más fuerte que se hubiera visto.
El desconocido golpeó otra vez la vara contra el suelo, levantando una pared de aire, que aspiraba las partículas eléctricas que conformaban el ataque.
Un trueno cayó en un árbol y se quemó. Y el desconocido apartó las llamas del árbol, formando una gigantesca bola de fuego. Lanzó esa bola, imposible para que Sakura pudiera evitarla, por lo que recibió el impacto. La chica se desmayó y el desconocido desapareció.
-¡Rápido Gineon! ¡Vamos! ¡Lo he sentido!
-¿Sentido el qué?
-Tengo un mal presentimiento.
Era un fin de semana, un Sábado para ser exactos. Diego quiso salir a otros lugares de Sevilla puesto que los demonios se estaban movilizando por toda la ciudad.
Diego llegó al río Guadalquivir y encontró a Sakura desmayada.
-¿Qué ha pasado aquí? - se preguntó Gineon.
-¡Sakura! ¡Despierta! - gritó Diego.
-Yo me encargo de esto - dijo el ángel.
Gineon extendió su mano, y sacando su espada brillante pudo restaurar a la chica.
-...¿Qué...?¿Qué me ha pasado?¿Diego?¿Qué haces tú aquí? - preguntó Sakura, algo mareada.
-Eso mismo te iba a preguntar yo ahora.
-Me atacaron.
-¿¡Quién ha sido!? - preguntó Diego elevando la voz.
-No lo se. No era un demonio. Es más, ni siquiera desprendía energía oscura. Ninguno de mis ataques le hizo daño.
-¡Maldito sea! ¡Lo encontraré! - afirmó Diego.
-Ya me encuentro mejor. Me voy ya - dijo Sakura, incorporándose, pero a punto estuvo de caer.
-Mejor que me quede aquí contigo hasta que te recuperes.
-¿Por qué?
-¿Por qué ''qué''?
-¿Por qué te quedas aquí conmigo? - preguntó Sakura.
-Sería un desconsiderado, digo yo. Estando tu así, no te voy a dejar tirada - contestó Diego, un poco nervioso.
-Pues... gracias.
-De nada.
Pasó algo más de una hora cuando Sakura se recuperó. En ese espacio de tiempo hablaron acerca del desconocido, que tenía ataques de todo tipo.
-Ahora si que me voy. Hasta otra - dijo Sakura - Gracias por todo.
La chica se alejó corriendo hacia el centro de Sevilla.
-Espera... dijo Diego, pero no llegó a tiempo.
Diego se quedó pensando. Su mirada se dirigía hacia el centro, donde se fue Sakura.
-Que le vaya bien... - suspiró Diego.
-Creo que ya se por donde van los tiros - añadió Gineon, no sin cierta picardía.
-¿Qué quieres decir?
-Que estabas bastante seguro al acercarte a este lugar.
-¿No pensarás...?
-No. Yo solo digo que sabías que aquí pasaba algo. Y luego tu manera de hablar, bastante correcto y otros detalles...
-Imaginaciones tuyas Gineon, imaginaciones tuyas.
-¿Tu crees? - preguntó Gineon con ironía.
-Ya habrá tiempo para eso - concluyó Diego - Vámonos, mejor, que luego mis padres me matarán a preguntas del estilo ''¿Por qué has llegado a esta hora?''
Se fueron rápidamente a casa. Por suerte, no le preguntaron apenas nada.
Diego se sentó en el ordenador a ver un par de capítulos de Inuyasha, le entró sueño y se fue a dormir.
Al día siguiente se levantó bastante tarde, cerca de las 13:00. Era Domingo, así que tampoco le preocupaba mucho la hora. Salió de su cama y fue a la cocina a coger un pastelito. La cocina estaba impregnada con el olor a pollo que estaba preparando su madre. Sus hermanos habían salido al parque a jugar con su padre. Diego se duchó, se vistió y fue también al parque.
Llegó a esa zona donde apenas pasaba nadie, bastante alejada de donde se encontraban sus hermanos. Escuchó una pequeña explosión. Diego se acercó al lugar y vio a lo lejos al Águila Imperial.
-Démonos prisa - dijo Gineon.
Al llegar, encontraron a Ahriel defendiéndose de unas llamaradas. Eran doce demonios. El líder podía disparar fuego. Algunos de los demonios consiguieron encadenar a Roc.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Las rocas emergieron del suelo, y salieron disparadas contra algunos de los demonios que rodeaban a la guerrera.
-¡Hombre! ¡Mira quien está aquí! - exclamó Ahriel, mientras se defendía de un ataque con la Dominio Aéreo.
-Pero hay que ser inútil para dejarse atrapar por unos demonios - aclaró Diego.
-¡AAAAAAAAAA! - rugió el líder de ese grupo de demonios. Una llamarada salió de su mano y Diego tuvo que saltar para esquivarla.
-¿Con qué inútil? Si te iba a dar...
-Dejémoslo para luego - sugirió Diego.
-Detrás de ti - advirtió Gineon.
Los demonios que se habían caído por el Rompe Rocas se levantaron y corrieron para cargar contra Diego y Ahriel.
-¿Ah sí? ¡CORTE CICLÓN DOBLE! - gritó Ahriel agitando su espada de doble hoja. Consiguió a tumbar a dos demonios.
-Me toca - Diego atacó con su espada a los demonios que encadenaban a Roc - ¿Ves? No eran gran cosa...
-¡Rodeadlos! - dijo el líder de los demonios. El resto del grupo de demonios apareció alrededor de los dos guerreros.
-¿Te crees que no vamos a poder? - preguntó Diego - Podremos, y hasta con facilidad.¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El chico derribó a dos demonios a la vez provocando una grieta en el suelo en el suelo.
Ahriel se unió al ataque alzando el vuelo y atacando a los cuatro que tenían encadenados a Roc.
Parecían débiles, pero eran demonios con una gran capacidad de aguante. Habían sobrevivido tanto a la espada de Diego como al corte de la Dominio Aéreo de Ahriel.
-¿Os creéis que somos débiles? - preguntó el líder enfadado - ¡No sabéis con quién os habéis metido!
El líder se encendió, extendió sus brazos y empezó a disparar fuego en todas direcciones.
-¡Roc! ¡VIENTO REAL! - gritó Ahriel.
La poderosa corriente de aire chocó con algunos de los disparos, pero otros siguieron su curso. Algunos llegaron al suelo, otros chocaron contra unos árboles, otros les llegaban a Diego y Ahriel que los repelían como podían. De todo.
E líder se encendió aún más. Levantó las manos y originó una gran bola de magma y apuntó hacia los dos guerreros.
-¡Tomad esto malditos!
La bola de magma gigante se dirigía hacia Diego y Ahriel. Pero no llegó a su objetivo. Una muralla de fuego les protegió. Diego miró a su alrededor y no habían árboles quemándose ni la hierba ardiendo. Era como si esas llamas que antes quemaban todo ahora les protegieran. Peor ¿quién había sido?
Un desconocido se acercó. Por detrás de él apareció una ola gigante proveniente de un pequeño río que había cerca. Consiguió barrer a todos los demonios con esa ola. Y luego despareció en el acto.
-''¿Será un nuevo enemigo?'' - pensó Gineon.
-''No lo sé. Al menos nos ha librado de esta amenaza. Si hubiera sido un demonio, nos habría atacado. En cambio nos protegió. Un momento... Sakura...
Diego se acordó de su conversación con Sakura y se acordó del desconocido que la atacó.
-Tenemos que hacernos más fuertes Gineon, como sea. No puedo permitir que a Sakura la hayan atacado de esa manera.
-Mmm... - dijo Gineon con cierta ironía.
-¿Cómo que ''Mmm''? - preguntó Diego.
-Esto... nada, nada. Pero bueno. Tienes razón. Debemos hacernos más fuertes para que estas situaciones no se repitan.
-Yo también me esforzaré al máximo - añadió Fran, que acababa de volver a su forma humana.
-Contamos contigo.
-Hasta el final.
Caminaron hacia la salida del parque. Hablaron durante un rato y luego cada uno se fue a su casa.
Diego puso su lista de reproducción en el ordenador nada más llegar a casa. Se conectó al Tuenti y nada más apareció la página de Inicio tenía una petición de amistad... ¡De Sakura!
-¿Cómo me ha encontrado?
-No lo sé - dijo Gineon - Estarás contento ¿no?
-¿Por?
-Te ha agregado - Gineon se aguantaba la risa.
-Bueno. A ver sise conecta un día y le pregunto como está que me dejó preocupado.
-*Suenan las campanas de...* - dijo Gineon.
Pero Diego ahora tenía la cabeza puesta en fortalecerse, para hacerle frente a ese desconocido.
sábado, 19 de marzo de 2011
CAPÍTULO 6: RUGE CON FUERZA, LA TIERRA
Era Lunes. Pero Diego no se lo tomaba mal. Los que daban Proyecto Integrado de Inglés entraban una hora más tarde, a las 09:00, y eso era un alivio. El poder dormir una hora más para poder afrontar la jornada.
Diego se levantó a las 08:00, un poco dolorido después de la paliza que le propinó Ahriel la noche anterior. Pero por alguna razón no estaba enfadado; eso le motivaba para mejorar. Además pensaba que la cara de la guerrera le sonaba, que la había visto en otro lugar.
Javi y Mary lo esperaban después de que Diego hiciera su rutina de 4 fases: ducharse, vestirse, desayunar e irse.
Poco había de que hablar, salvo de esas corrientes de aire del día anterior. Llegaron a las 09:00 al instituto para la clase de Matemáticas. Es una de las asignaturas que más le gustan a Diego; aunque la asignatura sea difícil, le gustan las historias que cuenta su profesor, José Manuel Reyes. Ese día contó una historia relacionada con la cultura oriental. El profesor había leído algo sobre una leyenda de una espada doble. Diego pensó en esa espada, la visualizó... ¡Era el arma que portaba Ahriel!
La Dominio Aéreo, la única espada doble que se podía desmontar formando dos espadas. Se dice que tiene el poder de crear grietas en el aire, solo si la usa alguien verdaderamente fuerte.
-Algún arma - proseguía su profesor - muy poderosa o muy bien hecha deberían haber tenido los señores feudales japoneses hace siglos para que surgiera esta leyenda. O al menos eso es lo que pienso. De todos modos los japoneses siempre cuentan las cosas a su manera. Aunque no por eso debemos considerarlos diferentes. Su cultura posiblemente vaya más adelantada que la nuestra.
Física, Recreo, Tecnología, Informática e Historia. Así se le pasó el día. En el recreo se enteró de que Fran había faltado a clase ese día. Es raro en ese chico que falte. Nunca suele faltar. Ahora que se daba cuenta, la cara de Ahriel le sonaba bastante a la de Fran, pero rápidamente desechó esa idea de que su amigo fuera la guerrera que lo machacó el día anterior.
Al terminar las clases Diego, Javi y Mary se fueron rápidamente a sus casas. Diego su puso su lista de reproducción del Ares, y se dedicó a documentarse sobre Los Halconeros. Apenas había información y la poca que había era muy difusa. Estudió a fondo la leyenda de la espada doble, la Dominio Aéreo.
*Solo el poseedor de la Dominio Aéreo será capaz de dominar el viento*
Gineon intervino y explicó que con esa espada, Ahriel era capaz de llamar al Águila Imperial.
Siguieron buscando más información. Solo encontraron vestigios, fragmentos, pero nada concreto. Alguna que otra leyenda de humanos que volaban como las aves. Pero lo que más le llamó la atención a Diego fue la imagen difusa de un templo, y un guerreo alzando la Dominio Aéreo. ¡Era Ahriel! Imposible. La imagen corresponde a un templo cuya fecha está datada de hace 4000 años. Pero la guerrera que se enfrentó a Diego la noche anterior era una chica joven.
Siguieron así hasta la noche. Luego salieron a patrullar la zona y volvieron al cabo de una hora, después de haber derrotado a un demonio.
Además de lo de Ahriel, Diego tenía otra preocupación: controlar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Al día siguiente, Martes, Diego se levantó a las 10:00. La razón era que que los que daban Biología y Ciencias del Mundo Contemporáneo se iban de excursión a Emasesa. A los pocos que quedaban les dieron el día libre. Diego hizo su típica rutina y fue al parque, ahora que tenía tiempo.
-A ver si hoy conseguimos algo nuevo - comentó Gineon.
Volvieron a ir al mismo lugar de la otra vez. No había absolutamente nadie. Diego vació su mente. Solo lo acariciaba la brisa. A Gineon le pasaba exactamente lo mismo. Ambos sincronizaron sus mentes y se fundieron en una sola. Percibían la energía sagrada que rodeaba el ambiente. Podían sentirla. Lo complicado ahora era reunir toda esa energía en su mano y soltarla en un ataque. Después de concentrarse en lo más profundo, consiguió formar una pequeña bola de energía que disparó contra un árbol cercano. La bola se desvaneció antes de llegar al árbol. Diego no se rendía y siguió insistiendo. Debía dominar esa energía para contrarrestar el Viento Real de Ahriel. Si no lo conseguía, creería que no era adecuado que alguien como él protegiera a la gente.
-¡Otra vez! - dijo Diego, cansado.
Concentró la energía sagrada en su mano, que se iluminó de tal manera que le llegaba a quemar. Disparó la energía contra un árbol.
-No me lo creo... - dijo Diego, atónito.
-Lo has conseguido - respondió Gineon.
En efecto, así era. Una descarga de energía salió de la mano de Diego, impactando contra el árbol, que caía al suelo debido a la descarga.
-Puedo atacar con esta energía. Puede que sea lo que necesite contra Ahriel.
-Será mejor no confiarnos - le aconsejó Gineon.
-Tienes razón.
Diego volvió a su casa, comió y se conectó a Internet. Puso esa dichosa lista de reproducción a la vez que hablaba con gente por Tuenti. Javi, que le contaba que estaba muy bien este día libre y demás. Luego se puso a ver Inuyasha. Por la tarde salió, con el pretexto de que iba a la biblioteca buscar información para un trabajo.
-¡Vaya! ¡Un demonio! - señaló Gineon.
-Vamos, rápido - dijo Diego sin darse un respiro - ¡RUPTURA DE TIERRA!
El demonio se desvaneció en cuestión de segundos.
De repente sintió una corriente de aire muy fuerte. Y una gran sombra lo cubría. Era Roc, el Águila Imperial.
-Vaya, vaya , vaya. ¿Qué tenemos aquí? - soltó Ahriel.
-Quiero la revancha, Ahriel.
-¿Qué te hace pensar que pasará algo distinto que lo que sucedió hace dos días?
-Porque confío en nosotros.
-De acuerdo. Comprobemos lo que has mejorado - dijo Ahriel a la vez que se lanzaba con su espada doble para atacar a Diego. El chico consiguió parar el ataque con su espada.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Quería que las rocas fueran hacia Ahriel. La guerrera las apartó usando al Águila Imperial.
-¿Usando otra vez los mismos trucos? - preguntó Ahriel - No me vencerás de esa manera.
Pero se descuidó.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - Diego alcanzó a Ahriel con su ataque, lanzándola metros hacia atrás. Se abrió una grieta en el suelo.
-¡Nada mal! ¡Pero no es suficiente! ¡Prepárate para recibir el ataque de Roc!
Una gran corriente de aire se originó alrededor del ave guardián. Descendió a la superficie y empezó a batir sus alas. La intención era darle a Diego con el ataque que lo tumbó la última vez: Viento Real, pero esta vez de frente.
Pero Ahriel se llevó una sorpresa. Diego no estaba asustado ni nada parecido, a pesar de que ya había comprobado los daños de su ataque.
-¿Qué haces ahí de pie? - se extrañó la guerrera.
La energía sagrada comenzó a reunirse alrededor de Diego. Cogió toda la energía que pudo.
-La esencia sagrada que reside en todas las cosas... - dijo Gineon. ''¿Realmente lo conseguirá?''
-¿Qué está sucediendo? - preguntó Ahriel.
Diego permanecía inmóvil ante el inminente ataque de Roc.
Toda la energía... Diego la reunió a su alrededor provocando ondas de energía que hicieron vacilar a Ahriel.
-La energía sagrada terrestre es nuestra aliada... - dijo Gineon, con un tono firme y decisivo.
-¡Prueba nuestra fusión con el planeta! ¡Ruge con fuerza, LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
Toda la energía sagrada que había se reunió en a mano de Diego, que golpeó el suelo, originando un gran disparo de energía.
-¡VIENTO REAL!- gritó Ahriel. La poderosa corriente de aire se dirigía hacia Diego.
Ambos ataques colisionaron.
-Con este poder... ¡¡¡No nos puedes vencer!!! - exclamó Diego.
La Tierra superó al Viento Real. La energía sagrada rompió a la gran corriente de aire, alcanzando al Águila Imperial. Se produjo un gran estallido y se levantó una gran cortina de humo. Al disiparse, se dieron cuenta de que el ave guardián estaba herida en el suelo. Y Ahriel estaba conmocionada.
-¿Es posible? ¿Nos han superado?
Sin apenas respirar, Diego se lanzó contra Ahriel.
¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El ataque alcanzó definitivamente a Ahriel, creando una grieta en el suelo, aún mayor que la anterior.
Ahriel estaba en el suelo, indefensa. Diego la tenía a su merced. Sacó su espada. Pero no le hizo daño.
-¿No me vas a matar?
-No... no es a mi a quien le corresponde quitarte la vida.
De repente, Ahriel comenzó a brillar, adoptando otra forma. Ahora tenía una vestimenta normal, como cualquier persona común. Sin alas. Era... ¡Era Fran!
-¿Qué? - preguntó Gineon.
-¿Qué es esto? - preguntó Diego, extrañado.
-Verás - dijo Ahriel desde el interior de Fran - Fran y yo estamos en el mismo cuerpo. Escapé de un grupo de Demonios Mayores hace tiempo. Tuve que esconderme en el cuerpo de un chico, ya que lo intenté en el de una chica y automáticamente adquiría la misma apariencia que yo. En el cuerpo de Fran nadie me reconocería.
-Guardaré tu secreto.
-Gracias - dijo Fran - Hasta mañana en el instituto.
Fran se alejó hacia su casa. Diego no lo entendió muy bien al principio. Pero le agradaba la ideo que uno de sus amigos pudiera luchar a su lado.
Diego se levantó a las 08:00, un poco dolorido después de la paliza que le propinó Ahriel la noche anterior. Pero por alguna razón no estaba enfadado; eso le motivaba para mejorar. Además pensaba que la cara de la guerrera le sonaba, que la había visto en otro lugar.
Javi y Mary lo esperaban después de que Diego hiciera su rutina de 4 fases: ducharse, vestirse, desayunar e irse.
Poco había de que hablar, salvo de esas corrientes de aire del día anterior. Llegaron a las 09:00 al instituto para la clase de Matemáticas. Es una de las asignaturas que más le gustan a Diego; aunque la asignatura sea difícil, le gustan las historias que cuenta su profesor, José Manuel Reyes. Ese día contó una historia relacionada con la cultura oriental. El profesor había leído algo sobre una leyenda de una espada doble. Diego pensó en esa espada, la visualizó... ¡Era el arma que portaba Ahriel!
La Dominio Aéreo, la única espada doble que se podía desmontar formando dos espadas. Se dice que tiene el poder de crear grietas en el aire, solo si la usa alguien verdaderamente fuerte.
-Algún arma - proseguía su profesor - muy poderosa o muy bien hecha deberían haber tenido los señores feudales japoneses hace siglos para que surgiera esta leyenda. O al menos eso es lo que pienso. De todos modos los japoneses siempre cuentan las cosas a su manera. Aunque no por eso debemos considerarlos diferentes. Su cultura posiblemente vaya más adelantada que la nuestra.
Física, Recreo, Tecnología, Informática e Historia. Así se le pasó el día. En el recreo se enteró de que Fran había faltado a clase ese día. Es raro en ese chico que falte. Nunca suele faltar. Ahora que se daba cuenta, la cara de Ahriel le sonaba bastante a la de Fran, pero rápidamente desechó esa idea de que su amigo fuera la guerrera que lo machacó el día anterior.
Al terminar las clases Diego, Javi y Mary se fueron rápidamente a sus casas. Diego su puso su lista de reproducción del Ares, y se dedicó a documentarse sobre Los Halconeros. Apenas había información y la poca que había era muy difusa. Estudió a fondo la leyenda de la espada doble, la Dominio Aéreo.
*Solo el poseedor de la Dominio Aéreo será capaz de dominar el viento*
Gineon intervino y explicó que con esa espada, Ahriel era capaz de llamar al Águila Imperial.
Siguieron buscando más información. Solo encontraron vestigios, fragmentos, pero nada concreto. Alguna que otra leyenda de humanos que volaban como las aves. Pero lo que más le llamó la atención a Diego fue la imagen difusa de un templo, y un guerreo alzando la Dominio Aéreo. ¡Era Ahriel! Imposible. La imagen corresponde a un templo cuya fecha está datada de hace 4000 años. Pero la guerrera que se enfrentó a Diego la noche anterior era una chica joven.
Siguieron así hasta la noche. Luego salieron a patrullar la zona y volvieron al cabo de una hora, después de haber derrotado a un demonio.
Además de lo de Ahriel, Diego tenía otra preocupación: controlar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Al día siguiente, Martes, Diego se levantó a las 10:00. La razón era que que los que daban Biología y Ciencias del Mundo Contemporáneo se iban de excursión a Emasesa. A los pocos que quedaban les dieron el día libre. Diego hizo su típica rutina y fue al parque, ahora que tenía tiempo.
-A ver si hoy conseguimos algo nuevo - comentó Gineon.
Volvieron a ir al mismo lugar de la otra vez. No había absolutamente nadie. Diego vació su mente. Solo lo acariciaba la brisa. A Gineon le pasaba exactamente lo mismo. Ambos sincronizaron sus mentes y se fundieron en una sola. Percibían la energía sagrada que rodeaba el ambiente. Podían sentirla. Lo complicado ahora era reunir toda esa energía en su mano y soltarla en un ataque. Después de concentrarse en lo más profundo, consiguió formar una pequeña bola de energía que disparó contra un árbol cercano. La bola se desvaneció antes de llegar al árbol. Diego no se rendía y siguió insistiendo. Debía dominar esa energía para contrarrestar el Viento Real de Ahriel. Si no lo conseguía, creería que no era adecuado que alguien como él protegiera a la gente.
-¡Otra vez! - dijo Diego, cansado.
Concentró la energía sagrada en su mano, que se iluminó de tal manera que le llegaba a quemar. Disparó la energía contra un árbol.
-No me lo creo... - dijo Diego, atónito.
-Lo has conseguido - respondió Gineon.
En efecto, así era. Una descarga de energía salió de la mano de Diego, impactando contra el árbol, que caía al suelo debido a la descarga.
-Puedo atacar con esta energía. Puede que sea lo que necesite contra Ahriel.
-Será mejor no confiarnos - le aconsejó Gineon.
-Tienes razón.
Diego volvió a su casa, comió y se conectó a Internet. Puso esa dichosa lista de reproducción a la vez que hablaba con gente por Tuenti. Javi, que le contaba que estaba muy bien este día libre y demás. Luego se puso a ver Inuyasha. Por la tarde salió, con el pretexto de que iba a la biblioteca buscar información para un trabajo.
-¡Vaya! ¡Un demonio! - señaló Gineon.
-Vamos, rápido - dijo Diego sin darse un respiro - ¡RUPTURA DE TIERRA!
El demonio se desvaneció en cuestión de segundos.
De repente sintió una corriente de aire muy fuerte. Y una gran sombra lo cubría. Era Roc, el Águila Imperial.
-Vaya, vaya , vaya. ¿Qué tenemos aquí? - soltó Ahriel.
-Quiero la revancha, Ahriel.
-¿Qué te hace pensar que pasará algo distinto que lo que sucedió hace dos días?
-Porque confío en nosotros.
-De acuerdo. Comprobemos lo que has mejorado - dijo Ahriel a la vez que se lanzaba con su espada doble para atacar a Diego. El chico consiguió parar el ataque con su espada.
-¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Quería que las rocas fueran hacia Ahriel. La guerrera las apartó usando al Águila Imperial.
-¿Usando otra vez los mismos trucos? - preguntó Ahriel - No me vencerás de esa manera.
Pero se descuidó.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - Diego alcanzó a Ahriel con su ataque, lanzándola metros hacia atrás. Se abrió una grieta en el suelo.
-¡Nada mal! ¡Pero no es suficiente! ¡Prepárate para recibir el ataque de Roc!
Una gran corriente de aire se originó alrededor del ave guardián. Descendió a la superficie y empezó a batir sus alas. La intención era darle a Diego con el ataque que lo tumbó la última vez: Viento Real, pero esta vez de frente.
Pero Ahriel se llevó una sorpresa. Diego no estaba asustado ni nada parecido, a pesar de que ya había comprobado los daños de su ataque.
-¿Qué haces ahí de pie? - se extrañó la guerrera.
La energía sagrada comenzó a reunirse alrededor de Diego. Cogió toda la energía que pudo.
-La esencia sagrada que reside en todas las cosas... - dijo Gineon. ''¿Realmente lo conseguirá?''
-¿Qué está sucediendo? - preguntó Ahriel.
Diego permanecía inmóvil ante el inminente ataque de Roc.
Toda la energía... Diego la reunió a su alrededor provocando ondas de energía que hicieron vacilar a Ahriel.
-La energía sagrada terrestre es nuestra aliada... - dijo Gineon, con un tono firme y decisivo.
-¡Prueba nuestra fusión con el planeta! ¡Ruge con fuerza, LA TIERRA! - gritaron los dos a la vez.
Toda la energía sagrada que había se reunió en a mano de Diego, que golpeó el suelo, originando un gran disparo de energía.
-¡VIENTO REAL!- gritó Ahriel. La poderosa corriente de aire se dirigía hacia Diego.
Ambos ataques colisionaron.
-Con este poder... ¡¡¡No nos puedes vencer!!! - exclamó Diego.
La Tierra superó al Viento Real. La energía sagrada rompió a la gran corriente de aire, alcanzando al Águila Imperial. Se produjo un gran estallido y se levantó una gran cortina de humo. Al disiparse, se dieron cuenta de que el ave guardián estaba herida en el suelo. Y Ahriel estaba conmocionada.
-¿Es posible? ¿Nos han superado?
Sin apenas respirar, Diego se lanzó contra Ahriel.
¡RUPTURA DE TIERRA! - gritó Diego. El ataque alcanzó definitivamente a Ahriel, creando una grieta en el suelo, aún mayor que la anterior.
Ahriel estaba en el suelo, indefensa. Diego la tenía a su merced. Sacó su espada. Pero no le hizo daño.
-¿No me vas a matar?
-No... no es a mi a quien le corresponde quitarte la vida.
De repente, Ahriel comenzó a brillar, adoptando otra forma. Ahora tenía una vestimenta normal, como cualquier persona común. Sin alas. Era... ¡Era Fran!
-¿Qué? - preguntó Gineon.
-¿Qué es esto? - preguntó Diego, extrañado.
-Verás - dijo Ahriel desde el interior de Fran - Fran y yo estamos en el mismo cuerpo. Escapé de un grupo de Demonios Mayores hace tiempo. Tuve que esconderme en el cuerpo de un chico, ya que lo intenté en el de una chica y automáticamente adquiría la misma apariencia que yo. En el cuerpo de Fran nadie me reconocería.
-Guardaré tu secreto.
-Gracias - dijo Fran - Hasta mañana en el instituto.
Fran se alejó hacia su casa. Diego no lo entendió muy bien al principio. Pero le agradaba la ideo que uno de sus amigos pudiera luchar a su lado.
domingo, 13 de marzo de 2011
CAPÍTULO 5: LA CHICA ALADA
Diego asimilaba cada vez mejor el alma de Gineon. Ahora se centraba en ver si podía adquirir nuevos ataques. Todos los días por la tarde, si tenía tiempo, salía al parque a practicar. Había conseguido que la energía que rodea los lugares le sirviera de ataque. Diego le pregunto al ángel como podía suceder esto. Gineon le contestó que todos los objetos del mundo, todas las cosas, tienen una esencia sagrada. Los que se entrenaran a fondo podían ser capaces de manejar esa esencia sagrada y utilizarla en beneficio propio. Si realmente alguien estuviera en un apuro, esa esencia sagrada que reside en todas las cosas puede ayudarle, adquiriendo asi conciencia propia propia.
-¿Lo intentamos? - preguntó Gineon.
-De acuerdo - contestó Diego, de manera decisiva.
El chico se quedó de pie, en una zona del parque por la que apneas pasaba gente. Ese día en especial no pasaba nadie por el lugar, adecuado para la ocasión.
-Concéntrate - dijo Gineon.
Diego vació su mente, y la dejó en blanco. Lo que pretendía era sentir esa esencia sagrada e intentar reunirla en su mano. Solo sentía la brisa que corría y que hacía mover la hojas de los árboles. No se apreciaba ningún otro sonido. Sintió la energía sagrada del viento, de los árboles, la hierba, un afluente del río Guadalquivir, del mismo cielo azul que se mostraba por encima suya. Le producía un estado de relajación que nunca había sentido. Intentó atrapar una parte de esa energía; no lo consiguió. Le faltaba práctica. Pero al menos ya sabía lo que sentía al dejarse llevar por la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Esta paz que reinaba en el ambiente se vio alterada por un demonio que tenía ánimo de romper cosas. Después de echar dos árboles abajo, Diego apareció delante suya.
-¡Me has echado a perder la concentración! - exclamó Diego, a la vez que corría hacia el demonio - ¡RUPTURA DE TIERRA!
Finiquitó al demonio en pocos segundos. Diego respiró profundamente e intentó retomar esa profunda concentración en la que estaba metido. Consiguió tomar contacto otra vez con la energía sagrada. Pudo por fin concentrar una pequeña parte de esa energía en su mano, que brilló de tal manera que se comparaba con un rayo de luz solar. Intentó disparar esa energía pero se desvaneció. Diego lo intentó algunas veces más obteniendo el mismo resultado.
Cansado ya, después de unas tres horas fuera, decidió volver a su casa. Diego se encontraba motivado por el hecho de que puede haber sido el único humano que ha entrado en contacto con la esencia sagrada que reside en todas las cosas, pero un poco frustrado por no haber conseguido realizar ningún ataque con esa energía.
-Venga Diego. Confío en que lo conseguirás - le animó Gineon.
-Lo conseguiremos juntos ¿vale?
-Bien, pues vámonos.
Caminó unos 10 minutos y se detuvo en la puerta principal del parque; vio algo inimaginable: un águila imperial gigante surcaba los cielos. Sobre el ave iba una persona. De pronto se originó una poderosa corriente de aire.
-¿Quién será? - preguntó Diego.
No tengo idea - contestó Gineon, que se quedó pensativo - ¡Espera! ¡Creo que ya lo tengo!
-Cuenta
-Me dijeron que posiblemente podrá verlos cuando me enviaron a esta zona. Se trata de un miembro del clan de Los Halconeros.
-¿Los Halconeros?
-Sí. Son hombres-pájaro para que lo entiendas. Gente que vive en islotes aéreos, solo visibles para gente con poderes.
-Es decir, tu y yo podríamos verles.
-Exacto. Las personas normales no pueden verlos. Ese águila imperial gigante que hemos visto hace un momento es el protector de los islotes aéreos, su guardián. Se dice que en menos de un día puede recorrer el mundo entero.
Diego se imaginó todos los lugares a los que podría ir si pudiera tratar con ese gran pájaro. Japón, Egipto, Canadá y otros muchos lugares que no podía ni imaginar. Territorios amplios un no descubiertos por el hombre.
Después de terminar de pensar, Diego cruzó la calle y entró por la puerta de su bloque. Cuando llegó a casa, su madre le preguntó si no tenía frío, debido a la corriente de aire que se había originado.
- *Que el resto de mortales no pueda ver al águila, no quiere decir que no sientan su rastro. Esa corriente de aire la originó el águila a su paso* - explicó Gineon, desde el interior de Diego.
- *Vale. Descansemos un poco. Por la noche saldremos a revisar si hay algún demonio suelto por ahí*
Diego se puso delante del ordenador para buscar unos datos para un trabajo que tenía que hacer para la asignatura de Informática. Al poco tiempo los guardó en su correo y luego empezó a hablar con gente por Tuenti. Pedro le decía que le trajera un cuaderno para copiar unos apuntes y Javi le hablaba de cualquier tontería. Como de costumbre, tenía puesta su lista de reproducción en Ares. Si un día no la pone es como si le faltara algo.
Así pasaron dos horas hasta que eran las 21:00. Sus hermanos pequeños se fueron a dormir, su padre se puso a ver las noticias y su madre estaba dejando la comida lista para el día siguiente. Diego se podía quedar levantado hasta tarde debido a que al día siguiente, Lunes, entraba a 2º hora porque faltaba una profesora.
Después de hacer la comida, la madre de Diego fue a ver una película que daban por televisión. Diego necesitaba una excusa para salir a patrullar.
-¡Mamá! Me ha llamado Javi diciendo que si podemos salir a dar una vuelta.
-No tardes mucho ¿vale?
Diego se fue con cierta prisa. Nada mas salir de su bloque fue andando por las calles hasta llegar a
Ronda de Pío XII. No encontró nada nada raro. Ni un solo demonio a la vista. Pero eso no iba a durar mucho tiempo. Cuando se aproximaba a los bloques cercanos al suyo, vio una sombra moverse. Una no, dos. Diego siguió esas sombras hasta que decidieron materializarse.
-¡Quita chico! - dijo uno de los demonios.
-¿No piensas o qué? ¡Mejor nos lo comemos! ¡Jajajajaja! - contestó el otro.
Pero no les dio tiempo a pensar como iban a atacar. Una onda energética que cortaba el viento en forma de cruz bajó rápidamente desde arriba, cortando por la mitad a los dos demonios a la vez.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Gineon.
Diego miró hacia todas partes. Quería encontrar a quién se había cargado a los demonios. No vio a nadie. Pero lo que no se esperaba es que fuera un ataque aéreo. Diego entonces reparó en ese detalle y observó al cielo. La luz de la Luna reflejaba la sombra de una persona... con alas.
-¿Quién eres tú? - preguntó el desconocido.
-Soy Diego. Alguien que se dedica a luchar contra los demonios.
-Eso lo decidiré yo - la voz era una voz femenina - Caerás antes las alas de Ahriel, líder de Los Halconeros.
Ahriel descendió en picado enarbolando una magnífica espada. Diego consiguió frenar el golpe deteniéndolo con su propia espada. Los aceros chocaron, pero Ahriel tenía ventaja, debido a sus alas. Diego saltó e intentó alcanzarla para darle una estocada desde arriba, pero una corriente de aire muy fuerte le frenó.
Era el águila de antes.
-¿Magnífico, verdad? ¡Roc, ataca! ¡VIENTO REAL!
Una poderosa corriente de aire de aire pilló a Diego, haciéndolo volar por los aires. La caída fue bastante dolorosa.
-¿Ya está? Pensaba que ibas a defenderte mejor.
-No estoy acabado. ¡Vamos Gineon! ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas emergentes de la superficie terrestre volaron hacia su rival. Ahriel se protegió con sus alas, pero eso dejó que Diego se acercara peligrosamente.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritaron Diego y Gineon a la vez.
El ataque no llegó a realizarse debido a otra intervención del Águila Imperial, que lo tumbó de nuevo.
-Esto no vale para nada. Roc, nos vamos.
Ahriel se elevó y se fue junto al águila. Diego se levantó después, dolorido.
-Nos han zurrado bien... - dijo Diego.
-Lo siento. He causado que tengas que luchar y me siento culpable - respondió Gineon, apenado.
-No digas eso. Seguiremos entrenando. Verás como al final logramos dominar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-Pero...
-¡Pero no! ¡Si estamos juntos es porque también yo acepté que entraras en mi cuerpo. Seguiremos unidos contra los demonios.
-Gracias.
-Venga. ¿Nos vamos?
Diego regresó a su casa, consciente de que tenía que dominar esa energía. Quería conseguirlo... para poder igualarse a Ahriel.
-¿Lo intentamos? - preguntó Gineon.
-De acuerdo - contestó Diego, de manera decisiva.
El chico se quedó de pie, en una zona del parque por la que apneas pasaba gente. Ese día en especial no pasaba nadie por el lugar, adecuado para la ocasión.
-Concéntrate - dijo Gineon.
Diego vació su mente, y la dejó en blanco. Lo que pretendía era sentir esa esencia sagrada e intentar reunirla en su mano. Solo sentía la brisa que corría y que hacía mover la hojas de los árboles. No se apreciaba ningún otro sonido. Sintió la energía sagrada del viento, de los árboles, la hierba, un afluente del río Guadalquivir, del mismo cielo azul que se mostraba por encima suya. Le producía un estado de relajación que nunca había sentido. Intentó atrapar una parte de esa energía; no lo consiguió. Le faltaba práctica. Pero al menos ya sabía lo que sentía al dejarse llevar por la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
Esta paz que reinaba en el ambiente se vio alterada por un demonio que tenía ánimo de romper cosas. Después de echar dos árboles abajo, Diego apareció delante suya.
-¡Me has echado a perder la concentración! - exclamó Diego, a la vez que corría hacia el demonio - ¡RUPTURA DE TIERRA!
Finiquitó al demonio en pocos segundos. Diego respiró profundamente e intentó retomar esa profunda concentración en la que estaba metido. Consiguió tomar contacto otra vez con la energía sagrada. Pudo por fin concentrar una pequeña parte de esa energía en su mano, que brilló de tal manera que se comparaba con un rayo de luz solar. Intentó disparar esa energía pero se desvaneció. Diego lo intentó algunas veces más obteniendo el mismo resultado.
Cansado ya, después de unas tres horas fuera, decidió volver a su casa. Diego se encontraba motivado por el hecho de que puede haber sido el único humano que ha entrado en contacto con la esencia sagrada que reside en todas las cosas, pero un poco frustrado por no haber conseguido realizar ningún ataque con esa energía.
-Venga Diego. Confío en que lo conseguirás - le animó Gineon.
-Lo conseguiremos juntos ¿vale?
-Bien, pues vámonos.
Caminó unos 10 minutos y se detuvo en la puerta principal del parque; vio algo inimaginable: un águila imperial gigante surcaba los cielos. Sobre el ave iba una persona. De pronto se originó una poderosa corriente de aire.
-¿Quién será? - preguntó Diego.
No tengo idea - contestó Gineon, que se quedó pensativo - ¡Espera! ¡Creo que ya lo tengo!
-Cuenta
-Me dijeron que posiblemente podrá verlos cuando me enviaron a esta zona. Se trata de un miembro del clan de Los Halconeros.
-¿Los Halconeros?
-Sí. Son hombres-pájaro para que lo entiendas. Gente que vive en islotes aéreos, solo visibles para gente con poderes.
-Es decir, tu y yo podríamos verles.
-Exacto. Las personas normales no pueden verlos. Ese águila imperial gigante que hemos visto hace un momento es el protector de los islotes aéreos, su guardián. Se dice que en menos de un día puede recorrer el mundo entero.
Diego se imaginó todos los lugares a los que podría ir si pudiera tratar con ese gran pájaro. Japón, Egipto, Canadá y otros muchos lugares que no podía ni imaginar. Territorios amplios un no descubiertos por el hombre.
Después de terminar de pensar, Diego cruzó la calle y entró por la puerta de su bloque. Cuando llegó a casa, su madre le preguntó si no tenía frío, debido a la corriente de aire que se había originado.
- *Que el resto de mortales no pueda ver al águila, no quiere decir que no sientan su rastro. Esa corriente de aire la originó el águila a su paso* - explicó Gineon, desde el interior de Diego.
- *Vale. Descansemos un poco. Por la noche saldremos a revisar si hay algún demonio suelto por ahí*
Diego se puso delante del ordenador para buscar unos datos para un trabajo que tenía que hacer para la asignatura de Informática. Al poco tiempo los guardó en su correo y luego empezó a hablar con gente por Tuenti. Pedro le decía que le trajera un cuaderno para copiar unos apuntes y Javi le hablaba de cualquier tontería. Como de costumbre, tenía puesta su lista de reproducción en Ares. Si un día no la pone es como si le faltara algo.
Así pasaron dos horas hasta que eran las 21:00. Sus hermanos pequeños se fueron a dormir, su padre se puso a ver las noticias y su madre estaba dejando la comida lista para el día siguiente. Diego se podía quedar levantado hasta tarde debido a que al día siguiente, Lunes, entraba a 2º hora porque faltaba una profesora.
Después de hacer la comida, la madre de Diego fue a ver una película que daban por televisión. Diego necesitaba una excusa para salir a patrullar.
-¡Mamá! Me ha llamado Javi diciendo que si podemos salir a dar una vuelta.
-No tardes mucho ¿vale?
Diego se fue con cierta prisa. Nada mas salir de su bloque fue andando por las calles hasta llegar a
Ronda de Pío XII. No encontró nada nada raro. Ni un solo demonio a la vista. Pero eso no iba a durar mucho tiempo. Cuando se aproximaba a los bloques cercanos al suyo, vio una sombra moverse. Una no, dos. Diego siguió esas sombras hasta que decidieron materializarse.
-¡Quita chico! - dijo uno de los demonios.
-¿No piensas o qué? ¡Mejor nos lo comemos! ¡Jajajajaja! - contestó el otro.
Pero no les dio tiempo a pensar como iban a atacar. Una onda energética que cortaba el viento en forma de cruz bajó rápidamente desde arriba, cortando por la mitad a los dos demonios a la vez.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Gineon.
Diego miró hacia todas partes. Quería encontrar a quién se había cargado a los demonios. No vio a nadie. Pero lo que no se esperaba es que fuera un ataque aéreo. Diego entonces reparó en ese detalle y observó al cielo. La luz de la Luna reflejaba la sombra de una persona... con alas.
-¿Quién eres tú? - preguntó el desconocido.
-Soy Diego. Alguien que se dedica a luchar contra los demonios.
-Eso lo decidiré yo - la voz era una voz femenina - Caerás antes las alas de Ahriel, líder de Los Halconeros.
Ahriel descendió en picado enarbolando una magnífica espada. Diego consiguió frenar el golpe deteniéndolo con su propia espada. Los aceros chocaron, pero Ahriel tenía ventaja, debido a sus alas. Diego saltó e intentó alcanzarla para darle una estocada desde arriba, pero una corriente de aire muy fuerte le frenó.
Era el águila de antes.
-¿Magnífico, verdad? ¡Roc, ataca! ¡VIENTO REAL!
Una poderosa corriente de aire de aire pilló a Diego, haciéndolo volar por los aires. La caída fue bastante dolorosa.
-¿Ya está? Pensaba que ibas a defenderte mejor.
-No estoy acabado. ¡Vamos Gineon! ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas emergentes de la superficie terrestre volaron hacia su rival. Ahriel se protegió con sus alas, pero eso dejó que Diego se acercara peligrosamente.
-¡RUPTURA DE TIERRA! - gritaron Diego y Gineon a la vez.
El ataque no llegó a realizarse debido a otra intervención del Águila Imperial, que lo tumbó de nuevo.
-Esto no vale para nada. Roc, nos vamos.
Ahriel se elevó y se fue junto al águila. Diego se levantó después, dolorido.
-Nos han zurrado bien... - dijo Diego.
-Lo siento. He causado que tengas que luchar y me siento culpable - respondió Gineon, apenado.
-No digas eso. Seguiremos entrenando. Verás como al final logramos dominar la esencia sagrada que reside en todas las cosas.
-Pero...
-¡Pero no! ¡Si estamos juntos es porque también yo acepté que entraras en mi cuerpo. Seguiremos unidos contra los demonios.
-Gracias.
-Venga. ¿Nos vamos?
Diego regresó a su casa, consciente de que tenía que dominar esa energía. Quería conseguirlo... para poder igualarse a Ahriel.
domingo, 6 de marzo de 2011
CAPÍTULO 4: QUIÉN ME CAUTIVÓ (SEGUNDA PARTE)
A las 18:00 llegó a la para del autobús, donde lo esperaban sus amigos.
-¿¡Qué horas son estas de llegar!? - le recriminó Fran.
-Pues la hora a la que habíamos quedado ¿no?
-No. habíamos quedado a las 18:00 y son las 18:01 - añadió Pedro.
-Jajaja. Que gracioso...
Todos se echaron a reír.
El autobús llegó al cabo de 5 minutos. Eran un 12. Se montaron con dirección al centro. Se bajaron en Plaza Ponce de León. Tenían la intención de ir a la Fnac.
-¡Bueno! Hemos llegado. Vámonos y nos picamos a lo que tengan en la Wii - dijo Diego.
-Venga vamos - animó Pedro.
Legaron a la Fnac y estaba lleno de gente. Subieron al 2º planta donde estaban los videojuegos. Cada uno se fue por su lado: Pedro cogió una NDS y echó unas partidas al New Super Mario Bros; Adri fue la PS3 donde estaba el gran turismo; Diego y Fran cogieron la Wii y pusieron el modo de dos jugadores para darle al Sonic Colours. Estuvieron cerca de dos horas pasándolo en grande.
-¿Vámonos ya , no? - preguntó Adri.
¿Ya tienes hambre? - preguntó Diego.
Un poco... - admitió Adri.
-Venga, vale. Vámonos - dijo Fran.
Los cuatro se fueron. Dieron un paseo por las calles del centro. Se pararon además en la Casa del Libro a ver si pillaban algo interesante.
Después de 30 minutos, fueron al McDonnald´s que se encontraba en Plaza del Duque. Lo raro es que apenas había cola. Solo esperaron unos minutos hasta que pudieron pedir. Todos, excepto Adri, pidieron poca cosa: Pedro pidió una hambuerguesa y una Coca Cola. Fran pidió lo mismo. Diego pidió unos nuggets de pollo y un McFlurry. Ahora Adri: Menú Big Mac. Fueron a la tercera planta, la que se encontraba más arriba y empezaron a comer. Adri bajó al cabo de un rato a pedir un helado. Ya que le quedaba bastante comida, los demás le birlaron patatas y nuggets. A llegar no se dio cuenta de lo que habían hecho, y los tres se reían como unos enanos.
Pero Adri llegó con una expresión rara.
-¿Qué te pasa, Adri? - preguntó Pedro.
-Os parecerá raro. Pero mientras esperaba a que me dieran el helado, me dio por mirar por la ventana.
Vi una sombra moverse y una chica persiguiéndola. Habrá sido mi imaginación.
Lo demás se miraron y se quedaron pensando.
-Lo que pasa es que tanta comida te ha afectado, jajaja - mencionó Fran.
-No creo. Habrá sido mi imaginación.
Solo Diego reparó en ese detalle. ¿Una sombra moviéndose? ¿Una chica que la perseguía?
-Ahora vuelvo. Voy al servicio.
Mentira. No iba al servicio. Bajó rápidamente las escaleras las escaleras y fue al exterior del edificio. Vio a la chica correr a lo lejos y decidió seguirla.
-¿Será la misma chica de ayer? - preguntó Gineon.
-Eso es exactamente lo que vamos a comprobar.
Llegaron a la calle Sierpes siguiendo a la chica. Diego se quedó apartado y pensó que sería ,ejor ver que pasaba antes de entrar en acción.
La chica se detuvo delante de la sombra, sin hacer movimiento alguno. De la sombra se materializó un demonio. Su aspecto era como el de humano, pero de color rojo y con cuernos.
-¡Hasta aquí has llegado, humana! ¡No podrás contra mi!
Sin decir palabra, la chica se movió rápidamente y se lanzó contra el demonio, asestándole un golpe con su arma, que era una vara.
-¡Maldita! ¡No conseguirás vencerme!
-¡PATADA TORNADO! - gritó ella. Su poderosa patada que corta el viento impactó en el brazo del demonio, arrancándoselo de cuajo.
La sangre que emanaba del brazo derecho del demonio paró al cabo de unos segundos. Lo peor es que pudo regenerar su brazo.
-¿¡Haz visto eso, niña!? ¡¡No puedes hacer nada!!
El demonio se lanzó contra la chica pero ella le dejó paralizado con una descarga eléctrica. Cuando se disponía a usar su Patada Tornado otra vez, apareció alguien más.
Una sombra se posicionó por detrás de la chica y la agarró. Era otro demonio, al parecer, compañero del anterior. Dos contra una. Diego no podía seguir viendo esto.
-¡Dos contra una no vale! - gritó Diego.
-¿Qué haces tú aquí?
-Ayudando ¿no?
Los dos demonios cargaron contra ellos. La chica se apartó y Diego pegó un salto superando al demonio que tenía por delante en altura. Los demonios no se lo podían creer. Dos humanos los estaban superando. Rugieron con fuerza y se abalanzaron sobre la chica.
-¡Diego! - avisó Gineon.
-Si ¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Con las rocas que emergieron del suelo logró apartar a las bestias.
-Gracias... - dijo la chica.
-¿Perdona? ¿Me lo estás agradeciendo? - se extrañó Diego.
No hubo respuesta ya que las dos criaturas saltaron sobre ellos. La chica los logró repeler con una descarga eléctrica.
-¡Malditos humanos! - rugió
-¡Os arrancaremos vuestras entrañas! - gruñó el otro.
Los demonios se liberaron de la electricidad que les paralizaba y volvieron a cargar.
-¡Acabemos con esto de una vez! ¿Listo Gineon?
-Juntos ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritaron los dos a la vez. La mano de Diego se iluminó y cargó corriendo contra uno de los demonios. El demonio voló unos metros hacia atrás a la vez que se abría una grieta en el suelo.
-¡PATADA TORNADO! - gritó la chica. La patada creó un tornado, que a la vez cortó el viento creando un tornado, que a la vez impactó en la cabeza al otro demonio.
Diego corrió para asestarles un golpe a los demonios con la espada. pero vio a la chica corriendo a gran velocidad, también para patear otra vez a los demonios.
-Acabemos rápido - sugirió Gineon - Tus amigos te esperan.
-Es cierto. Los he dejado en el McDonnald´s. Al menos ahí están seguros.
Los demonios se recuperaron y quisieron volver a cargar.
-¡Tú! - habló Diego, dirigiéndose a la chica - Utilízame como base para impulsarte.
Diego dio un salto y dejó que la chica saltara sobre su pecho, con lo que cogió una gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Impactó contra los demonios a la vez que los electrones que habían en el ambiente formaran una corriente eléctrica. Era como una bola de energía eléctrica que caía desde las alturas. Los demonios salieron volando. Diego aprovechó para rematarlos con la espada. Los demonios se desintegraron en medio del espectáculo luminoso que se había originado.
-Gracias por haberme ayudado - dijo ella.
-De nada. ¿Tú nombre?
-Sakura ¿y tú?
-Diego.
-Nos vemos en otra ocasión - dijo Sakura mientras se fue corriendo a gran velocidad.
-Espera... - A Diego no le dio tiempo de reaccionar y se quedó con una expresión pensativa.
-¡Diego! ¡Diego! ¡Holaaaa! - dijo Gineon.
Diego se fue con una sonrisa en la cara, en dirección al McDonnald´s donde le esperaban sus amigos. Al llegar, seguían hablando como si nada.
-¡Hombre! ¡Ya era hora! - dijo Fran.
-Había cola - contestó Diego.
-Vámonos ya - dijo Adri.
Los 4 cogieron el autobús para irse a sus casas.
Y Diego descubrió que había alguien mas como él. Deseaba volver a verla en otra ocasión.
-¿¡Qué horas son estas de llegar!? - le recriminó Fran.
-Pues la hora a la que habíamos quedado ¿no?
-No. habíamos quedado a las 18:00 y son las 18:01 - añadió Pedro.
-Jajaja. Que gracioso...
Todos se echaron a reír.
El autobús llegó al cabo de 5 minutos. Eran un 12. Se montaron con dirección al centro. Se bajaron en Plaza Ponce de León. Tenían la intención de ir a la Fnac.
-¡Bueno! Hemos llegado. Vámonos y nos picamos a lo que tengan en la Wii - dijo Diego.
-Venga vamos - animó Pedro.
Legaron a la Fnac y estaba lleno de gente. Subieron al 2º planta donde estaban los videojuegos. Cada uno se fue por su lado: Pedro cogió una NDS y echó unas partidas al New Super Mario Bros; Adri fue la PS3 donde estaba el gran turismo; Diego y Fran cogieron la Wii y pusieron el modo de dos jugadores para darle al Sonic Colours. Estuvieron cerca de dos horas pasándolo en grande.
-¿Vámonos ya , no? - preguntó Adri.
¿Ya tienes hambre? - preguntó Diego.
Un poco... - admitió Adri.
-Venga, vale. Vámonos - dijo Fran.
Los cuatro se fueron. Dieron un paseo por las calles del centro. Se pararon además en la Casa del Libro a ver si pillaban algo interesante.
Después de 30 minutos, fueron al McDonnald´s que se encontraba en Plaza del Duque. Lo raro es que apenas había cola. Solo esperaron unos minutos hasta que pudieron pedir. Todos, excepto Adri, pidieron poca cosa: Pedro pidió una hambuerguesa y una Coca Cola. Fran pidió lo mismo. Diego pidió unos nuggets de pollo y un McFlurry. Ahora Adri: Menú Big Mac. Fueron a la tercera planta, la que se encontraba más arriba y empezaron a comer. Adri bajó al cabo de un rato a pedir un helado. Ya que le quedaba bastante comida, los demás le birlaron patatas y nuggets. A llegar no se dio cuenta de lo que habían hecho, y los tres se reían como unos enanos.
Pero Adri llegó con una expresión rara.
-¿Qué te pasa, Adri? - preguntó Pedro.
-Os parecerá raro. Pero mientras esperaba a que me dieran el helado, me dio por mirar por la ventana.
Vi una sombra moverse y una chica persiguiéndola. Habrá sido mi imaginación.
Lo demás se miraron y se quedaron pensando.
-Lo que pasa es que tanta comida te ha afectado, jajaja - mencionó Fran.
-No creo. Habrá sido mi imaginación.
Solo Diego reparó en ese detalle. ¿Una sombra moviéndose? ¿Una chica que la perseguía?
-Ahora vuelvo. Voy al servicio.
Mentira. No iba al servicio. Bajó rápidamente las escaleras las escaleras y fue al exterior del edificio. Vio a la chica correr a lo lejos y decidió seguirla.
-¿Será la misma chica de ayer? - preguntó Gineon.
-Eso es exactamente lo que vamos a comprobar.
Llegaron a la calle Sierpes siguiendo a la chica. Diego se quedó apartado y pensó que sería ,ejor ver que pasaba antes de entrar en acción.
La chica se detuvo delante de la sombra, sin hacer movimiento alguno. De la sombra se materializó un demonio. Su aspecto era como el de humano, pero de color rojo y con cuernos.
-¡Hasta aquí has llegado, humana! ¡No podrás contra mi!
Sin decir palabra, la chica se movió rápidamente y se lanzó contra el demonio, asestándole un golpe con su arma, que era una vara.
-¡Maldita! ¡No conseguirás vencerme!
-¡PATADA TORNADO! - gritó ella. Su poderosa patada que corta el viento impactó en el brazo del demonio, arrancándoselo de cuajo.
La sangre que emanaba del brazo derecho del demonio paró al cabo de unos segundos. Lo peor es que pudo regenerar su brazo.
-¿¡Haz visto eso, niña!? ¡¡No puedes hacer nada!!
El demonio se lanzó contra la chica pero ella le dejó paralizado con una descarga eléctrica. Cuando se disponía a usar su Patada Tornado otra vez, apareció alguien más.
Una sombra se posicionó por detrás de la chica y la agarró. Era otro demonio, al parecer, compañero del anterior. Dos contra una. Diego no podía seguir viendo esto.
-¡Dos contra una no vale! - gritó Diego.
-¿Qué haces tú aquí?
-Ayudando ¿no?
Los dos demonios cargaron contra ellos. La chica se apartó y Diego pegó un salto superando al demonio que tenía por delante en altura. Los demonios no se lo podían creer. Dos humanos los estaban superando. Rugieron con fuerza y se abalanzaron sobre la chica.
-¡Diego! - avisó Gineon.
-Si ¡ROMPE ROCAS! - gritó Diego. Con las rocas que emergieron del suelo logró apartar a las bestias.
-Gracias... - dijo la chica.
-¿Perdona? ¿Me lo estás agradeciendo? - se extrañó Diego.
No hubo respuesta ya que las dos criaturas saltaron sobre ellos. La chica los logró repeler con una descarga eléctrica.
-¡Malditos humanos! - rugió
-¡Os arrancaremos vuestras entrañas! - gruñó el otro.
Los demonios se liberaron de la electricidad que les paralizaba y volvieron a cargar.
-¡Acabemos con esto de una vez! ¿Listo Gineon?
-Juntos ¡RUPTURA DE TIERRA! - gritaron los dos a la vez. La mano de Diego se iluminó y cargó corriendo contra uno de los demonios. El demonio voló unos metros hacia atrás a la vez que se abría una grieta en el suelo.
-¡PATADA TORNADO! - gritó la chica. La patada creó un tornado, que a la vez cortó el viento creando un tornado, que a la vez impactó en la cabeza al otro demonio.
Diego corrió para asestarles un golpe a los demonios con la espada. pero vio a la chica corriendo a gran velocidad, también para patear otra vez a los demonios.
-Acabemos rápido - sugirió Gineon - Tus amigos te esperan.
-Es cierto. Los he dejado en el McDonnald´s. Al menos ahí están seguros.
Los demonios se recuperaron y quisieron volver a cargar.
-¡Tú! - habló Diego, dirigiéndose a la chica - Utilízame como base para impulsarte.
Diego dio un salto y dejó que la chica saltara sobre su pecho, con lo que cogió una gran altura.
-¡CAÍDA RELÁMPAGO! - gritó la chica. Impactó contra los demonios a la vez que los electrones que habían en el ambiente formaran una corriente eléctrica. Era como una bola de energía eléctrica que caía desde las alturas. Los demonios salieron volando. Diego aprovechó para rematarlos con la espada. Los demonios se desintegraron en medio del espectáculo luminoso que se había originado.
-Gracias por haberme ayudado - dijo ella.
-De nada. ¿Tú nombre?
-Sakura ¿y tú?
-Diego.
-Nos vemos en otra ocasión - dijo Sakura mientras se fue corriendo a gran velocidad.
-Espera... - A Diego no le dio tiempo de reaccionar y se quedó con una expresión pensativa.
-¡Diego! ¡Diego! ¡Holaaaa! - dijo Gineon.
Diego se fue con una sonrisa en la cara, en dirección al McDonnald´s donde le esperaban sus amigos. Al llegar, seguían hablando como si nada.
-¡Hombre! ¡Ya era hora! - dijo Fran.
-Había cola - contestó Diego.
-Vámonos ya - dijo Adri.
Los 4 cogieron el autobús para irse a sus casas.
Y Diego descubrió que había alguien mas como él. Deseaba volver a verla en otra ocasión.
sábado, 5 de marzo de 2011
CAPÍTULO 4: QUIÉN ME CAUTIVÓ (PRIMERA PARTE)
Ese mismo día, Viernes por la noche, Diego se sentó frente al ordenador para escuchar música, a la vez que hablaba con gente por Tuenti.
Todavía le daba vueltas a ese asunto: ahora alberga en su interior la esencia de otro ser además de de la suya propia: el alma de un ángel. Recién se estaba dando cuenta del importante giro que ha dado su vida. Su deber ahora es luchar contra los demonios que se encuentre, junto con Gineon, a la vez que lleva una vida normal. No será facil,pero a Diego le motiva ser el responsable de la vida de la gente con la que trata diariamente. Según Gineon, cuando vino por primera vez hace tres días,donde ha detectado una mayor cantidad de demonios ha sido aquí,en la zona Norte de Sevilla.
Como estaba algo intranquilo,fue a dar un paseo por su barrio en plena noche; de paso vigilaba que no hubiera demonios por la zona.
No sentía frío en absoluto. Simplemente nervios ya que era la primera vez que salía a patrullar. Fue recorriendo las calles y no vio nada extraño.
-¿Nada por aquí? Es hasta raro... - comentó Gineon,
-Que se le va a hacer. Mañana probaremos, a ver si hay más suerte - dijo Diego
De repente se levantó una ráfaga impresionante de viento. Luego se vieron unas sombras, moviéndose entre los árboles que estaban en la acera.
-¡Vamos! - exclamó Gineon.
-De acuerdo. A ver que es lo que sucede.
Se acercaron al lugar donde se movían las sombras. Como se imaginaban, era un demonio. Pero había alguien más: una chica. Estaba delante del demonio. No había ni pizca de miedo en su mirada.
-¿Quién es ella, Gineon? ¿La conoces?
-No me suena de nada. Es la primera vez que la veo.
La chica se giró hacia Diego. Le observó con cierta desconfianza. El demonio aprovechó para avanzar a toda velocidad.
-¡Cuidado! ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que se originaron al salir del suelo se dirigieron hacia la bestia, golpeándole en diferentes partes del cuerpo.
La chica, sin decir nada, lanzó una ráfaga de aire contra Diego, empujándolo hacia atrás.
-¿Pero qué te pasa? ¡Te he salvado!
Pero ella seguía callada.
El demonio volvió a cargar, pero ella lo frenó en seco con una descarga eléctrica. Solo se limitó a decir:
-¡PATADA TORNADO!
Se lanzó con una patada a la vez que cortaba el aire en la trayectoria de la misma, creando un tornado que golpeó a su enemigo junto con el impacto de la propia patada. Un golpe directo. Le abrió una herida en el pecho y empezó a sangrar. El demonio se desvaneció a la vez que rugía de dolor.
Diego estaba mirando con una expresión atónita. No se creía lo que había visto. ¡Era la chica que corría cuando se encontró con Gineon por primera vez en el parque!
-¿Quién eres?
-Presiento que nos volveremos a ver... - dijo ella.
Sin darle a Diego la oportunidad de decir algo, salió corriendo a gran velocidad.
-¿Quién podría ser? - se preguntaba Gineon.
Diego se quedó pensando.
-¡Ey! ¡Diego! ¡La Tierra a Diego!
-¿Eh? ¡Ah, bueno! ¿Nos vamos?
Se fueron a casa. Cogió algunas canciones del Ares y las escuchó hasta que le entró sueño y se durmió.
Se levantó al día siguiente bastante tarde. Era Sábado así que tampoco le importaba mucho la hora.Eran las 12:30, se duchó, se vistió y se fue a comer cereales.
Adri lo llamó al móvil. Le preguntó la hora a la que iban a quedar. También iban a venir Fran y Pedro. A las 6 de la tarde habían quedado en la parada del autobús.
-Y tráete bonobús y dinero ¿vale?
-¡Que siiiiiii! Hasta la tarde, persona.
Se puso a recoger su habitación. Su madre no le iba a dejar salir con el cuarto hecho un desastre. Tardó cerca de una hora en ordenarlo todo. Luego cogió el ordenador y puso las canciones que tenía en la lista de reproducción del Ares. Se conectó al Tuenti pero no encontró a nadie interesante para hablar. Se quitó y se puso a ver Bleach.
Sus padres lo llamaron para comer; comió y volvió a su habitación. Gineon apareció delante suya y le habló.
-¿Esta es tu rutina los fines de semana?
-Mas o menos. Tampoco soy el que más sale de marcha, pero que le vamos hacer.
-¿Te apetece salir a ver si pillamos a algún demonio?
-Venga, vale. Ya que no volveremos hasta la noche, así revisamos por si acaso, no vaya a pasar algo raro mientras estemos fuera.
Salieron por los alrededores y no había nada de nada.
-A ver si... - dijo Gineon.
-... la chica de anoche destrozó a los demonios - concluyó Diego.
-De todas maneras seguirán apareciendo. No debemos bajar la guardia.
-A ver. Son las 4 de la tarde. Voy a casa a ver Inuyasha hasta las 17:45 y luego nos vamos.
-Bien. De todos modos tengamos cuidado.
-Si ya me estoy viendo venir que aparecerá un demonio en el centro. Y además tenemos que proteger a mis amigos. Estupendo.
-No te agobies.
No me agobio, Gineon. Pero ¿y si fallo qué pasará? Tengo miedo de fallar a mis amigos.
-Confía en ti.
-A lo mejor no ocurre nada.
Bueno. Pues nada.
Diego fue a su casa, se puso a ver Inuyasha hasta las 17:45 y se levantó para irse con sus amigos
CONTINUARÁ...
Todavía le daba vueltas a ese asunto: ahora alberga en su interior la esencia de otro ser además de de la suya propia: el alma de un ángel. Recién se estaba dando cuenta del importante giro que ha dado su vida. Su deber ahora es luchar contra los demonios que se encuentre, junto con Gineon, a la vez que lleva una vida normal. No será facil,pero a Diego le motiva ser el responsable de la vida de la gente con la que trata diariamente. Según Gineon, cuando vino por primera vez hace tres días,donde ha detectado una mayor cantidad de demonios ha sido aquí,en la zona Norte de Sevilla.
Como estaba algo intranquilo,fue a dar un paseo por su barrio en plena noche; de paso vigilaba que no hubiera demonios por la zona.
No sentía frío en absoluto. Simplemente nervios ya que era la primera vez que salía a patrullar. Fue recorriendo las calles y no vio nada extraño.
-¿Nada por aquí? Es hasta raro... - comentó Gineon,
-Que se le va a hacer. Mañana probaremos, a ver si hay más suerte - dijo Diego
De repente se levantó una ráfaga impresionante de viento. Luego se vieron unas sombras, moviéndose entre los árboles que estaban en la acera.
-¡Vamos! - exclamó Gineon.
-De acuerdo. A ver que es lo que sucede.
Se acercaron al lugar donde se movían las sombras. Como se imaginaban, era un demonio. Pero había alguien más: una chica. Estaba delante del demonio. No había ni pizca de miedo en su mirada.
-¿Quién es ella, Gineon? ¿La conoces?
-No me suena de nada. Es la primera vez que la veo.
La chica se giró hacia Diego. Le observó con cierta desconfianza. El demonio aprovechó para avanzar a toda velocidad.
-¡Cuidado! ¡ROMPE ROCAS!
Las rocas que se originaron al salir del suelo se dirigieron hacia la bestia, golpeándole en diferentes partes del cuerpo.
La chica, sin decir nada, lanzó una ráfaga de aire contra Diego, empujándolo hacia atrás.
-¿Pero qué te pasa? ¡Te he salvado!
Pero ella seguía callada.
El demonio volvió a cargar, pero ella lo frenó en seco con una descarga eléctrica. Solo se limitó a decir:
-¡PATADA TORNADO!
Se lanzó con una patada a la vez que cortaba el aire en la trayectoria de la misma, creando un tornado que golpeó a su enemigo junto con el impacto de la propia patada. Un golpe directo. Le abrió una herida en el pecho y empezó a sangrar. El demonio se desvaneció a la vez que rugía de dolor.
Diego estaba mirando con una expresión atónita. No se creía lo que había visto. ¡Era la chica que corría cuando se encontró con Gineon por primera vez en el parque!
-¿Quién eres?
-Presiento que nos volveremos a ver... - dijo ella.
Sin darle a Diego la oportunidad de decir algo, salió corriendo a gran velocidad.
-¿Quién podría ser? - se preguntaba Gineon.
Diego se quedó pensando.
-¡Ey! ¡Diego! ¡La Tierra a Diego!
-¿Eh? ¡Ah, bueno! ¿Nos vamos?
Se fueron a casa. Cogió algunas canciones del Ares y las escuchó hasta que le entró sueño y se durmió.
Se levantó al día siguiente bastante tarde. Era Sábado así que tampoco le importaba mucho la hora.Eran las 12:30, se duchó, se vistió y se fue a comer cereales.
Adri lo llamó al móvil. Le preguntó la hora a la que iban a quedar. También iban a venir Fran y Pedro. A las 6 de la tarde habían quedado en la parada del autobús.
-Y tráete bonobús y dinero ¿vale?
-¡Que siiiiiii! Hasta la tarde, persona.
Se puso a recoger su habitación. Su madre no le iba a dejar salir con el cuarto hecho un desastre. Tardó cerca de una hora en ordenarlo todo. Luego cogió el ordenador y puso las canciones que tenía en la lista de reproducción del Ares. Se conectó al Tuenti pero no encontró a nadie interesante para hablar. Se quitó y se puso a ver Bleach.
Sus padres lo llamaron para comer; comió y volvió a su habitación. Gineon apareció delante suya y le habló.
-¿Esta es tu rutina los fines de semana?
-Mas o menos. Tampoco soy el que más sale de marcha, pero que le vamos hacer.
-¿Te apetece salir a ver si pillamos a algún demonio?
-Venga, vale. Ya que no volveremos hasta la noche, así revisamos por si acaso, no vaya a pasar algo raro mientras estemos fuera.
Salieron por los alrededores y no había nada de nada.
-A ver si... - dijo Gineon.
-... la chica de anoche destrozó a los demonios - concluyó Diego.
-De todas maneras seguirán apareciendo. No debemos bajar la guardia.
-A ver. Son las 4 de la tarde. Voy a casa a ver Inuyasha hasta las 17:45 y luego nos vamos.
-Bien. De todos modos tengamos cuidado.
-Si ya me estoy viendo venir que aparecerá un demonio en el centro. Y además tenemos que proteger a mis amigos. Estupendo.
-No te agobies.
No me agobio, Gineon. Pero ¿y si fallo qué pasará? Tengo miedo de fallar a mis amigos.
-Confía en ti.
-A lo mejor no ocurre nada.
Bueno. Pues nada.
Diego fue a su casa, se puso a ver Inuyasha hasta las 17:45 y se levantó para irse con sus amigos
CONTINUARÁ...
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